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P o r Federico García Sanchíz. men al ridículo, a su ridículo no ya alarde, sino descubrimiento de las debilidades y los entusiasmos sentimentales. E n una palabra, no confiesan sus emociones. Saltando de to personal a lo colectivo, obsérvese que en España no se acostumbra ondear banderas en balcones y ventanas. A h o r a vamos afic i o n á n d o n o s a ello. E n otros, en todos tos demás países, no hay tachada sin su mástil, y en ocasiones con un verdadero bosque de antenas, incluso en ciudades ya al margen de la actualidad, como Brujas, la que llaman la Muerta, y que yo digo Sor Brujas, porque 10 que h i z o refugiándose a l arruinarse en el tradicional m i s t i c i s m o flamenco. fué convertirse en be guiña, a uso de las del celebérrimo beaterío. E n Brujas, de tal mocio abundan los palos sobre las puertas de las casitas m e d i e v a l e s que las calles parecen mesnadas de feudales lanceros. Y si nos sentimos humoristas p o d e m o s creer, dado que en Bélgica se construyen v a g o n e s de tranvías eléctricos, y los convoyes cruzan sin d e s c a n s o las urbes, que la de Ios extintos canales, bajo el carillón, constituye el paraíso de los troleys ya retirados del servicio. N osotros confiamos a las mujeres la manifestación de los alborozos nacionales, de ahí que se haga con damascos, mantones de M a n i l a colchas y cobertores. ¿Será que, a través de la H i s t o r i a los hidalgos siempre anduvieron dispersos por el mundo, y no quedaban aquí, para celebrar sus hazañas, sino las hembras? L o cierto es que no se encuentran varoniles trofeos en el exterior de las viviendas, embellecido y a m e n i z a d o sólo por las palmas del Domingo de R a mos y tiestos de Mores en un desorden de acuarela de últimos del siglo pasado, es decir, no con el método municipal de las j a r d i n e r a s v e r b i g r a c i a de Berlín. Y a he dicho que de algún tiempo a esta parte vamos cambiando, y recuérdese si no lo ocurrido con mot i v o del hallazgo del comandante F r a n c o y sus compañeros. Y en otras ocasiones, alguna de las cuales fué al par histórica e histérica. E n estos días navideños se multiplican también los síntomas de a muda. Nuestra recia tradición consistía en no apartarnos del iberismo de los tenduchos de la plaza M a y o r Zambombas a los niños. Más que volver a serlo, nosotros en l a oportunidad del natalicio de Jesús, l o que se bacía era conceder a los chicos una excepcional licencia para que durante unos días acosasen con ruidos a los mayores, vengándose de la esclavitud del resto del año. Y en las moradas linajudas, el clásico nacimiento intimidaba un poco a los muchachos, siendo más bien un R i b e r a que u n juguete. Sí, los idilios de corcho y arroyos de cristal tenían una seriedad digna de las pinturas del Españólelo. P o r fin; he aquí, por hn, importada la costumbre de los arbolillos de N o e l con sus pinas, sus esferas luminosas, sus muñecos, stis velas encendidas. T o d o es de una inocencia extrema, y por lo mismo, exclusivamente emocional, lírico, tierno, A l amparo de ésos abetos domésticos es como muchos padres han descubierto la alegría de la paternidad. ESTE ZADO ES U N NOEL FRANCÉS, PARISIENSE, ESTILIY E N LAS ORQUÍE L B Q U D O I R D E U N A AMIGA (FOTOS MARIJÍ) E N ESE CIERVO FRÁGIL DEAS. NOEL PARA PREDILECTA MEJOR Q U E PARA E L C U A R T O D E LOS NIÑOS.
 // Cambio Nodo4-Sevilla