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MUJERES ¿En qué pensaría esta desconocida muchacha anamita que, sin saber donde iría a parar su imagen, se dejó retratar, sonriendo, bajo un árbol en flor? ¿Cuál será el nombre poético con que la imaginación oriental de sus progenitores la- habrá bautizado en esa lengua monosilábica, derivada de la chinesca, que se habla en todo el país de Anam? ¿Sie Tao- Beso deliciosof ji ong Lo- Seda brillante? jKmicn Ya- Plvma temblorosa? E n vano los civilizados que avergonzaban a Oaude Farrere ocupan y dominan la tierra fértil que va desde Hanoi a Saigon. Se alzan en las ciudades coloniales blancos palacetes, casinos y clubs, donde los occidentales se intoxican con el DE ANAM alcohol antes de hacerlo con los venenos de Oriente. En las terrazas de los cafés, remedos de las de París, o. más bien de las de Argel, los funcionarios y los aventureras rememoran, exagerándolos, sus recuerdos mundanos de la metrópoli. Y en las tardes tropicales madame Durand vuelve a ensayar sus experiencias adulterinas, mientras monsieur ejerce menesteres burocráticos en la residencia. Una vida ficticia, de tipo europeo en traje de alpaca y salacot, se asienta sobre la raza antigua. Ingenieros que trabajan en las nuevas líneas férreas o- dirigen las minas de carbón. Marinos de transatlánticos o de viejos cruceros estacionados en el golfo de Tonkín. y entre cuyos oficiales acaso alguno cambiaría todas las glorias navales- por la literaria de Loti. Usureros con negocios de banca. Hasta periodistas, que renuevan sus tentativas de chantage en los diarios locales y quisieran despertar en los indígenas la conciencia de los derechos del hombre. Y esas tropas de comediantes o cantantes de opereta que a lo mejor se dispersan y se quedan sin fondos para el regreso, porque la primera dama encontró su alma hermana en un administrador colonial o en un rico mercader. Por debajo de la artificiosa vida extranjera que un día aportaron las olas del mar y que tal vez el mar se lleve algún dia. prosiguen sus trabajos y sus sueños m llones de almas misteriosas, como las de esas muchachitas que desde el fondo de las fotografías parecen contemplarnos entre risueñas e irónicas. Misteriosas, aunque no pusieran dificultad al fotógrafo que las sorprendió en la entrada de su casita de Une. L a túnica blanca o azul, el pantalón aue las llega al tobillo, las babuchas de harén, revelan asta qué punto son indiferentes al influjo de París. E l bulevar está muy lejos, y sobre sus almas todavía gravitan las tradiciones milenarias, el espíritu de Jas selvas sagradas y de las llanuras pantanosas donde crece el arroz. U n dia cada una de ellas se- casará con el dueño de un campo palúdico o de un junco de pescadores Sí. MUCHACH 1 TA I E ANAM, CON TRAJE D E VERANO M 17 E R ES ANAMITAS VISTIENDO EL TRAJE- NACIONAL LOS SINOS APRENDEN EN LOS LIBROS SAGRADÍJS LAS FORMULAS CEREMONIOSAS E L GESTO CON Q U E POR DECENCIA. DEBE FINGIRSE UN CONST A N T E BUEN HUMOR