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LA MARIPOSA D E LA ENCINA DE BOMBYX LA HEMBRA QUERCUs HACIA ACUDE AL LLAMAMIENTO TARDE ELECTROMAGNÉTICO LAS TRES DE LA Primores del mundo físico. L a segunda edición del libro de L a k h o v s ky, L origine de la vie, recientemente traducida y publicada en lengua española, da otra vez ambienle de actualidad a la teoría del instinto. L a Biología es ciencia que atrae con v i gor extraordinario; tiene u n a incomparable fuerza de seducción. L a Biología y l a Física son magos singulares decididos a desviar la dirección contemporánea de los conocimientos y a marcar a la ciencia r u m bos nuevos y emocionantes. D o s cosas humanamente incomprensibles, entre otras muchas, han excitado en todo tiempo la admiración y la curiosidad del hombre observador de las cosas naturales: el instinto en los brutos, como fenómeno general de orientación, y l a sorprendente agudeza de l a vista en las aves, como caso concreto de penetración sensible. L a ceguera y necesidad del instinto fué siempre para nosotros una marca, sin superación posible, de sabiduría de la N a t u r a l e z a el i n secto macho que busca a su amada y j a más yerra el camino, aun hallándose la f u tura novia en lugares ocultos y a muchos küómetros de distancia, obedece a esa fuerza tiránica que le lleva inexorablemente a cumplir su destino, a vibrar en la gama erótica del universo, a ofrecer su nota de amor en el ritmo cósmico de la vida. T a l es la creencia de los hombres. Y el ave rapaz que cae sobre su presa desde alturas increíbles, y l a voracísima que acude a la carroña desde lejanas tierras, tienen un guia inconfundible en la firmeza y penetración de su vista. También esta creencia es común del linaje humano. Pero un día se le ocurre a un modesto español, amigo nuestro, que la D i v i n a P r o videncia es demasiado sabía para abandonar a la ceguera del instinto la mayor parte de sus criaturas, y considera inexplicable, efectivamente, el fenómeno de que. un insecto halle a su compañera con tal f a c i l i- L A S E N D A INVISIBLE sus vuelos sin rumbo, salían del campo electromagnético creado por la antena de l a estación, o cuando esta última dejaba de f u n cionar. L a lógica nos lleva como de l a manó a establecer una disyuntiva; o el campo electromagnético trastorna de modo tan profundo el instinto de las aves que anula totalmente su manifestación externa, o la orientación de dichos animales se debe a radiaciones desconocidas, cuya propagación se interrumpe por l a honda perturbación electromagnética. P e r o se nos ocurre añadir que el instipto, como- cualquiera de los apetitos o i n clinaciones animales, no puede concebirse en l a condición de esclavo de un fenómeno físico; tanto valdría suponer que l a inclinación amorosa o las necesidades orgánicas dependen del flujo exterior de una corriente eléctrica o de la dispersión de u n haz de luz blanca en el corazón del prisma. Así, examinemos l a segunda parte de la disyuntiva. E n el grupo de los vertebrados incluyen los naturalistas los peces, batracios, reptiles, aves y mamíferos. L o s órganos del oído en estos aramales tienen unos menudísimos conductos de figura semicircular, que han servido a los fisiólogos en varias ocasiones ara hacer experimentos muy interesantes, -os mentados conductos, en número de tres, son parte del laberinto del oído, de estructura más o menos perfecta, según el grado de organización o de adaptación a n i m a l están dispuestos perpendicularmente entre sí. y Henos de u n líquido (endolinfá) que, no sólo responde a l a onda aérea, en las v i braciones sonoras, sino que ofrece un sistema receptor de radiaciones exteriores electromagnéticas. L o s experimentos a que hemos aludido en líneas anteriores prueban que existen animales, como el ratoncillo denominado bailarín, que no tienen otros conductos, o canalillos sino l o s verticales superiores, y según dad a distancias considerables. O el encuentro es pura casualidad, y entonces l a multiplicación de los seres está sometida al acaso, contra l o que nos enseña la observación de las funciones generales de la vida y de las particularmente reproductoras de una infinidad de organismos, o es necesario que exista una causa natural, -sencilla como todas las causas naturales, que empareje esos animalillos alados de l a manera que junta otros de estirpe superior en la serie de los irracionales. Nuestro amigo, fundándose en que las radiaciones son una propiedad general de los cuerpos de que no pueden quedar excluidos los seres organizados, explicaba en la intimidad hace unos lustros, y, posteriormente, en conferencias y artículos (desde que tuvo noticia d. él caso singularísimo de P a terna) que las ideas sobre las radiaciones animales no tardarían en substituir a la teoría de las inclinaciones instintivas, y que las radiaciones humanas son origen inequívoco de l o que llamamos simpatía, telepatía, alucinaciones y fantasmas. Respecto de l a teoría del instinto, el caso de Paterna y el libro de L a k h o v s k y han venido a confirmar l a creencia y las hipótesis de nuestro amigo. E l caso de Paterna es, sencillamente, revelador de un mundo nuevo. E n circunstancias normales, las palomas mensajeras vuelven a su palomar, con l a rectitud de l a flecha que va a l blanco, después de orientarse describiendo varios círculos en vuelo firme. P e r o las palomas de Paterna, aun los ejemplares más aptos, no se pueden orientar cuando funciona l a estación radiotélegráfica allí establecida. N o tengo conocimiento de que nadie, si se exceptúa el Sr. Casamayor, haya descrito este curioso fenómeno; sólo- sé, por L a k h o v s k y que algunos alemanes, a l tener noticia del caso, han hecho varias experiencias en su país, cérea de Kreuznach, con idéntico resultado; las p a lomas no se podían orientar sino cuando, en