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LABERINTO D E L OÍDO E N EL H O M B R E! I VISTO POR SU CARA E X T E R N A 2, VISTO POR SU CARA INTERNA. 3, CONDUCTOS SEMICIRCULARES Cyon, no pueden moverse en dirección vertical ni de frente, en línea recta; diríase que su capacidad de movimiento se limita a una sola dirección (lateral, en ambos sentidos, con relación al eje de sü. cuerpo) Una lamprea, que posee nada más que dos conductos semicirculares dobles, se mueve únicamente en dos direcciones del espacio (Lakhovsky) Y la destrucción del laberinto, en batracios anuros (batracios sin cola en la edad adulta, como las ranas) produce tales trastornos de orientación motriz, que dichos anfibios se ven privados de la facultad de moverse en línea recta, lo misnjo en la natación que en el salto. Advertimos aquí trastornos motores y errores de orientación originados por la falta natural de algunos de los conductos semicirculares, o por el daño o destrucción experimental de ellos. Eos mamíferos, si excluimos el manatí; los cetáceos (ballena, delfín, cachalote) y los quirópteros (murciélago, vampiro) disponen únicamente de dos direcciones del espacio en sus movimientos; y, al parecer, esta limitación se halla compensada con ecaracol (oído interno) órgano complemeiitario de los conductos semicirculares en la recepción de las radiaciones. Los dibujos esquemáticos de los conductos, que reproducimos aquí, muestran en su extremo inferior el caracol rudimentario (lagena) en los batracios y oeces; algo más desarrollado en los reptiles, y dibujando ya una espira en las aves. E n el del hombre se ve el caracol completo en la figura i Laberinto del oído. Los conductos semicirculares constituyen un aparato radiogoniométrico de sensibilidad prodigiosa. Allí va a producir sus vibraciones la radiación electromagnética de una determinada longitud de onaa. Ahora, la percepción de estas ondas exige una capacidad adecuada en el sistema radiogoniométrico vivo, y tal capacidad la adquieren los peces y las aves por electrización, en virtud del rozamiento de su cuerpo con el agua y con el aire. De este modo las aves, por ejemplo, consiguen la tensión eléctrica precisa para orientarse respecto de la situación exacta del nido o en el descubrimiento de la caza. Las aves emigrantes, cuando tienden el vuelo, describen varias líneas en círculo o en espiral antes de tomar una dirección definitiva: trazan curvas casi cerradas cuando la suma de las tensiones eléctricas de su organismo y de la atmósfera es la conveniente para el vuelo; dibujan espirales cuando es escaso el número total de voltios; las aves, en tal caso, necesitan elevarse para conseguir la tensión que exige el buen funcionamiento de su aparato de orientación. Aun en pleno vuelo se ven obligadas, por el estado de la atmósfera, a cambiar la altura o distancia a que se hallan de la tierra; pues sabido es que el potencial atmosférico se eleva cien voltios por cada metro que aumenta la altitud, y a esto debemos añadir que el viento contribuye también con su fuerza a romper el equilibrio de la tensión eléctrica normal. A s i se explica el hecho de que las aves muden con tanta frecuencia la altura de su vuelo. E l ave forma con la tierra un condensador variable, cuyo d eléctrico (aislador) es la atmósfera. En los reptiles ofidios (serpientes) el complemento del cuadro goniométrico es la misma espiral en que los vemos apaciblemente enroscados, en reposo, como si el mundo les fuera indiferente. No debe olvidarse que la araña, en- aparente descanso en el fondo de su tubo, vigila con más atención que Argos, y una vibración de la tela, aun la producida por el posarse de un insecto microscópico, la hace salir disparada a destrozar al incauto. Los conductos semicirculares y sus órganos electromagnéticos complementarios (o las posiciones y actitudes que adoptan algunos vertebrados) son realmente un sexto sentido, el de la orientación; pero las funciones de éste se anulan cuando la acción áe un campa electromagnético perturba la propagación de las ondas e impide que se BUSCANDO L A TENSIÓN ELÉCTRICA ADECUADA, LAS AVES MUDAN CON FRECUENCIA LA ALTURA D E SU VUELO