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fectos, ojos brillantes, menudo bigote sedoso y alargado mentón, que avanza sobre el amplio cuello a la valona. U n espléndido traje, terciopelo, seda, raso, bordado y enriquecido con botones de oro, sobre el que brillan los anchos eslabones de una suntuosa cadena, viste el gallardo jinete, creando todo ello, caballo, caballero, gesto del saludo, esplendidez del fondo, un cuadro inolvidable, que es como un extracto de elegancia, como u n alcaloide de distinción. Serena, aristocráticamente, la marquesa Jerónima parece esperar a su caracoleante esposo, a l pie de otras majestuosas columnas. C o n la marquesa Jerónima está su hija. L a señora es alta, esbelta, erguida. Se viste de negro. U n doble collar de azabaches se desgrana por su pecho, y pendiente sobre el corazón u n amplio joyel parece guardar una reliquia. L o s vuelillos de Holanda, finamente plegada, blanquean simétricos j u n to a las manos, que son finísimas, alargadas y Ostentan discretos anillos. M á s amplia l a gorguera, -se riza en ondas iguales, cercando el rostro de la dama, que no es bello, algo asimétrico, u n poco colgante l a nariz, sin gran vida los ojos, lacios y mustios los lasos cabellos. E n cambio, junto a ella brilla cual una luz l a h i j a VAN DE DYCK. UN RETRATO DESCONOCIDO DONNA ES UNA PAOLA BELLA AÑOS ADORNO SEÑORA D E UNOS ESCASOS T R E I N TA de los marqueses Brignole- Sale. Parece como si al pintar a esta niña V a n D y c k se desquitara del escaso encanto de la madre. U n vestido joyante, regocijado, amplio y gracioso, viste a la pequeña con su clara estofa. Galones y bordados lo enriquecen en la falda, en el justillo, que baja agudamente, sesgado por el oro de una cadena. U n a mano sostiene, blanda, una rosa abierta; la otra se apoya con gesto galán en la cintura. También l a niña tiene su amplia gorguera, pero no es tan rígida ni señoril como la de su madre, sino que se abre a los vientos y bordada de oro y colores, no oculta el grácil cuello. U n lazo muy picaro blanquea sobre la cabecita de la niña, quien tuvo el buen gusto de parecerse a su padre y reproducir en su rostro gracioso e ingenuo los ojos, la nar i z y la boca del marqués Andrés. V a n D y c k la copió con maravilloso acierto, revistiendo a su infantil