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modelo de esa gracia alada, sutil y casi inasequible con que la infancia Se iguala a la tersura efímera de las flores y a la frágil belleza de las mariposas. Un majestuoso doncel incógnito fué el desconocido modelo que Van Dyck reprodujo en otro soberbio retrato. Es un mozallón como de veinte años. d recio cuerpo, alto de estatura, ancho de pe- cho. Se viste con. espléndido traje sombrío, medio flotante sobre el hombro izquierdo una capa recogida, bordada con riqueza. L a diestra sostiene un sombrerete, donde relu- ce un joyel; la izquierda, mano admirable, blanca, aguda, mano de Van Dyck, cae negligentemente junto al cincelado pomo de la espada, que brilla cual una alhaja sobre el fondo obscuro del traje. L a cabeza, aprisionada en el cepo de la gorguera, cúbrese con negro pelo liso, y el rostro de sano color, lampiño, de boca aún infantil en su gesto, de ojos serenos y recta nariz, es, siendo bello, algo empachoso por demasiado correcto y poco expresivo. Seguramente, este ignoto muchachote era apático, flemático y vibraba escasamente. Unas columnas retorci- das, esculpidas, de una suntuosidad casi oriental, y una balaustrada, donde medio se vis lumbra un vago blasón nobiliario, completan con su magnificencia este cuadro espléndido. Junto a un sillón de terciopelo, donde se recorta la silueta pensativa y filosófica de una cotorra familiar, Doñna Paola Adorno se llega a lento paso, mientras tras de ella otro peristilo, otras columnas y otros arcos dan al ambiente del lienzo la precisa majestad. Donna Paola Adorno es una bella señora) de unos escasos treinta años. L a dama es carirredonda, de ojos vivos y lucientes, naricilla graciosa y amable, boca simpática. Su peinado le desguarnece la frente convexa y amplia, sobre la que se rizan unos ligeros bucles. Hilos de perlas trénzanse, simétricos en el alto rodete, y un soberbio penaeho dé plumas corona bizarramente el peinado de la dama. Inmensa es la martirizádora gorguera que aisla el lindo rostro de Donna Paola del universo de los mortales y la recluye en un mundo aparte. Terciopelo bordado y rebordado la viste espléndidamente, y sobre la tela brillan el oro, las gemas y los esmaltes de un joyel y de una cadena que sube al peicho y desciende más abajo de la cintura. Una rosa roja bermejea prendida entre la blancura de los dedos luíales, y en las falanges finísimas lucen las esmeraldas de los anillos. Así vivió. Dónna Paola Adorno hace- siglos, en su palacio genovés, y así vive aún su efigie en el lienzo donde Van Dyck la sujetó inmortalmetíte. MAURICIO L O P E 2 ROBERTS, -M a r q u é s de la Torrehermosa. SERENA, ARISTOCRÁTICAMENTE, LA M A R Q U E S A JERONIMA BIGNOLE- SALE PARECE ESPERAR A SU CARACOLEANTE ESPOSO. JUNTO A E L L A SO HIJA BRILLA CUAL UNA LUZ
 // Cambio Nodo4-Sevilla