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ORÜTAVA (TENERIFE) AL F R E N T E LA V E R D E ALCATIFA DE LOS PLATANARES. A L FONDO, EL COLOSAL DOMO NEVADO DEL T E l D E V I V E ORGULLOSO DE INFINITO. M O T. IYOS DE T E N ER I F E Es verdad. Canarias- -más concretamente, Tenerife- -tiene la íntima y dolorosa creencia de que no se le conoce. Aun después de cuatro siglos de conquistadas, de arrancadas a la raza aborigen- -la raza guanche- casi piensan que aún no han sido descubiertas, o que, por lo menos, son todavía, para muchos de los españoles de Europa, pequeños cantones atlánticos, es muy posible que hasta sin personalidad nacional, sin nombre y sin bandera. Cuando alguna revista o algún periódico antes- -cuando era un poco de odio y de ren. de Madrid, de Barcelona, ha dedicado a cor- se entusiasma ahora, y desenhebra, Tenerife- -la clara isla atlántica- -el comen- emocionadamente, la madeja de su simpatía tario amable de una página de exposición fraterna hacia aqueílos que tuvieron para su turística, siempre hemos tenido, digámoslo terruño el calor cordial de una mirada de sinceramente, frente a esa cariñosa actitud, cariño dilecto. Se siente, entonces, que una un gesto de agradecida sorpresa jubilosa. alegría pura, fresca, juvenil, se nos ha meSin querer, de un modo casi instintivo- -un tido en el alma. Una alegría igual a ese poco receloso quizá- miramos y volvemos goce de emoción primitiva, nueva, que acaa mirar la página de nuestra alegría vehe- so sólo se siente en la hora de los descumente. Hemos tenido una equivocación, un brimientos y de las revelaciones... posible espejismo de nuestros ojos y de nuestra conciencia, y no nos hemos contentado con la fugaz seguridad momentánea de nuestra primera lectura y de nuestra primera ojeada... Guando ya nos convencimos, cuando hemos c o n s t a t a d o que son. aquellas montañas, y aquellos valles, y aquellas verdes pizarras de los campos, los perfiles exactos, definidos, inconfundibles, de nuestra tienra- -blanca, luminosa, varada en el mar como un puñado de sol- enmudecemos, pensativos y fervorosos, ante el milagro de la evocación amable, vindicadora de pasados desdenes amargos, de infinitos abandonos incomprensibles, de olvidos desolados y casi seculares. Entonces reacciona nuestro espíritu. Y al contrario de. SOLO, AISLADO RETORCIDO DE DOLOR, EL ROQUE SEMEJA E L CASCO DE UNA VIEJA N A V E D E S H E C H A