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Si la alimentación es insuficiente; eí organismo entero se debilita; dís minuye la vitalidad y la vida pierde sus encantos. Lo primero es recobrar el apetito. ¿Como? Tomando Jarabe de Fellows. E s una preparación científica que ayuda a fortalecer el organismo entero. L a pureza de sus Ingredientes, la perfecta uniformidad a su mezcla y su probada eficacia le han granjeado l a recomendación de la ciencia médica durante más 3 e medio siglo. Tome Tómelo paca recobrar el apetito; y con él; todas sus energías. Almorranas- Varices- Ulceras Curación radical garantizada, sin operación ni pomadas. No se cobra hasta estar curado. Clínica doctor luanes. Fortaleza, 17, pral. izqda. 10 a 1 y 3 a 7. ioS FERNANDEZ Y GONZÁLEZ EL PASTELERO D E MADRIGAL 05 1 Navarro transmitió esta orden a los otros que no la habían oído, y la operación de quitar las sorderas se hizo en muy poco tiempo, después de j o cual siguieron animosamente su camino hacia la plaza, donde ya se oían los cantares de los dos rosarios de la Aurora. E r a n estos dos rosarios completamente distintos por su forma y por su fondo, por decirlo así. E l uno era el de los cofrades de la Hermandad de la Soledad, que habían sacado de su ermita a una antiquísima y renegrida Virgen, que llevaban en andas cuatro penitentes con túnicas y capuces de nazarenos, y a la cual acompañaban unos cuarenta penitentes igualmente encubiertos con túnicas y capuces, con velas de cera amarilla en la mano, entre los cuales, y delante de la Virgen, iban quince o veinte disciplinantes, con las espaldas desnudas, que se zurraban de lo lindo. Este rosario era grave, triste, sombrío, casi fantástico, y hubiera dado pavor atravesar solo entre la obscuridad de la noche por la destartalada plaza de Madrigal. Pero entraba al mismo tiempo por la plaza otro rosario alegre, engalanado, risueño, ostentoso, acompañado de unos doscientos locos, esto es, de todos los estudiantes del Seminario de San Agustín. L o primero que se veía era una inmensa farola de v i drios de colores, dentro de la cual ardían un número infinito de luces, llevada en unas andas c u biertas de flores, y tan pesadas, que se necesitaban nada menos que ocho estudiantes para conducirlas. Detrás de la farola iban dos hileras de escolares, cada uno de ellos con un farol puesto en la punta de un palo, y luego un estandarte con dos puntas, Levado por un estudiantón talludo, que lo menos contaba treinta y cinco años, al paso que las cintas del estandarte eran llevadas por dos escolares nuevos, de quince a dieciséis años. Iban luego otras dos largas hileras de estudiantes con hachas de cera, y al fin de estas hileras, sobre unas pequeñas andas enguirnaldadas, un precioso Niño Jesús, engalanado con joyas que habían prestado para él las jóvenes del pueblo. Alrededor del niño iba una turba de estudiantes con las hachas levantadas, para alumbrar bien l a imagen del Niño Dios, y detrás de éste, con candelas por el cual se le absolvía de todos los cargos que ontra él se habían hecho, se le confirmaba éti; su alta dignidad de miembro del Consejo y se le, mandaba acompañar de incógnito en toda su empresa al R e y don Sebastián (que por tal tenía el Consejo de los Diez a Gabriel de Espinosa) y tener a l corriente de todo lo que aconteciese al Consejo. De modo que. entraba en España con Gabriel de Espinosa, desconocido, -envuelto en e l más proítm 4o misterio, un pedazo, -por decirlo así, de ía recelosa y sagaz República de Venecia. Pero, en cambio, Gabriel de Espinosa acometía sin dinero una empresa de gigante, puesto que no poseía más que l a exigua cantidad que, al salir de París, había recibido de orden del económico Enrique I V Sobre Gabriel de Espinosa caían terribles y eondensadas las consecuencias de su insensata y aventurera conducta. Su imprudencia l e había cerrado todos los caminos, le había privado de todos los recursos, y, sin embargo, siempre audaz, siempre valiente, marchaba- sin vacilar, con, -el corazón sano y l a cabeza llena de sueños, su camino de perdición. CAPITULO III RA el día 15 de agosto de 1599, andes del amanecer. L a noche imperaba todavía, y era obs, cura como boca de lobo. A esta hora, por el camino que conduce de Madrigal a. Valladolid, entraban en la villa de Madrigal seis personas. De éstas, cuatro iban a caballo, muy rebozadas en tabardinas; la otra, que era una mujer, con bulto debajo de la capa en que se envolvía, iba en unas jamugas sobre un macho, y la sexta persona era un mozo de muías, que iba a pie, llevando el macho del ronzal. Eran, pues, estas personas una mujer y cinco hórnbres. Caminaban, delante, el uno de los hombres, jinete en buen caballo; a alguna distancia, él otro; casi junto a él, la mujer que iba en, el macho y el mozo de muías que conducía a- éste, y detrás, a cierta distancia, como en escolta, los E
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