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MADRID- SEVILLA. 24 DICIEMBRE D E 19 29. NUMERO TO 10 CTS. PRADO DIARIO ILUSTRADO. A Ñ O VI G É f 0 S 1 MOQUINTO N. 8.422 DE SAN SEBASTIAN SUSCRIPCIONES Y ANUNCIOS: MUÑOZ OLIVE. CERCANA A TETUAN, SEVILLA sima y ganancias positivas. E n t r e g á n d o s e de lleno a las tareas literarias, a b a n d o n ó su o c u p a c i ó n fundamental en el comercio. No h a b í a n llegado los tiempos de las vacas gordas para la escena, aunque, si bien se mira, ahora lo real es bastante menor que lo: imaginado. Las empresas teatrales arrastraron a L ó p e z Silva a la Argentina, y en Buenos Aires, pasado el tiempo, le a b r a c é encont r á n d o l e como siempre, escribiendo versos, y h a c i é n d o l o s a d e m á s mediante la conducta siempre escrupulosa, pues en su vida, abreviada por r á p i d a dolencia, era la familia el m á s grande, q u i z á el ú n i c o de sus afanes. Su mujer, sus hijos, c o n s t i t u í a n el desvelo de su vida, y acaso la d e s a p a r i c i ó n t r á g i c a de un muchachote, v í c t i m a de impensado accidente, ocurrido en un t o b o g á n d e p r i m i ó el c a r á c t e r de un padre c a r i ñ o s o r o b á n d o l e a l e g r í a buen humor, optimismo, condiciones antes culminantes en su alma. Han pasado los a ñ o s quienes llevan y lucen con orgullo el apellido L ó p e z Silva cont i n ú a n las tendencias fundamentales inspiradas por e! padre. E l hogar, presidido por una madre venerable, cuenta con elementos suficientes para desenvolverse con holgura. No hay quien componga versos ni trace escenas a n i m a d í s i m a s como las celebradas en La Revoltosa; pero se respira bienestar y sosiego. H a cambiado completamente la situac i ó n s e ñ a l e s de la é p o c a capaz de modificar cos; umbres y h á b i t o s advertidos por quienes somos viejos. H a y modificación marcada por la realidad, y todos guardamos dentro del alma la imagen de aquel hombre, lleno de e f u s i ó n bondad y entusiasmo. A ú n nos parece verle circular por las calles de Madrid, recogiendo impresiones, estudiando tipos, para d e s p u é s trasladarlos a los p e r i ó d i c o s o sirviendo de tema a s a í n e t e s que guardan con la mayor fidelidad costumbres desaparecidas. L a historia de cuanto es menudo, circunstancial, no puede escribirse, y consta, sin embargo, mediante pormenores y detalles, con los cuales se completa el cuadro general donde aparece descrita nuestra exisiencia. A d e m á s l a figura literaria de L ó pez Silva m e r e c i ó justamente nombradla; sin llegar a extremos s ó l o alcanzados por artistas de m é r i t o singular, obtuvo aplausos, concedidos de buena gana por la masa general. Era pintor de los tipos m a d r i l e ñ o s sin imitar a nadie ni servir indicaciones dictadas por la moda. Sus vei sos expresivos, las escenas pintorescas que reprodujo, reflejaban la verdad, y, aunque no tuvo suerte, pues desa p a r e c i ó primero de su tierra y d e s p u é s del mundo sin tropezar con la fortuna, E s p a ñ a entera Je m a n i f e s t ó siempre a d m i r a c i ó n v cariño. Y ahora, recordando á quienes viven fuera de nuestro territorio, disfrutando de un bienestar, logrado con su esfuerzo, pensemos en el compatriota ilustre, que tuvo rrecesidad de intentar en lejanas tierras acomodo, no conseguido en la propia. Los aplausos, las alabanzas y las distinciones, a veces carecen de positiva intensidad, no se pegan al riñon, s e g ú n suele decirse. E l suelo m a d r i l e ñ o guarda los restos de L ó p e z Silva, recobrados para su p a í s d e s p u é s de haber c a í d o en A m é r i c a maltrecho en la lucha. Sus descendientes cont i n ú a n en territorio lejano, aunque e s t i m a d í simo, dedicando a quien f u n d ó su familia ardiente c a r i ñ o N o quisieron, o no pudieron, proseguir sus labores literarias; pero laboran con provecho, y ello q u i z á les ahorra paladear amarguras como las devoradas por el cantor de los barrios bajos de Madrid, t a n tas veces encomiado, por pluma á g i l donosa e inolvidable. E l que p u d i é r a m o s llamar bardo de los chulos c e r r ó para siempre los ojos a muchos millares de leguas de la tierra donde vio la luz primera. Esta no ha de olvi darle. J. F R A N C O S RODRÍGUEZ 1 E L C A N T O R D E LOS CHULAPOS José López Silva U n a vez m á s me consagro a los recuerdos, sin caer en el error de preferir cualquier tiempo pasado al presente. H e dicho y r e p e t i r é que la juventud es motor el m á s poderoso, el de mayor fuerza del mundo, y no por veleidades, ni menos incurriendo en la falta de justicia, me atraen evocaciones del ayer. D e s p u é s de todo, buscamos con ellas consuelo; las ilusiones nos abandonan y procuramos substituirlas reproduciendo con la i m a g i n a c i ó n escenas y caracteres barridos de la realidad por imperio del tiempo. Es lenitivo para cuantos peinamos canas, la postrer esperanza de quienes tenemos pocas. Hace d í a s me honró una visita, que recibí con honor y t a m b i é n algo emocionado. E r a un hijo del popular y extinguido poeta L ó pez Silva, muerto en la capital de la R e p ú blica Argentina hace a ñ o s y me trajo, en nombre de la viuda del c e l e b r a d í s i m o autor, en el propio v en el de sus hermanos, todos residentes en Buenos Aires, saludo c a r i ñ o s o algo asi como recuerdo, transmitido desde 3 a r e g i ó n de donde no se vuelve, al mundo en crue nos hallamos. C o n v e r s é muy a gusto con el hijo de L ó pez Silva, e n t e r á n d o m e de la suerte apacible que disfrutan, t r a b a j a n d o- ¡q u i é n puede vivir sin trabajar en el territorio argentino! -v r e u n i é n d o s e alrededor de la madre, la du ce anciana que recuerda constantemente a quien durante muchos a ñ o s f u é la aleg r í a de Madrid, el pregonero de sus aspirac ones e inquietudes, para luego morir a otro lado del A t l á n t i c o sintiendo, eso sí, el perenne sonido de su Patria, z u m b á n d o l e en los oídos y p r o d u c i é n d o l e infinita amargura. E ementos populares quisieron, y se r e a l i z ó su deseo, que los restos del esclarecido costumbrista descansaran en su tierra natal: pero la familia fundada por él c o n t i n ú a con el acomodo que hoy disfruta mediante el trabajo, entregada a labores honrosas y recibiendo atenciones dulcificadoras de su pena. E n Buenos Aires reside un grupo de madrileños, que diariamente evoca el nombre de E s p a ñ a sintiendo en su segunda Patria sosiego v bienestar. Vaivenes de la existencia encujaron al otro lado del mar a quienes h a b í a n nacido en este pueblo, y hoy, sumados al inquieto bullicio de la gran capital sHramericana. viven satisfechos, manteniendo el lazo nacional que les acaricia- E n cuanto tiene alguno de ellos o c a s i ó n de asomar a F. snaña, visita a esta villa, donde hav tantos recuerdos de L ó p e z Silva, cronista rea 1 de sus andanzas, cantor de las chulap e r í a s v sus escenas, descritas con salero por na p stinerado. Con motivo de la reciente visita hecha a E s p a ñ a por uno de los descendientes de L ó p e z Silva, sentimos florecer en el recuerdo sucesos escondidos en la memoria. Los d i á n g o s trazados por quien supo v quiso interpretar maneras del pueblo m a d r i l e ñ o figuraron hace un cuarto de siglo en el lengua i e c o m ú n de nuestra villa. L l e g ó el instante de dudar si las invenciones del porta substituían a los dichos popu ares. o tenían éstos tal fuerza que. con sólo copiarlos. se obtenían aplausos. De los p e r i ó d i c o s p a s ó al teatro L ó p e z Silva, obteniendo boga g r a n d í- E L PRINCIPE D E LOS ESCRITORES FRANCESES E n uno de sus ensayos, que para mi constituyen un a l t í s i m o placer intelectual, A n d r ó Gide contesta a la pregunta ¿C u á l e s son a s diez mejores novelas francesas? y ofrece ia palma a La Charlreitse de Parme. Esa p r e d i l e c c i ó n de Gide por Stendhal ya b a s t a r í a para que yo le reconociera buen gusto literario, aunque no- hubiera leído nada m á s de él. Ciertamente, coloco la tonalidad de la obra de Balzac por encima de la de Stendhal; pero aisladamente ninguna novela del primero puede medirse con la Cay Hija o con Le Rouge et le Noir; (Dicho sea aparte, Gide es injusto para con Balzac. col o c á n d o l o debajo de Dostoievsky; o comparto la a d m i r a c i ó n que siente por el autor de las Ilusiones perdidas, el conde de Keyserhng que lo compara a un Continente, al lado del cual la m a y o r í a de los novelistas no son sino insectos. A n d r é Gide ofrece la palma a Stendhal, e indica a s í su filiación directa. Gide ha heredado la inteligencia cristalina de Stendhal, su egotismo (no e g o í s m o) su estilo c l á s i c a mente c aro, el a n á l i s i s seguro de las almas, y, como. Stendhal. -Gide- saca casi toda su obra del estudio penetrante de su yo. E l estilo de Gide no es musical ni pintoresco, sino ante todo claro, como un dibujo bueno, ó como un arma alzada bajo la luz del sol, para servirnos de una frase de Mussolini. No hay en la prosa de Gide ni una sola palabra que no cubra con la mavor- precisión lo que quiere expresar, y si no fuese por los asuntos, sus obras s e r í a n va c l á s i c a s en el sentido de servir de texto en las clases, y precisamente esa objetividad SacUichkeU) -que un ritmo interior defiende con ra a sequedad- -es lo que coloca a Gide en el ambiente general de nuestra é p o c a a n t i l í r i c a y n e o c l á s i c a (V é a s e a Strawinsky en la m ú s i ca y a Picasso en la pintura. Esa objetividad a lo Stendhal no significa realismo minucioso, sino que, al contrario, permite f a n t a s í a y hasta capricho. Gide cree que, como la fotografia libertó a p- niura de la p r e o c u p a c i ó n d e ciertos detalles minuciosos, asi la película (y m á s a ú n la peí ctra sonora) ha de relevar la novela de, la desc r i p c i ó n exacta v del d i á l o g o tomado. taquig r á f i c a m e n t e Gide estmi que la novela debe abandonar el realismo a la película y elevarse en las regiones m á s altas de la fantasia. Tampoco es un realista Stendhal, a ¡p e s a r de su estilo sencillísimo, desprovisto de arte. y los detalles que a menudo constituven e! principal encanto ele su obra. Pero tampoco entra en el grupo de los r o m á n t i c o s contem. André Gide. J 869. J 929