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í poiáaeos suyo. sjdjjo Kliatte: uoí r c nlo coetinúa l a tradición del siglo x v r s sn sensibilidad lo llevaría hacia el romautici. -mo: pero su inteligencia superior lo salva de lo efímero de una escuela literaria determinada. Aproximadamente, lo mismo puede decirse de André Cride, uno de los poquísimos escritores de nuestra época que serán leídos (y m a ñ a n a probablemente mas que iioy i dentro de medio siglo. L a solidez diamantina de su- estilo, clásico er. el sentido m á s noble de la palabra; lo penetrante de su psieaíogia, su vastísima cultura, su inteligencia radiante- -elementos que componen su genio- -hacen de Gide el escritor más grande de la Francia de hoy, y preservarán su o irs del olvido y de quedar dcinodce. E n el ensayo que mencionamos al principio de este artículo. Gide reprocha a Manon T. escant que sólo apela a los sentimiento. mas no al intelecto. Nadie podría hacer tal reproche al propio Gide, v eso es una de las g a r a n t í a s de que su obra durará. Más fácilmente volvemos a leer Adolplic que Rene; Dominiquc que Le Calvairc. r Repetimos que sería equivocado ver en A n d r é Gide mi realista, un pintor objetivo c impersonal del mundo externo. Su principal fuerza consiste- por el contrario, en el análisis infatigable de su- yo; la forma de diario es la forma original de toda su obra, v se repite sin cesar, en confesiones, cartas, autobiografías, relatos de viajes. E n este sentido es uno de los escritores m á s subjeti o pero difiere de estos por su ausencia de lirismo y la objetividad severa frente a si mismo. E l predominio de la inteligencia y la preocupación constante de la claridad del estilo son. rasgos característicos de los escritores típicamente franceses. Francés auténtico, francés por los cuatro costados, es también A n d r é Gide; pero un. francés que ha sabido romper las barreras que limitan generalmente la comprensión de sus compatriotas ante las literaturas extranjeras. Goethe, Nietzsche. Ibsen y Dostoicvsky lian ejercido honda influencia sobre l a formación de su mentalidad, su concepto estético y el! tieo. Gide es entre los franceses de nuesros días aquel que más decididamente ha lenetrado- -sin abandonar la liase nacional- n la atmósfera que será la de la futura E u ropa, no en e! sentido político, como luchador cu la arena, sino como profeta que despierta las almas, y es el conductor espiritual ie una minoría selecta. l i e aquí trazadas rápidamente, quizá sin ilación, algunas impresiones que me sugiere t i recuerdo de la lectura de sus obras, cuando el príncipe de ¡os escritores franceses entra en el séptimo decenio de u vida. ANDKKS R K Y T S Z CRÓNICAS DE PARÍS ¿Trajes largos o cortos? ¡O u e deliciosas paginas hubiera e s c r i t o a este propósito el admirable autor de Entre encajes, el cronista Gómez Carrillo, de cuya vida matrimonial acaba de escribir un interesante libro, su viuda la notable escritora americana A u r o r a Cáceres! E l asunto que sirve de título a esta crónica ha sido durante m á s de un mes motivo de una interesante encuesta, nidada por uno de los periódicos más leídos de P a r í s y como aquí las damas elegantes no desdeñan dar su opinión, cuando a su amabilidad se acucie, han sido varias las que, respondiendo al requerimiento de la inteligente periodista Odette M arjoric. expusieron su punto de vista sobre el pro o el contra de la modernísima rolw longuc. ¿Q u e el tema es frivolo, pensarán algunos, y que acaso no vale la pena de lijar Ja atención en estos caprirlias de la moda? L A CATÁSTROFE D E SAN SADURNI I, E L PASO A NIVEL DONDE OCURRIÓ LA CATÁSTROFE. 2, ESTADO E N Q U E Q U E D O E L AUTOr. YiS, 200 METROS D E L PASO A N I V E L (FOTO TORRENTS)
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