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F u é l a primera que, preparado el rosario a costa de los estudiantes, se empeñaron éstos en que el r o sario fuese presidido por fray Miguel, a quien todos, por su buen carácter y su ciencia, y por lo padrino que era de los escolares, tenían éstos en grande estima, y tal le apretaron y le comprometieron, que no pudo zafarse del encargo de presidir el r o sario, por- cuya razón no pudo esperar a G a b r i e l d e Espinosa, como estaba convenido, en l a fuentecilla del Arcediano. F u é l a segunda eventualidad que, estando en l a villa para asuntos de justicia el alcalde don Rodrigo de Santillana, se pegó a l rosario con su ronda por lo que pudiese suceder, porque ya sabemos que l a villa de Madrigal era revoltosa y daba mucho que hacer al duro alcalde. Y la tercera eventualidad, por último, fué que habiendo contado fray Miguel con que l a V i r g e n sería llevada en procesión por u n extremo del pueblo, desde el convento de agustinos a una ermita fuera de la villa, por medio de los campos, donde se cantaría al amanecer una Salve a l a V i r g e n los estudiantes, que eran gente muy poco reglamentable, se metieron por su propia voluntad en l a villa para atravesar por l a plaza y para lucir su rosario. L a pastelería adonde había de i r Gabriel de E s pinosa estaba en l a plaza, y la hora en que el r o sario, empezó a entrar en ella era cabalmente el punto en que Gabriel de Espinosa debía llegar a l a villa, atravesarla sin ser sentido, entrar envuelto en l a obscuridad y en el silencio en l a pastelería, donde ya le esperaba G i l López, y permanecer oculto en ella el tiempo que fuese. necesario. L a intención de fray Miguel de los Santos era que d o ñ a A n a ¡de A u s t r i a y, Gabriel e Espinosa pudiesen verse l secretamente, concluir su matrimonio y marchar de l a misma secreta manera de Madrigal, con nombre de R e y y Reina. iCon todas estas eventualidades, iba fray Miguel en ascuas, como suele decirse, pero tranquilo y sereno en la apariencia, cantando con voz reposada y grave Padre nuestros y Avemarias, a los que contestaban en coro, a l son de l a música, las jóvenes, los estudiantes y todo el pueblo que acompañaba a l rosario. E r a aquel un canto alegre, alto, sonoro, bello, en completa contraposición con el canto l ú gubre, plañidor y sombrío del otro pobre y severo rosario de los penitentes, que adelantaba por otro extremo de l a plaza, y debía cortar el rosario de l a V i r g e n de las Azucenas, o que éste se detuviera, o que se detuviera el de los penitentes, mientras pasaba el uno o el otro. Aconteció, pues, que en el centro de l a plaza se encontraron en un mismo punto l a cruz verde y sombría de los penitentes y la magnífica farola de los estudiantes. H a b í a llegado el casus belli P e n sar en que los buenos tejedores, que llevaban con suma piedad y recogimiento su antiquísima y severa imagen de Nuestra Señora de l a Soledad, se detuviesen o cambiasen de dirección para dejar el paso franco a la procesión de los estudiantes, o que éstos hiciesen alto para que pasasen los penitentes de l a V i r g e n de l a Soledad, era pensar un disparate. L a farola, pues, y la cruz se encontraron, formando el vértice de un ángulo, cuyos lados constituían los dos rosarios, y los primeros estudiantes y los primeros penitentes se miraron con cólera. -Paso franco al Seminario- -dijo u n estudiante de rostro rasgado, que iba delante, con el acento m á s imperativo y m á s descortés del mundo. -Que eche el Seminario por otra parte- -dijo un penitente con un acento muy semejante al de un perro mastín que regaña- que l a plaza es bien ancha, y l a V i r g e n de l a Soledad no tiene que hacerle venía a l a Virgen de las Azucenas, n i a ninguna Virgen, aunque sea a Nuestra Señora de l a A n t i gua de Valladolid. -Se me está antojando a mi- -dijo e l estudiante con l a ¡cólera de u n gallo inglég gue dentro de dos 1
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