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MADRID- SEVILLA 27 D I C I E M B R E D E 1929. NUMERO 10 CTS. CERCANA A TETUAN, s EVILLA DIARIO ILUSTRADO. N. AÑO VIGÉ 8.425 SIMO QU INTO SUELTO i R K 1 M C C I Ó N P R A D O P E SAN S E B A S T I A N S U S C R I P C I O N E S Y A N U N C I O S M U Ñ O Z O L I V E el. suburbio de extraordinario sabor, pintores- plo- -rignaciano de los Ejercicios- o el franco, en que las casas, coloreadas, arbitraria y ciscano- -franciscano de las FLoregillas- risueñamente, Se rnezclan; con lós árboles y Bien bajo la forma de milicia y ascésis, arbustos floridos que rebosan de patios y bien de emoción y terhuia, lo que domina, en corrales. Las humildes bestias, de- carga cóin- franciscanismo como en. ígnacianismo, es el ciden con el ge. sto de indolencia de los hom- precio concedido al Eihos sobre el Lobres de piel teñida, -que demuestran bien al gos al elemento moral sobre el intelectual. vivo su inconformidad frente al sentido bru- La filosofía litúrgica, al contrario, muéstratalmente dinámico y apresurado de las gen- s primordialmente intelectualista; y al hae tes septentrionales. La actitud de no tener cer que el Logos supere al. Éthos ni si- prisa lo mismo puede ser considerada como quiera se resignará a mantenerse en aquella un delito o una inferioridad por los sociólo- línea, por decirlo así, neutral en que el prigos severos, como por un síntoma cierto de mero señala el fiel de la balanza entre lo haber llegado a la verdadera filosofía del sa- moral y lo estético, entre el bien y la beber vivir. En la duda, siempre nos quedará lleza; dejará, al contrario, que. una inclinala sospecha de que los pueblos que crearon ción decidida de este Lo (jos señale al camlas civilizaciones fundamentales (egipcios, po d lo artístico. L a Liturgia es la Vida; sumerios, griegos) no debieron- de practicar Convertida en Arte ha escrito valerosamencon mucho fervor el culto yanqui de la prisa. te Román Giardini, tratando de- la ideología Lo cierto es que la ciudad de Caracas, de Beuron. Y antes, esta palabra profunda: cuando se llega a ella rápidamente en auto- Vivir litúrgicamente es convertirse en una móvil, sugiere la idea de un oasis. Las ás- obra de arte viva ante Dios, sin otro objeto peras serranías, los grandes despoblados que el de ser y vivir en presencia de Dios las espesas manchas de bosques y matorraLa Liturgia moraliza muy poco. Quieles la rodean y aislan, y así es como la simpática urbe, por tantos motivos glorio- nes pretenden emplearla al servicio de un fin. sa, ofrece tal fuerza de prestigio y de en- con intenuonés educativas, desnaturalizan su canto acogedor. Pues la cualidad del oasis propia función con riesgo, con riesgo a inconsiste en realzar las virtudes de agrado, vertir mi cuadro de. valores en que venga de -hospitalidad, de cultura. Y así es como a resultar primario un elemento secundario el viajero, transportado casi bruscamente y advenedizo. Compárese a este respecto el a este centro de animada sociabilidad, sién- desarrollo de una semana del año. litúrgico tese gozoso y como quien dice en una dis- con los Ejercicios espirituales, por; ejemplo. posición singularmente predispuesta para Todo, en estos últimos, se orienta hacia un gustar los beneficios más cotidianos de Iá fin psicológico y pedagógico; todo ha de traducirse en ¡conversión y señorío de la vocivilización. Este fué, sin duda, desde el principio, el luntad. En estos Ejercicios -el hecho es carácter de, Caracas. Ciudad preservada y elocuente- -no encuentra lugar la liturgia. escondida. Ciudad que se retira y oculta en- Aquéllos son un trabajo; si ésUl, un juego. tre los valles, al pie de- las montañas, de- Regulado por el mismo Dios, JSara llevado fendiéndose a un mismo, tiempo de la barba- ante los ojos de Dios, en belleza, libertad rie del extenso país deshabitado y de los y santa alegría. riesgos del mar, de ese dudoso mar Caribe, Pero también es elocuente- -y esto suben que as naves de los piratas dejaban tan raya una nueva divergencia con el estiló. a menudo u sanguinaria estela, Resguar franciscano- -el, hecho de la tendencia consdándose y, conservándose indemne a través tante de la plegaria litúrgica y del rito l i de los azares, como la urbe que. sabe que no túrgico hacia el mantenimiento de la unidebe malograrse, que no tiene derecho a fra- dad, en apartamiento de cualquier predüec- casar, puesto que el destino la encomendó ción por las formas populares espontáneas, desde el principio la misión de ser una re- por las variedades vernáculas, por las senserva de la cultura occidental frente a la timentalidades locales. Lo que alguna vez selva, el desierto y la inmensidad indiana. hemos llamado victoria del Artista sob. e Después, abandonando el automóvil y como el Poeta en pocas posiciones como en la verdadero marinero en tierra, cuan grato litúrgica halla adecuada expresión. Én el es abandonarse al gusto atnbulato -io por capítulo de la plegaria, ello se traduce por las; calles recién descubiertas. Casas de no- una desconfianza justificadísima respecto de ble abolengo colonial, con su ornamenta- esta famosa emoción que el diletantisción barroca del setecientos y a veces, sobre mo seudorreligioso ha buscado con tanto el gran portal, fijo y orgulloso todavía, el ahinco. Así como decimos: No moral, incomplicado escudo de armas. Vocear cecean- teligencia; -no poesía, arte; no espontaneite y perezoso de los vendedores. Puestos dad, unidad podemos y debemos añadir: populares de caté en las esquinas. Sonidos No emoción, pensamiento Sólo pensade campanas a la antigua moda -católica. Y miento, diremos con Giardini, tiene el privoces de fonógrafos norteamericanos por vilegio de ser un valor universal... Las contodas partes, en combinación con las boci- diciones de toda plegaria, colectiva están nas norteamericanas de los innumerables en que sea dominada por el pensamiento, no automóviles (el estrépito del jazz anglosa- por el sentimiento. No quiero decir que no jón que viene a- estropear el acento- propio se liguen a lo litúrgico sentires muy hony acompasado del trópico) dos; pero éstos tienen todavía una característica: el pudor. L a plegaria de la IgleJÓSE M S A L A V E R R M sia no exhibe ni hace. parada de los sentiCaracas, noviembre, 1929. mientos del corazón: los más íntimos, los más. profundos, los más tiernos afectos interiores sabe despertarlos... Duda, pero sabe G LOSA S IDEOLOGÍA D E BEURON. -Lo primero también dejarlos en- secreto. Si nosotros quisiéramos representar en que decir conviene, cuando se trata de resumir con lealtad el sentido de la ideología de un caso único lo que significa la actitud más Beuron, es que ésta poco tiene que ver con contraria posible a la liturgia, lo encontrael que informa otros estilos importantes de ríamos en la costumbre de algunss perronas la piedad católica, el ignaciano, por ejem- de gran delicadeza espiritual, que ha dadj 1 s I A NUEVO DESCUBRIM I E N T O D E LAS INDI AS Frente a La uuayra, el mar tiene un azul profundo y una serenidad de lago privilegiado. Una cordillera imponente se alza sobre el mismo borde del mar, tan alta, tan abrupta y ceñuda, que la lentitud con que avanza el buque hacia el fondeadero se dijera que obedece a una especie de terror. Y en la inmensa montaña, nada a la vista. Nada que no sea la. maraña hirsuta y espesa de la vegetación tropical. Así es de extraña y como impracticable la arribada a Venezuela; Parece, efectivamente, que es el, país. todavía despoblado quei aguarda la llegada de los conquistadores. La Guayra está ahí, apretada entre el cerro, y el mar; pero desde el buque semeja sólo una factoría improvisada y eventual. ¿Qué; habrá- al: otro lado de esas montanas imponentes y hostiles? ¿Qué misterio se esconde en alguna parte de allá lejos? Después, desembarcando en la escollera, todo se aclara y; se; justifica. Bruscamente se adelanta la civilización al paso del viajero, y los automóviles numerosos, los tranvías, los comercios y la animación comercial de la calle acaban de llevar la tranquilidad al ánimo. Tan pronto como el automóvil arranca a correr por la carretera arriba, comprendemos que el monstruo ceñudo de la montaña ha sido dominado. por el genio de la- civilización. Porque si en algún sitio del mundo tiene una cosa tan aparentemente vulgar como uña carretera tal sentido profundo de cultura, es aquí, en este gigantesco camino que unfe a Caracas con el mar. El. esfuerzo humano llega al límite de tensión y de. eficacia. Porque en pocos lugares del. mundo la Naturaleza ha podido presentarmayores obstáculos, empezando por lo deshabitado del país, por lo agrio. del terreno, por la aspereza y altura de las montañas. A pesar de tan poderosas dificultades, la. carretera de La Guayra a Caracas resulta tan cómoda, tan perfecta y suave como, el pavimiento de un bulevar parisiense o del paseo de la Castellana, de Madrid. Y mucho más impresionante, desde luego. A medida que nos elevamos en las incontables curvas y contracurvas, el fenómeno de ascensión cobra un carácter de majestad inexpresable, hasta que en una de las revueltas surge en el fondo del panorama el mar infinito, el gran mar azul que alguna vela de nave vagabunda o el penacho de humo de algún paquebote surcan con fugitivo trazo. Es una sensación de altura como pocas veces puede experimentarse. E l espíritu se siente ascendido como en vuelo de avión, mientras el mar anchuroso y serenado habla de ideas de infinito. Las grandes aves como águilas, volando lentas sobre los hondísimos barrancos, contribuyen a la impresión de viaje aéreo que el viajero experimenta. Entre tanto, los árboles de la flora tropical, desconocidos para el europeo, ponen a trechos en el paisaje sus notas de un indescriptible verdor y la- gracia y elegancia de sus formas. Casi repentinamente surge Caracas a la vista, y en algún rápido guiño de la carretera es posible contemplar toda la extensión del valle frondoso, animado a trechos por la policromía de las quintas y casas de labor de todos los colores imaginables. Primero e s s La gentil Caracas
 // Cambio Nodo4-Sevilla