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al libro lleno de prevención. N o te basta coa que el escritor se apodere de su sensibilidad, le conmueva, o le divierta. Quiere conocer, no sólo el mecanismo de su arte, sino los orígenes de su personalidad literaria. Procede como aquel enfermo que, para fiarse de la ciencia del médico que le visita, quisiera saber quiénes fueron sus maestros y en qué Facultad cursó sus estudios. Leer por pasar el rato es casi siempre un placer. Leer por informarse y por catalogar una obra es frecuentemente una actividad enojosa. L o mejor es, pues, a l ternar, en el curso de una dilatada lectura, esas dos actitudes, y siendo unas veces testigo desinteresado de una fantasía construida con elementos de la realidad, y otras espectador curioso y un poco suspicaz de las acrobacias de un artista que se vale de la literatura para satisfacer nuestra sed de verdad. Porque, dígase lo que se quiera, lo que buscamos en un libro, sea de ciencia o de mero, pasatiempo estético, es la verdad. L o mismo da para esos efectos que caiga en nuestras manos una historia que una novela. L o que esperamos de sus páginas es que nos den, más o menos atenuada, una impresión d lo absoluto. ¿Y qué es una verdad cualquiera sino una parcela de lo absoluto? Y o me he acercado a la novela de Jacq es de Lacneteíle con esa compleja disposición de ánimo del que pretende simultáneamente divertirse y contrastar ¡a legitimidad de los procedimientos con que se procura divertirle. Amor nupcial es la novela de la vida conyugal de un hombre que no logra poner al mismo diapasón su temperamento, robustamente sensual, y su espíritu, ávido de expansiones nobles y puras. Ese dualismo interior es tan corriente, que la L A ACCIÓN D E ESPAÑA VISTA GENERAL EN MARRUECOS INAUGURADO D E L HOSPITAL CIVIL D E NADOR, RECIENTEMENTE (FOTO ZARCO Y L O P E z) novela de Lacneteíle, pareciendo una confesión persona es la historia de casi todos los hombres y de casi todas las mujeres. Precisamente el estar a merced de dos opuestas tendencias, que nos llevan del pecado al arrepentimiento y de la contrición a ¡a culpa, es ¡o que dramatiza un poco nuestra vida. Hace pocos días me en- contré en la iglesia de la Magdalena a una bella dama española, ya más eerca de los sesenta, que. de los cincuenta, a la cual hemos conocid- en mi época, en una constante oscilación entre el deber conyugal y el descarrío. De hinojos ante la imagen divina del Salvador, la dama no sabía qué hacer para que Dios tomase por lo serio I- 1 i I M A D R I D E N H O N O R D E DOS P I N T O R A S LAS ILUSTRES ARTISTAS MARISA ROESSRX (l) Y GISELA EPHRUSI D E BAUER (2) DESPUÉS D E L BANQUETE C O N QUE SUS A D M I R A D O R E S C E L E B R A R O N E L ÉXITO A L C A N Z A D O C O N L A EXPOSICIÓN D E SUS OBRAS. (FOTO SEGOVlAl