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MADRID- SEVILLA 28 D I C I E M B R E D E 1929. SUELTO NUMERO 10 CTS. PRADO CERCANA A TETUAN, SEVILLA DIARIO DO. ILUSTRAV 1 GÉ OLIVE, AÑO SIMOQUINTO N 8.426 D E S A N S E B A S T I A N S U S C R I P C I O N E S Y A N U N C I O S MUÑOZ REDACCIÓN. tes de dulzor y de dinero. Y ios palacetes o ñoles implantaron en las Indias; tañía critiquintas de recreos, frágiles y vis ¿sos, como ca estulta en torno al sistema de colonizarequiere el clima, cubríanse de arbustos y ción de España, y luego hallamos, por poco enredaderas desbordantes de flores. N i una que reflexionemos, que el tipo de vida que planta de la zona templada; ni un árbol eu- los españoles desarrollaron en estos climas Elogio de la Naturaleza inspirada ropeo que pudiese introducir la nota melan- y entre estas gentes de América fué el que Tocios desean enseñarme los monumentos cólica de sus hojas amarillas; ni una alusión mejor se ajustaba a la Naturaleza, el más y los lugares docentes y progresivos de la a la idea de la necesidad de envejecer y comprensivo y piadoso, el más inteligente, población; me llevan a ver la Universidad morir. Eso se queda para nuestro conti- el más bello. Pero d esto deseo hablar con y las bibliotecas, los archivos, los teatros, nente. preferencia y la debida extensión en otro la Catedral, una clínica, una fábrica modelo. Pero yo buscaba algo más que las planta- artículo. Pero yo les explico que lo que vengo a bus- ciones sujetas al orden del trabajo humano. JOSÉ M S A L A V E R R I A car en Venezuela es la América de los sue- E l bosque libre, la selva hirsuta y la vege ños infantiles, mejor dicho, las Indias opu- tación digna del indio de plumas sobre la salvaje. lentas y grandiosas, con sus paisajes extra- cabeza; la auténtica vegetación A B C E N FRONTERAS ños, con su vegetación gigantesca y sus Afortunadamente, la selva salía al paso con puestas de so! de oro cayendo sobre la espe- fácil oportunidad. Se desbordaba por las ESLAVAS sura misteriosa y perfumada de los bos- cuestas de las montañas o invadía las cañaques. Les pido que me lleven al seno de la das angostas, brindándome la prodigiosa sorEpílogo y prólogo Naturaleza y no a los sitios donde la civi- presa de unos árboles grandes engalanados lización, de tipo más o menos norteameri- de flores rojas, amarillas, moradas; árboles L a caída de un Gabinete ministerial- -y el cano, ensaya sus copias de último estilo. floridos, que en un jardín de Europa serían polaco cayó por mayoría de votos ahora- -P o r el momento, la civilización de tipo gala y asombro de una ciudad. A la puerta no implica tensión general dentro y fuera de los ranchos pululaban las negras de i n- del país donde ocurre el hecho, de no conneoyorquino me tiene sin cuidado. Precisamente era venezolano aquel bene- dolente andar o los mulatillos como gracio- currir en él circunstancias particularmente graves. L a derrota del Ministerio Switalski mérito escritor, Andrés Bello, que compuso sos caprichos de estatuario. Cuando el automóvil me restituía a Ca- en la Dieta varsoviana contiene, precisala famosa Silva a la Agricultura de la Zona Tórrida. Y mucho antes que Andrés Bello, racas, al principio era un efecto de caída mente, esos elementos, excitadores del interés nuestro admirable Hernández de Oviedo des- brusca, como cuando volvemos del sueño a público y de la viva atención del extranjero. Como escribí anteriormente, la lucha polícribió como ninguno, con el entusiasmo de! la realidad. Toda la civilización, toda la exdescubridor y en el lenguaje valeroso del si- portación de la industria norteamericana sa- ticoparlamentaria actual la personifican dos glo x v i las maravillas de los árboles, frutos lía a mi encuentro del fondo de las tiendas hombres en defensa de armas antagónicas: y flores de la T i e r r a Firme. Pues esto, los de fonógrafos. Venta de discos y fonógra- la fuerza y el derecho. E l mariscal Pilsudski, que desde el lucprodigios de la Naturaleza de T i e r r a Firme, fos; perseverante y enloquecedora música de es lo que yo he venido a buscar, como quien los discos a prueba, sonando con imperioso tuoso golpe de Estado de IQ 2 Ó es señor y arsigue el rastro de una lámina contemplada escándalo por las calles. E n esa forma de bitro gubernamental, se coloca en un piano en los años adolescentes, cuando leíamos con arte de munición, de poesía estandardizada, original de dictador sin título ni honores ofiincontenible voracidad los descubrimientos se manifestaba el apogeo triunfal e invasor ciales, de dictador que juega con el Parlade Cristóbal Colón o las gloriosas peripecias de la industria yanqui. Los tranvías, entre mento, pero ni lo disuelve ni suspende oficialtanto, disputaban a los automóviles el breve mente la Constitución. Daszynski, jefe sode La Araucana. Consiste la gracia de Caracas en que el espacio de las calles. Los transeúntes se cialista y presidente del Parlamento, se copaisaje puede más que la ciudad. Y es para abrían sitio a codazos en las aceras. A n u n- locó en este terreno: o respeto a las decisioesto una ventaja el que los edificios, por cios luminosos... E n suma: el cuadro de nes del Seym y a su autoridad legislativa, costumbre, por comodidad o por temor a los siempre, porque hay un tipo de ciudad mo- o disolución de él. E n tal actitud de desafío terremotos, se construyan todos muy bajos. derna que sobre las diferencias de clima y entre el Gobierno de Pilsudski y el ParlaA s i se obtiene un resultado inestimable: no de raza ofrece los mismos rasgos esenciales, j mentó- -un vivero de partidos y partidillos, hay biombos que intercepten la vista del pai- Hasta pude descubrir en un solar de la par- que dificultan la labor fundamental de la saje ni hay nada que impida en todo momen- te céntrica el armazón de hierro de un edifi- nación- vence el voto de censura al Gato y desde cualquier calle o plaza la contem- cio en ciernes, que prometía, no obstante binete, el cual, tras larga discusión de sus plación de las enormes montañas próximas la inminencia de los terremotos, la futura ministros y la oposición- -que culmina en i n y las bellas colinitas cubiertas de espesos y aparición de un gran armatoste de muchos culpaciones mutuas alusivas al asesinato del verdes bosques como montañas artificiales de pisos sobre las tradicionales viviendas bajas presidente de la República, Narutowicz (1922) de la ciudad. y la misteriosa y trágica desaparición üel un gran jardín botánico. Y me llevaban, en efecto, personas amiEntonces me detenía a pensar en esa es- general Lagorski en plena calle de Yars- jgas por las carreteras abiertas entre los va- pecie de doloroso sacrificio que se ven obli- via (1927) dimite ruidosamente, con el lles, y yo no me cansaba de admirar aquella gados a sufrir los países de las tierras ca- Gabinete, el ministro del Ejército, el propio vegetación que en pleno invierno exponía lientes, en su afán de vestirse el traje de mariscal Pilsudski. E l epilogo del tormentoso primer periodo al aire las más bellas pompas deque es ca- una civilización hecha a la medida de las paz la Naturaleza cuando la asiste la ins- tierras frías. Cuando me hablan con irrefle- de la reunión del Parlamento, después de seis piración. ¿Qué sentido tiene la palabra i n- sivo entusiasmo de los soberbios y progre- meses de holganza, ha dado la victoria a los vierno en estas latitudes? Ninguno. E l in- sivos rascacielos que se levantan en la H a- paladines de la legalidad parlamentaria; una vierno no existe, como sabemos que era bana, yo no puedo contener una secreta victoria de fórmula, pues sabido es que el desconocido en el Paraíso terrenal. Cru- pena; es la compasión que sentimos al ver nuevo Gabinete- -cuando se decida a elegir, zando, pues, por ¡as vegas cultivadas, deja- a un niño vestido en pleno agosto con todas quien lo forme el presidente de la Repúbliba a mis ojos regocijarse en la contempla- las galas festeras que su madre ha podido ca- -ha de ser con hombres del anterior y ción de tantos árboles generosos que yo des- sacar del arca, imnelida por su tierna vani- algunos, cual éstos, adictos fervientes del conocía, cargados de grandes frutos los unos, dad emuladora. Pobres países de la zona mariscal Pilsudski. de grandes flores los otros. Aquel árbol tórrida! Qué compasión tienen que inspiE l Seym tiene pendientes de discusión y enorme y raro de cuyas ramas penden, como rar, ellos que habían sido apartados por la aprobación los presupuestos, y pronto la r a tamaños meloncillos, los sabrosos aguacates. Naturaleza para que pudieran disfrutar de tificación de! Tratado con Alemania, que (j C. -t esbeltez de la papa 3 a, con una copa en la vivienda frágil, del vestido somero, del encuentra protestas en sectores varios del forma de parasol. O las magníficas palme- trabajo corto, de la siesta larga y del canto país. Las cabalas entre los contendientes y ras reales de elevado y recto tronco, seño- y la danza frecuentes, y ahora tienen que sus partidarios acrecen, y la atmósfera en reando el valle con tina verdadera elegancia aceptar el traje que les imponen ios Estados las alturas del Poder es impenetrable. E l prey grandiosidad egregias. Bosquecillos de g i- Unidos, o sea la civilización plagada de com- sidente de la República llamó a Daszynski gantescos bambúes se apretaban sn la o r i- ¡plicaciones, de necesidades innecesarias, con y conferenció con el mariscal del P a r l a Üas de los arroyos. L a s plantaciones de caíia sus rascacielos, con su proletariado y todo! mento dos horas; pero, por tratarse de de azúcar prometían para pronto sus torren- Tanto hablar de la civilización que los espa- cuestiones delicadas y graves las tratadas LOS IARD 1 NES TROPICALES 4
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