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a propósito. Belmonte necesitaba su toro, y josclito, que podía con todos los toros, también los necesitaba para que le dejaran pasar en más de cien corridas que toreaba por temporada. F u é urja cuestión de comodidad, aceptada por los públicos, en gracia a la cantidad y calidad de toreo nunca visto que sumaban entre los dos. Y se pensó en el toro, más que en el tamaño, en la condición pastueña y de mansedumbre, y como no se podían torear tantas corridas ni de aque la MANOLO BIKNVEX f HA, Q U E TOMO LA AL- TERNATIVA. (FOTO SALCEDO) ción o, mejor, una revisión y ordenación. L o s ganaderos abusan, ¿pero quién no abusa hoy del toreo? E l que esté libre de culpa que levante el dedo. L o s ganaderos criaban sus toros cuando la ganadería era una afición, no un medio de vida, estudiando al toro que iba más veces al caballo y que tiraba más cornadas. Entonces, ti i se toreaba a la manera de ahora, n i tantas corridas, ni había petos y había suerte de varas 3 entusiastas de la suerte de varas, D e los resabios y sentido del toro ya se 1 encargaría e maestro, que por esto era maestro y para esto manejaba l a muleta, no para que el tiempo se parase en un pase, sino para ahormar y arreglar el toro para matarle, que a eso salta. Desde que se dispensó o se disculpó al matador de matar bien y se le cambió este memento por l a faena de muleta, ¿no había de cam- biar la finalidad final de la fiesta y, por lo tanto, el toro? L a lidia tenía que ser otra, y lo es. E l toro tenía que ser otro, y lo es. Y como en esta modalidad el torero no quiere la m u leta para ahormar al toro y corregirle resabios, sino que la precisa para una conjunción artística de parecido a la estatuaria, por ser éste el gusto de la época- y la- escuela, en que v i nieron al toreo, es al ganadero a quien incumbe, por delegación, criar toros que vayan limpios de esos resabios, para que los toreros no tengan que hacer de la muleta un arma defensiva, sino un i n s t r u mento de adorno; 1 a m u leta era útil del eme se ha- toreo prescindiendo, o al menos descuidando, las reglas fijas, inmutables, casi científicas por que se regía el toreo. Varió los terrenos y el modo de hacer, y aquellas j u risdicciones bien definidas de que nos hablan las tauromaquias las confundió B e l monte invadiendo el terreno del toro. Esto fué, sencillamente, revolucionario; rompió normas, prescindió de reglas y practicó con escándalo ls, heterodoxia. Y a hubo uno que apuntó esta rebeldía: A n t o n i o Montes, el que murió en M é j i c o pero no lo consolidó, quizá porque no era el momento o porque murió en el empeño. Belmonte, más oportuno o más genial, fué el que impuso este toreo marginal de la tauromaquia. Y para ello necesitó su toro. Recuerdo cuantos toros se rechazaron porque no se prestaban a que Belmonte torease de capa de aquella manera que él toreaba. ¿Queréis más prueba de que necesitaba su toro y además se le concedía? iíntonces el toreo tenía dos caras: Joselito, que era el ejecutante de las reglas fijas, exactas, el compendio de todas las experiencias, la tauromaquia v i v a hecha hombre, y Belmonte, el heterodoxo, el rebelde, el que decía, de una manera herejíaca: N o hay terrenos; cuando el torero está bien, todo el terreno es del torero, y cuando está mal, todo el terreno es del toro. Estas dos tendencias, encontradas en los ruedos, fueron modificándose al eco del público, y J o selito desutilizó algunas reglas, no por i g norancia, que no ignoraba nada del toreo, sino por acomodarse al gusto del público behnonliano, y Belmonte aceptó reglas en que encuadrar su toreo, frecuentemente p i soteado por los toros, y así v i n o la segunda modalidad de los dos. íoselito tuvo que transigir con Belmonte, impuesto por el público. Y aquí surgió la necesidad del toro MARCIAL LAI. ANDA, EL TEMPORADA P A S A D A. PREFERIDO E N LA (FOTO VANDEL) manera, a base de Saltillos, y Santa Colonias, y M i u r a s se dieron entrada, y entrada preferente, a ganaderías de media sangre, a los que van y vienen sin tirar cornadas y que entonces ¡llamábamos de p a j a se i m puso el medio toro. T o d o estaba disimulado con el momento verdaderamente glorioso del espectáculo mantenido por ellos. A l faltar el disimulo, el arte de estos dos magnos lidiadores, queda visible en primer término la trampa del prestidigitador; ahora se advierte que han escamoteado el toro. N o se me ha de quedar en la pluma que aquéllos lidiaron en las ferias de importancia M i u r a s que éstos no lidian, y Santa Colomas que éstos también rehuyen, y que la media casta que aquéllos incorporaron éstos la prefieren y la exclusivizan. E s que las decadencias se acentúan, y sólo puede pararlas una reacMAERA, Q U E TOMO (FOTO LA ALTER- NATIVA. BENITEZ)
 // Cambio Nodo4-Sevilla