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MADR? n- SFV 1 LLA 31 D I C I E M B R E D E 1929. NUMERO S U E L T O 10 C T S REDACCIÓN. PRADO DIARIO ILUSTRADO. AÑO y i G É S 1 MOQU 1 NTO N. 8.428 M í DE SAN SEBASTIAN. SUSCRIPCIONES Y ANUNCIOS: MUÑQ 2 OLIVE, CERCANA A TÉTUAN, SEVILLA se emplee como freno lo que venía siendo espuela, la fantasía artística. Por lo demás, y juzgando ya con el criterio m á s utilitario y apremiante, entre un hombrecito que sólo entienda de máquinas y otro que entienda de máquinas y dé otras cosas, lleva la ventaja el segundó. Claro está que eso no rige con las criaturas consagradas con exclusividad a un determinado. tin, pero si en los Estados Unidos se persigue hacer palancas humanas, todavía por acá preterimos la humanización por la humanización. Por razones lamiliares, tengo puesta m i previsión y mi ternura en la chiquillería de ocho a diez años. He aquí las obras que yo ofrecería a los caballeritos de esa edad: Peler t an, o el niño que no quiso crecer, por jacobo Mateo B a r n e El maravilloso viaje de Nils Holgersson a través de Suecia, por Selma Lagerlóf; El libro de las tierras vírgenes, por K i p l i n g y Platero y yo, de Juan Ramón Jiménez, y Nuevas florecillas de San Francisco, por Ramón María Tenreiro. Sí, sí, todos los pecados: la magia m á s ingenua, el lirismo acabado de nacer, afecto, deformación de la verdad, de la aparente, en busca de la profunda y auténtica; emociones desinteresadas, amor a lo humilde y a lo innecesario y sin cotización en el mercado, intimidad confiada con la Naturaleza. Y todavía más. Sería delicioso regalar a los niños un libro de estampas, ninguno o casi ninguno de los acreditados, v que en verdad son dibujos coloreados y con alusiones terribles a la vulgaridad cotidiana. ¿P o r qué no reproducciones de las pinturas de Marie Lausencin? ¿D e María Lausencin, la compañera en arte de Picasso y los suyos? L a misma. Sus inefables sensaciones del circo, pongo por caso, con los caballitos que semejan manos de mujer, y aquellas, inmaterialidades rosa, de seguro, serían comprendidas por los chicos a ú n más que por los grandes, por los colegiales que por los maestros, y ya desde la infancia vivirían embriagados por el color y la sensibilidad, no enturbiados... N a d a como se ve, no voy a ser yo uno de los coniereuciantes que la Universidad de Columbia suele invitar a su cátedra, por muchos conceptos insigne. Reconozco v proclamo mi calidad de intruso allí, aparte la falta de méritos propios. Pero no me explico la decisión de tan autorizado y honorable Claustro, i Es que esos eminentes doctores, de seguro ya bastante avanzados en la vida, no han visto que, del balance de nuestra existencia, lo mejor, lo que nos mueve a soportar el resto, es sentirnos capaces de apasionarnos por causas cuyo triunfo ningún beneficio había de reportarnos, y compartir con los demás el dolor y la alegría, y escuchar v traducir las canciones ás la luz y del mismo silencio? E n los barcos, a lo largo de las travesías, amistáis con los oficiales. y se os admite en el puente, y podéis averiguar cómo la brújula, que no tiene otro destino que indicar el rumbo, sufre desviaciones, imantada por el herraje de a bordo. S i n mbargo, no pierde su ruta. Los niños, los hombres, deben caminar así, como la brújula, fijos en su misión, y sensibles a cuanto les rodea y es de su natura. Los proyectiles van más decididos a su f. n. Y por de pronto, contra algo o alguien. En la Universidad de Columbia diríase que, en lugar de la educación infantil, lo que preocupaba al profesorado era la fabricación de cartuchos. J TALK 1 ES C R Ó N I C A S D E PARÍS Comidas y reuniones elegantes Los señores de Santos Suárez. i D F r a n cisco) obsequian a menudo a sus amigos con elegantes comidas en sta artística residencia, llena de obras notables, de la calle de Belles Feuilles. Dos han sido las celebradas ú l t i m a m e n t e a la primera asistieron: S. A R, la princesa Sixto de B o r b ó n- P a r m a la princesa de Faucigny- Lucinge, el príncipe y la princesa de Ligne, la señora de Gainza, el conde y la condesa de Audiífret- Pasquier, monsieur y madame Cárter, el príncipe y la princesa Pignatelli, el conde de la Cimera, el marqués de Ivanrey y el Sr. Landa. Fueron los invitados a la segunda: la marquesa y el marqués de Blacas, el agregado naval a la Embajada de Francia en Madrid y la marquesa de Lambertye- Gervevillier, la condesa y el conde de Mofúcabrier, M r y M r s Leslie y algunos otros. Los comensales admiraron los muebles antiguos, tapices y cuadros de los grandes maestros que decoran aquella suntuosa residencia. E n el adorno de la mesa llamaban la atención antiguas porcelanas persas. También la señora y la señorita de Iturregui obsequian con espléndidos almuerzos a sus numerosos amigos. A l último celebrado en su elegante casa de la Avenida Hocher asistieron: la marquesa y el marqués de Villavieja. la señora de E r r á z u r i z la condesa de San M a r t í n de Hoyos, el d i plomático D Carlos de la Huerta, el jefe del Turismo español en P a r í s y algunos otros. También en casa de D Carlos Flores se ha dado un almuerzo, al que asistieron, entre otras personas: la duquesa viuda de Santo Mauro y su nieta, la señorita de Santa C r u z la marquesa y el marqués de la Torre y el marqués de San Miguel. Con motivo de las actuales fiestas, se ha iniciado aquí la desbandada: la duquesa de Santo Mauro, con su hija y su nieta, han sal do para M a d r i d para Saint Moritz. el diplomático D Domingo de las Barcenas y; su señora; para Biarrjtz, monsieur y madame Gerard d Aquiu y los señores de Santos Suárez, que desde aquella playa francesa se trasladarán a Madrid, para visitar a su madre, la condesa de Vistaflorida. L a distinguida dama americana señora de Noceti y su hija han dado en su casa de París un t é muy elegante, al que asistieron: el embajador de la Argentina y señora de Alvarez de Toledo, el de la misma República en Roma y señora de Santos S. de P é r e z el ex embajador y señora de L e Bretón, el ministro de Chile en P a r í s y la señora de Alemparte, el agregado militar del U r u guay y señora de Cuestas, la marquesa de Casa- Maury y señorita de Linares Rivas, las señoras de Alcorta, de Bruyen. de E s calier. de Campbell, de P a t r ó n Costas, de Rodríguez, de Alvarez- Calderón. de Semf nario. de Gorisen, de Wanpers. de Scharf, de Oliveira- Cezar, de Villanueva, de K l a p penbach, de Bosch y Labrús, de Pereyra, de R. de Villanueva, de Abella, de Lynch y de Pérez- Martínez. MONTE- CRISTO ¡París, diciembre, 1929, Las hadas, indeseables E l mgar uonde se ven Jas irutas más de curativas es l ueva York, que abrillanta y periecciona las caliíornianas, ya de por si impecables. L o que les taita es perfume y, a veces, sabor. Pero este deíecuo no debe parecerles tal a los yanquis, dado que procuran extender a otras maravillas de su país las características de las manzanas y las toronjas, verbigracia, a los niños, de una magnífica plástica, y a los que se pretende limpiar de vaguedades y caprichos, el aroma y el gusto de la infancia. Los doctores que forman el Claustro de ia Universidad de Columbia, según no ha mucho informaba el Times, de Londres, se reunieron y acordaron suprimir en las lecturas de los chicos todas aquéllas que se refieren a las hadas, al tradicional mundo fantástico de los cuentos de la abuela. Propusieron, en cambio, ejercicios de una concreta utilidad. E l gran diario inglés, como si fuese uno de sus lectores, de esos lectores que tiene junto a la chimenea de rojo ladrillo y frente a la copa de timbal, de cualquiera de los antiguos Clubs de Oxford Street, se extraña, al comentar la noticia, de que se rechacen las fábulas en la tierra de los bolsistas, para quienes ninguna inverosímil mudanza de fortuna resulta disparatada. A juicio de la famosa gaceta, lo que sucede es que los fabricantes de automóviles, batidos siempre en no importa qué record por el rapaz que construye una carroza con una calabaza y un saltamontes que pretende arrastrarla, celosos de la imaginación, que no deja de bur larse de sus mecánicas, aprovecharon la reciente quiebra de W a l l Street para vengarse de la falange bursátil. De los profe sores no dice nada el Times. ¿Olvido? L a verdad es que se les creería ausentes del acuerdo por ellos adoptado. H a venido a coincidir el formidable dictamen neoyorquino con el rasgo de una de las más antiguas y acreditadas librerías de Madrid, que se ha dirigido a los escritores solicitando que cada uno de éstos indique los libros que a su juicio debería leer un niño, y que, ordenados en un estuche que llevará el nombre del literato, constituirán un encantador regalo de Navidad. M i respuesta a la simpática consulta ha sido contraria en absoluto a la decisión de los universitarios norteamericanos. Decididamente, me declaro por las hadas. ¿Ignoro tal vez el carácter de nuestra época, y, peor aún, de la de nuestros hijos? No, y por no descono cerla es por lo que recomiendo a los niños la amistad de Caperucila Roía. Hay que restablecer el equilibrio, y tenemos que procurar a la gente menuda reservas morales que puedan servirles de consuelo en el inevitable fracaso de la realidad. Cada generación está ligada, está unida en su suerte a su tiempo, y sería inútil, lo mismo oponerse a esa fatalidad que intentar acentuarla. P o r tanto, ¿a qué preocuparse por educar a los pequeños en lo que ellos acabarán por enseñar a los mayores, a nosotros? Ningún mocoso de ahora desconoce los aeroplanos, los autos, el boxeo, etc. Nacen sabidos. Acudamos a enriquecerles con lo que no poseen, los dones del reino de las hadas. Espuelas y freno rigen al caballo. Entrambos utensilios son precisos. L a rareza actual consiste éa q u FEDERICO G A R C Í A S A N C H J Z
 // Cambio Nodo4-Sevilla