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EN EL CINCUENTENARIO D E L A M U E R T E D E LÓPEZ D E A Y A L A Ayer lunes, 30, se cumplió el L aniversario de la muerte de Adelardo López de Avala, honra y prez de la literatura patria. A l recordar esta fecha nos parece justo y obligado rendir un homenaje, modesto y mezquino, por la pobreza de mi pluma, pero henchido de devoción y de respeto a aquel peregrino ingenio que supo renovar las glorias de nuestros dramáticos del Siglo de Oro. A v a l a fué político, orador, poeta y autor dramático. Si el político descendió al olvido, el poeta y el autor dramático permanecerán siempre enhiestos en la historia de nuestra literatura. N o fué nunca A y a l a amante del trabaj o era indolente, perezoso; por éso su obra, aunque rica cu intensidad, es corta en extensión. De esto tuvo, mucha culpa la política, esa clama veleidosa y asaz tentadora, que, flirteando con Ayala, malogró en parte su obra de gigante. ¡Lamentables amoríos, que le absorbieron durante algunos años, en perjuicio del arte! Y vamos a estudiar someramente la figura procer de este vate lírico, que penetró per. derecho propio en el templo de la i n mortalidad. S u vida A v a l a nació en Guadalcanal (Sevilla) el 1. de mayo de 1828, pasando varios años de su. niñez en Villagarcía (Badajoz) Estudió sin gran aprovechamiento la carrera de Derecho en la Universidad de Sevilla, dándose a conocer como poeta por el hecho siguiente: acordado por el Claustro de la Universidad hispalense que los estudiantes no usaran el sombrero calañés y la capa corta, provocó A y a l a contra esta orden un verdadero motín entre sus camaradas, enardeciéndoles en su protesta con unas briosas octavas reales, que fueron celeradísimas. E n el teatro de Guadalcanal representáronse sus primeras producciones escénicas, que ofrecían la particularidad de carecer de mujeres entre sus personajes, por lo difícil que era encontrar quien interpretara dichos papeles. El conde de San Luis, procer que protegía espléndidamente a los incipientes jóvenes literatos, acogió con gran cariño a A v a la, entregándole éste su primer drama, Un hombre de Estado, que se representó en el teatro Español, el 25 de enero de 1851. Ocu ó. en la Academia de la Lengua la vacante de Alcalá Galiano, versando su discurso de ingreso sobre Calderón, sucediéndole a él a su muerte el ilustre Gabino Tejado. L a Naturaleza se mostró pródiga con A y a l a en lo físico era realmente un hombre hermoso y arrogante. Sobre su cuerpo, recio y fornido, alzábase una cabeza enérgica ele obscura cabellera; cabeza que en vida llegó a merecer los honores de! elogio. Tenia ojos grandes, de mirada penetrante poblados bigotes y abundante perilla, daban a su 1 ostro la semejanza con un caballero de la Corte de los Felipes. E r a un hombre de fuerza asombrosa. Se cuenta que en cierta ocasión forzó el barrote de una reja, arrancándola de cuajo, para introducir per el hueco respectivo el presente amoroso, que dedicaba a la dama de sus pensamientos. Afectuosísimo, agradable y ameno en sa trato. Tenía una imaginación rica y poderosa, unida a uu entendimiento privilegiado. E r a ocurrente e ingenioso, y su gracejo no perdonaba ni la afección bronquial que padecía. U n a noche, aludiendo a su tos, dijo a sus contertulios: Y a lo sabéis: mi epitafio no será el de costumbre: aquí yace Adelardo sino este otro: Y a 110 tose IKÜI luí DON ADELARDO LÓPEZ D E A Y A L A CUANDO OCUPO L A PRESIDENCIA D E L CONGRESO Pero su obra maestra fué e ¡discurso neE l p o l í t i c o y el o r a d o r Como político, fué Ayala un elemento crológico que pronunció siendo presidente templado, de poca iniciativa, y su idiosin- del Congreso y con motivo de la muerte de crasia especial y manifiesta abulia hizo que la Keiua Mercedes. Cuéntase que a los ofrecimientos que le se dejara arrastrar por los amigos. Como orador fué cosa muy diferente; si i hicieron para que se preparara antes de hahubiera tenido mayor facilidad de palabra, blar, replicó: M e j o r será que cuente lo que habría sido un verdadero tribuno. S i n em- he visto Así fué, sencillo e improvisado, y bargo, no le faltaba elocuencia en ocasiones; pronunció una oración tan hermosa, que se hablaba con gran corrección y pureza, y comparaba con las mejores de Bossuet. Sin cuando algún pqderoso sentimiento se apo- duda fué tan elocuente como algunas de Jas pronunciadas por el águila de la Iglesia frauderaba de su alma, rayaba a gran altura. Poseía, sin duda alguna, casi todas, las cesa. condiciones que exige el verdadero orador: j L a Cámara, al oírle, quedó hondamente inteligencia poderosa, sensibilidad exquisita conmovida por tan tierna y hermosa elegía. e imaginación rápida. Su estilo era sobrio; sus ademanes, per- El P a d r e C o b o s A y a l a z a r fectos sus actitudes, solemnes, y su expre zuelero sión, magnífica. Desde luego que no era orador de diario Durante el bienio progresista apareció un y de batalla; su elocuencia, como decía Fer- I periódico, llamado El Padre Cobos, pesaciinández Bremón, necesitaba de largas inter- j ila de Ministerios y terror de falsos patriomitencias para causar efecto seguro en oca- I tas y mercachifles sin conciencia. N o hubo ¡en aquella época orador- huero ni finchado siones solemnes. Notabilísimo fué el que pronunció cuando! político a quien no alcanzara la sátira forse discutía la ley de Imprenta, de- Nocedal. midable y finísima de aquel periódico, único También fué primoroso el dirigido contra en su clase. los republicanos de Cádiz, durante el cual, y j El Padre Cobos tenía un tinte moderado, con motivo de una impertinente interrup- i era la contrarrevolución en el periódico, la ción, nervioso y fuera de sí, arrojó al hemi- protesta viva y enérgica de la España que no ciclo de la Cámara la cartera de Ultramar, tenía representación en las Cámaras, i Su crítica, aunque algunas veces sangrieaque desempeñaba.