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A B C MARTES 31 D E D I C I E M B R E D E 1929. EDICIÓN D E ANDALUCÍA. P A G 34, jeo en el que intervinieron Rubio y Gale, lograron la igualada, el M a d r i d había hecho el m á s supremo esfuerzo, y al silbar el descanso estaba físicamente liquidado. Y sin embargo, hasta el momento de concluir el tiempo, con un guardameta cualquiera que no fuera Zamora- -viejo tópico de la mayor parte de los encuentros en que juega Ricardo- -el marcador se h a b r í a inclinado favorablemente a los blancos con des o tres tantos m á s esos shoots inveros miles que en la instantánea flexión o en a salida i n comprensible; son restados de n haber que parecía próximo. Segundo tiempo. Pólvora en sahas fueron las primeras carreras. Momentos feli ees de Olaso y Sanmiguel, y luego amagamiento general. L a línea de medien, reducida a Vña (J. por extravío de Cosme v P e ñ a (L y enfrente el ala B o s c h- P a d r ó n luchando ojn Quesada, incapaz p o sí solo de contener a Tos más hábiles futbolistas hispanos. Pocas veces un equipo en racha de aciertos podrá componérselas tan hábilmeme para distanciarse tan ráuidariieiire del rival. Aunque la suerte ayudara al Español, digamos que su ala famosa, conjuntando los aciertos con los compañeros de línea y hallándose con un grupo- desmantelado, aprovechar la ocasión tan 1 mara- illa que n en diez minutos se apuntaron tres tantos m á s a los once minutos, Bosch, de un tiro cruzado, el segundo; a los doce minutos, apoyándose en la sorpresa y en el cansancio madridista, Zaihorjta, el tercero, y a los quince minutos, con un comer pasado, lanzado por Bosch, rematando Ventoldrá, el cuarto, de un empalme a media altur i, que V i d a l no advirtió siquiera. N o es preciso explicar cómo cambia la fisonomía de un encuentro de campeonato cuando un equipo tiene una ventaja de tres goals. S i ese conjunto es tan ducho como el Español, se comprenderá cómo en lo su; mejores. Que no g a n ó el M a d r i d? ¡B a h! Todo no puede alcanzarse en una de estas solemnes sesiones futbolísticas... Primera parte. E s fuerza atender por separado al fútbol de tiempos tan distintos. Los jugadores lócales saltaron al terreno con una desconfianza perfectamente justificada, si se tiene en cuenta l a clase del enemigo y la endeblez de las recompuestas lí- neas propias. Pero desde el comienzo se lanzaron al ataque, al más, endiablado tren que liemos presenciado, y pronto se dieron cuenta de que no era imposible triunfar... a pesar de Zamora. E r a suficiente sostener del principio al fin aquellos ímpetus, y se: vencería. E l Español, además de una perfecta homogeneidad, cuenta con individualidades destacadas que ocupan lugares en el equipo nacional por derecho, y la izquierda con m é ritos excepcionales. Manteniendo a raya al M a d r i d del primer tiempo- -un equipo en ofensiva permanente, de un empuje furioso, vibrante- el Español barcelonés probó ser un formidable conjunto. Porque si los catalanes ganaron al cabo el partido, el M a drid hizo en la primera parte una exhibición soberbia, que m á s debe envanecer a los vencedores que a los vencidos, por lo b r i llante de la respuesta. Sin embargo, aun en ese tiempo, el M a drid fué desafortunado. Y luego más. A los diez minutos de comenzado el juego, cuando la lucha era m á s tenaz e indecisa, P a drón, en una escapada habilísima, colocó l a pelota a los pies de Tena II, que de un disparo imparable, de cerca, marcó el primer tanto. P a r a conseguir el empate, los merengues hubieron- de llevar tan lejos sus esfuerzos que perdieron la medida. Consiguieron imponerse, dominar, hacer sentir a Zamora el peligro inminente de los tiros salidos de todos los pies; pero cuando a los veinticinco minutos, después de un force- cesivo, sin dejar de atacar, t r a n s f o r m a r á n sus recursos haciéndoles... más espectaculares, menos peligrosos, aunque más bonitos para la galería. Entonces Olaso, que con Sanmiguel mantuvo los entusiasmos, únicos que no se perdieron al correr de la hora y media, empujó con la misma fe que si subsistiera el empate, y el premio fué un tanto obtenido de tiro raso, después de internarse muy h á bilmente pero frente al que Zamora no se empleó como, seguramente, lo habría hecho con otro tanteo. Luego, el dominio, m á s blando ya, del Español, puso, no obstante, al M a d r i d en inquietantes peligros, de a l gunos de los cuales tuvo que venir a sacarle el propio Triana. Cerca del final, algunos espectadores, que no querían revolverse airadamente contra los vencidos, esperando en el plazo, que iba reduciéndose, el esfuerzo supremo que trajera ía revancha, se volvieron contra el arbitro, Quintana, que si no estuvo demasiado acertado, tampoco llevó la dirección tan disparatadamente que a él haya que cargarle culpas de la derrota. N o fué el M a d r i d el que con su ausencia de medios perdió el partido, y Zamora del otro lado, quien, en el primer tiempo, contrarrestó los afanes locales, que, en l a segunda parte, tronchadas las energías físicas, fueron burlados por ese ataque del que el interior y el extremo izquierda son dos ases sin trampa n i cartón, aunque, a veces, abusen del relumbrón, en perjuicio de la verdadera eficacia. Pero, ¿acaso Rubio no está casi siempre en relumbrón? Porque en los madridistas los destellos de la genialidad son lo único que de tarde en vez admite comentarios; mientras que en los españolistás la regularidad a veces se ve empeñada por los gestos de magia. ¡Que hay mucha diferencia! -Juan Deportista. Equipos. -Español: Zamora; De M u r nsativo. ílo deseamos otra cosa sino que se ponga Ub. pensativo. Las palabras más resonantes y los grabados más llamativos no convencen tanto como una simple prueba. Por eso afirmamos que la CflflflSPIRiníl le aliv i a r á en cuanto sufra Vb. Dolor. La CflFIflSPIRIflfl corta üe raiz las molestias ocasionabas por ios bolores be cabeza, be muelas, be oíbo, jaqueca o neuralgia y especialmente las molestias periódicas be la mujer. Aumenta el bienestar, bespeja el cerebro y no atac el corazón ni los ríñones 1 Y ahora convénzase 17 b. mismo De la eficacia be la
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