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A ¿3 C. J U E V E S s DE ENERO D E 1930. EDICIÓN D E ANDALUCÍA. P A G 10 Martha Clark, de trece, inválida de Sus dos piernas, que pudo dejar las muletas sobre la losa. W i l l i a m Gaul, de seis, qué se sintió repentinamente curado de una grave afección, a la garganta. Anna Bellard, de treinta, paralítica desde hacía seisenos, que recobró- sus fuerzas y sus movimientos. Rita Ayerman, de doce, ciega desde su nacimiento, que empezó a ver, aunque con. dificultad, acentuándosele Ta vista progresivamente... Junto a: estos casos. se citan otros, no tan evidentes, -y algunos que, después de creerse curados, rio lo estaban. Una mujer, de treinta. y cinco años, Ira T. Royer, de Manchester, llegó, gravemente enferma de un tumor; se postró ante la tumba del padre Power, rezó con extremo fervor, alivióse en un nstante y, apenas regresó a su casa, fallecía... Se ha sabido también de otro individuo, cojo, que dijo llamarse Louis Hanbyer, vestido todo él de andrajos, al cual, en limosnas, le dieron más de? íoo dólares. A l llegar a la tumba tiró las muletas y salió corriendo y gritando que ya, estaba curado. Poco después le detenía i m policía, que acababa de descubrir. un fraude: no había ni hubo nunca tal. cojera n i e l picaro se llamaba Louis tlar. over, sino; Samuel Cohén... Y a ha sido condenado. a un a ñ o de trabajos forzados. Y es lo innegable que, por, encima de. estas picardías y sobre toda lamentable exageración, l a fe religiosa hizo, hace y ha de seguir haciendo milagros y milagros. Que eso es la fe, y eso. es su fuerza. MIGUEL D E ZAR RAGA T r a n s c u r r í t r o n otros seis lustros. sin que Los pastores protestantes, desapasionadalas gentes hubieran creído mucho en el mimente subyugados por lo sobrenatural, no lagro, ya qr. e, siendo aquélla tierra de prohan vacilado en ser. más explícitos. testantes, no podían sentirse éstos interesaE l reverendo William VV. Rose, de la P r i dos en divulgar el debido a la fe católica, y mera Iglesia Universalista, en Lynn, dice: una cliiquilla paralítica, como! a ciega, llegó He. aqui una lección de fe. Todos, los protambién hasta la misma losa, rezó, ¡y recogresos materiales del mundo palidecen ante bro el dominio de sus movimientos! L a fe este resurgimiento de la plegaria. L a espehabía hecho el segundo milagro. ranza revive, Los de la Virgen de Lourdes- -y los de Otro: pastor, el reverendo G Edwin W o o d Santa Ana de tíeaupré, en la vecina tierra man. de la. Iglesia Evangélica de, Maldén, canadiense, tan comentados en América- -exciama: L a s multitudes que llegan a la repitiéronse ahora, multiplicados, en un rintumba deLpadre. Power, s on una prueba: de concilio del cementerio católico de. Malden, que todos los hombres necesitan de una guía en as inmediaciones de Boston. M á s de un espiritual millón de personas desfiló ante la tumba del Y el pastor, de. la iglesia cbngresional. de padre Power, y es lo desconcertante que no Somervüle, reverendo Stephen G. Lange, son solamente los católicos los que creen agrega: Todo hombre, católico o protesianen tales milagros, sino también los proteste, o de cualquier otra religión, es ya. un tantes, y, lo que es más extraño todavía! convencido lele que basta con Dios para la los judíos, los paganos, los chinos, los i n cura o alivio de todos nuestros males... dios... A unos y otros les- basta con estar Los milagros, realmente, han, sido muchos. enfermos y desear curarse. L a fe, una misAunque, como es de suponer, tratándose de ma ie para todos, les empuja y conduce en algo ocurrido en esta ingenua tierra de las busca del milagro... Y ante éste, que a diainsólitas exageraciones, no tantos como aquí rio se está repitiendo, los hombres y las se asegura. Cierto que en la oficina del cemujeres, niños y ancianos, de cualquier rementerio de Málden han sido innumerables ligión que fuesen, se postran devotos. los qué se registraron, pero ya se ha comprobado qué algunos no lo fueron. Por esto E l cardenal O Connell, arzobispo católico precisamente el cardenal O Connell ordenó de Boston, visitó dos veces la tumba milael cierre del cementerio, en espera de la grosa, pero sólo contestó a los que le intenecesaria y escrupulosa investigación oficial. rrogaron: Todo lo que nosotros sabemos de estos milagros es lo que vemos con nuesEntre los que se consideran curados milatros propios ojos, y cualquiera pudo ver lo grosamente figuran; que yo he visto... No quiso decir más. Y Morriss Goldstein, de, catorce años dé edad, ante la enorme multiplicación del número paralítico, que se puso en pie, por sí solo, yde visitantes, decidió cerrar el cementerio. echó a andar, tembloroso, pero seguro, P o r lo menos hasta que, bien investigados Vincent O Neill, de siete, nacido ciego, que los milagros producidos, puedan las autoriabrió sus ojos y vio por vez primera. dades eclesiásticas dictaminar oficialmente Teresa Amándola, de seis, muda, que romsobre ellos. pió, a hablar, por vez- primera también. Nueva. Y o r k diciembre, 1 9 2 9