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LOS COROS EN LAS PELÍCULAS SONORAS Blanche S- veet y John Milfan, protagonistas de un nuevo film de- la Metro, presenciando las evoluciones de las señoritas, del conjunto fondo obligado en toda tinta de la nueve, modalidad. Uum! Chocamos. Perdona, Laura. ¿Que no eres Laura L a Piante, rubia? Excúsame, Marión Davies. N o era cosa de confundirte. Eres lo m á s inteligente del cinema inund al, apostaría. Calla el mayor tiempo que puedas. Horrorizan esos ratos de ialkie, peores que l a radio cuando no se coge la onda. Comprendo tu sencillez ante las cosas; estás al cabo de la calle. Aunque todos nos creamos en ese punto y estamos detenidos al principio de ella por una balumba de autos y de guardias. Por tener que andar toda la calle, necesito descansar junto a t i junto a la próxima. Quisiera descansar... Aquí, dulce sensación de centro, de reposo, cerca de tanta inquietud, te hallo, V i l raa Banky, justa, precisa, exacta. Nada de geometrías, por supuesto, pero nada tampoco de desorientaciones, de pérdidas de vereda, de hastío de caminata. ¡Qué siesta entre tantas sombras alternas, de rama de árbol que se mueve en lo alto, en la brisa m á s inasible, dándome en el rostro, unas ve- ees sombra, otras veces sol! Esta es l a hora cu que hasta el canto de un pájaro tiene un secreto de serenidad y la luz en tu cabeza un oro de mediodía suave, como de poniente. Permaneceré en siesta, oyendo el rumor de la brisa en las plantaciones y en tus senos. Anduve, hasta llegar a esta quietud, por huellas pasajeras. Solamente tus cabellos serian capaces de retener mi paso. U n día que estabas en un alto trapecio, sot- e cientos de miradas expectantes, t e r í a s el mismo reflejo de nubes desconocidas, dando en tu pelo. Vilma B a n k y Y o a ú n no tengo ánimo para huir, cuando a eso vengo Así decía D Pedro Calderón una vez L o mismo me acontece. T e n d r é que dejar estas c. rillas, de repente. Como se lanza uno a dominar el sueño al despertar. E l sueño y el ensueño. ño, Alice Terry, dominadora. Gesto de otear praderas desconocidas en busca de caza mayor humana. Pobre! Casi todas las rieras se amansaron. T e n d r á s que resignarte al faldero y destinar la seriedad al romance. Grandes voces agudas me llaman a l final. Tampoco son tus voces, esp éndida. Jean Crawford. Cada vez m á s cerca de ese: N o toquéis. Peligro de muerte Despabilada es la palabra que te cuadra, o, mejor dicho, que te curva. Dicen que Praxiteles hizo su Venus, escogiendo de las m á s bellas mujeres griegas partes distintas en que inspirarse. Puesto en ese punto, escogería de ti tanto y m á s cuanto. Cuanto m á s pudiera yo, a partir de los ojos, sin fondo, i n definibles, y, por lo mismo, claros, diáfanos. Pero no h a r í a escultura. Dos mujeres m á s veo en mi camino de hoy. Primero, esta M a r garet Livingston, llena de canciones y reflejos de luna, para engañar. N o es música de violín la que te acompaña, sino acordeón playero, con notas de ventolina salada, a un metro escaso de estas mansas olas mediterráneas con unos compases repetidos, animosos para... Por ultimo ya estoy en tus dominios, Greta Garbo. Ignoro q u é pasará. Es molesto el universalismo que has despertado, mujer. De Charlot y de ti- -en dos sentidos ab solutamente distintos, claro está- -se cree todo el mundo en la necesidad de comentar algo. Bueno: ¿Y éste era el peligro... Trucos, trucos, fría de Escandinavia. L a mento este viaje perseguido, para el que no hubiera necesitado estas alforjas repletas de indecisión. Basta ya de parpadeos con freno, de suspiros en cuatro veces, de ondulaciones de gusano de la seda. Gracias. M e yoy a mis paisajes tranquilos, con esta infeliz de Loretta Young o cualquiera que se le parezca. Huyendo algo del rascacielo y del puente metálico. Estoy harto de verLOIS MORAN lo en los Meccano de los chicos. Aunque Perdido ya, reanudo el paso hacia otra procurando acurrucarme en el mejor de los zona de m á s peligro. Vedado el retroceso, La estrella retoso na de Hollyveood, automóviles. Gracias, estación final. Retorun imperativo categórico- ¡y tan categórino. Adiós. co! -me conduce a inclemencias mayores. aunque posee un espléndido guarda L e t í a en tu figurar t e O T n r í e T 4 t r v P f- Í jP Josa: MARÍA S O U V I R O N a rro a u a este fra e loS día s l res S para trabajar en sus amplios jardines.
 // Cambio Nodo4-Sevilla