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ABC. StABADO 4 DE ENERO D E 1930. E D I C I Ó N D E ANDALUCÍA. P A G 10 1 busta prole de su marido, debe quererlo. Es por la desdicha ajena. No me lo explico. E s eviden. e que lo quiere, a su manera. E l un afán de singularidad que acabará p a amor también ha evolucionado. No es, como ponernos en ridiculo... FRANCIA era an es, un sentimiento exclusivista y abMANUEL B U E N O sorbente. A fuerza de rozarse con el dineE l sexo débil París, diciembre, iq 2 Q. ro, se ha degradado, y ha perdido su ro ¿Será posib. e que alguien, al corrientt mántica dignidad. La señora de Gómez quiede la evolución de las costumbres, conserve re a su marido, pero no tanto como al d i el candor necesario para suponer que va- nero. ¿Qué le vamos a hacer si la pobre T E M P O R A D A DE IMmos a hablar de la muier? resé a nuestro señora es así? Le recuerdan y le lloran. Pero, EN entusiasmo por la cultura tísica y por los en fin, a un muerto, aunque haya sido muy P O R T A C I Ó N deportes, que fortalecen los muscu. os y de guapo, no se le puede llorar mucho tiemV 1 E N A jan la inteligencia en barbecho, cerno l a s po. L a vida tiene otras exigencias. t. erras ue año y vez, el sexo üebii sumo nosLa gran preocupación de la primera de las otros. Antes de que Bernard Shaw uescu- dos viudas no es el destino ultramundano del Casáis y El amor brujo bnese que el Don Juan contemporáneo vis- guapo Gómez. Que esté en el cielo o en el E n rigor- -aparte la opereta y una mitad te faldas, ya había sospechauo joaqu. n Ü i- infierno es asunto de poca monta. L o imporcenta que, en amor, la inicia. iva dei atajue tante es casar a los hijos de Gómez con mu- del repertorio de la ópera- -el teatro en Vieua partía casi Siempre de ¡a mujer. Antes; sus chachas bien dotadas y, a poojr ser, con es de importación. Las comedias están en casi su totalidad traducidas de! trances o del i n escrúpulos ataban su lengua; pero sus oíos millonadas. Para lograrlo da pruebas la glés, y, si son alemanas, llegan de Berlín; hacian lo indispensable para vencer la timi- viuda primera de una habilidad genial. A pero es lo excepcional en este principio de dez del hombre. Ahora, como el pudor, a, Manuel lo casa con una chilena, y a Felipe temporada, que son precisamen. e los eledesvestir progresivamente su cuerpo ha ido con una argentina. Pero aún está vacante mentos que con mayor éxitu componen hoy dejando su espíritu a la intemperie, la fres- la blanca mano de (immy. Hay que buscar- las veladas musicales los iniportauos del excura dei ambiente en que se mueve la ha le una novia digna de él. Puesto que es tranjero. España envió, como representan es hecho tan desenvuelta y desenfadada, que guapo, todo lo que no sea dar con una millo- suyos, dos altos embajadores, a quienes se la esgrima visual no le parece lo bastante nana es desmerecimiento y oprobio. Desgra- les recibió con los honores máximos: Casáis eficaz para vencer. De las miradas ha pa- ciadamente, ¡mmv está enamorado de una y Falla. sado a los hechos. ¿Es un bien? ¿Es un pobre costurera, que vive de su trabajo. Casáis dio un concierto en la gran sala mal? Dejo a los moralistas la responsabili- Pero, tú, hijo mío, estás loco- -le dice aquella madre admítanle, toda consternada- del Coucerthaus; yo no le oí. porque a la dad del problema. E l observador indiferente misma hora se estrenaba El amor brujo, de que no tiene la ambición de mejorar la so- Yo tengo para ti una americana que lo tie- Falla, en la Opera de Viena; pero, aunque ciedad, se contenta con exponer lo que ha ne todo: belleza v dinero. La americana, en efecto, gusta del mu- se celebrara la audición a hora distina del visto, absteniéndose de opinar. Todo juicio ballet, me hubiera quedado con el deseo de sobre lo que sucede en una época es deí chacho v procura seducirlo en regla, como escuchar aquélla, si junto a este deseo no mismo valor que las anotaciones que hace seducían antes los hombres a las mujeres hubiera colocatto una respetable cantidad de el punto sobre el juego que se ha dado en enamoradas e ingenuas. immy, aleccionado chelines y una gran dosis de previsión para una sala de ruleta o de treinta y cuarenta por su madre, resiste. Nada antes del ma- adquirir el billete. No hay concertista que L a función del moralista es poner ró u- trimonio... despierte mayor expectación en Viena que Como personajes secundarios figuran en nuestro compatriota Casáis. Los precios de los a los hechos y clasificarlos por orden de afinidad. Si al moralista le dicen que la la obra la aventurera rusa y el gigolo ar- las localidades para sus conciertos alcanzan mujer ha pasado, en amor, de la pasividad gentino, que pescan a rio revuelto. Yo en- cifras desacostumbradas, v aún puede consia la actividad, ¿qué puede hacer para evi- cuentro, sin embargo, que se empieza a derarse dichoso el que consigue una, pues se abusar dei gigolo argentino y de la intrigan- agotan desde una semana antes a la fecha tarlo? Eduardo Bourdet no es precisamente eslava. Ya es hora de que esos turbios señalada. te un moralista, sino un satírico, que obpersonajes sean reclutados en otros países. serva las costumbres de su tiempo y se El qigoio y la aventurera se dan en iodos El amor brujo, estrenarlo en la Opera, no burla, quizá con excesiva saña, de la mu- los climas y hablan todos los idiomas. Re- tiene más afinidad con el que interpreta la jer. Pero no tiene el mal gusto de aspirar servar a Rusia v a América del Sur ese. Argentina que la de la música; los ritmos a corregirla. E n amor, como en todo, las triste privilegio me parece una injusticia del ballet, las hguras son distintas. No creo sociedades parecen obedecer a un ritmo alE l autor de La prisionera nos ha dado que nadie haya comprendido aquí el arguterno. Estamos regidos por lo que un escri- una comedia de una virulencia satírica 4 mento de Martínez Sierra; bien es verdad tor llamaba recientemente la ley del can- contrasta con su amoralismo de fondo. Bou que, asimismo, resulta incomprensible, u obssancio. Detrás de una época de moderación det no amonesta a nadie ni se pronuncia curo a! menos, cuando se baila en español; forzosa e inconsciente, viene un período de por una determinada moral. Se limita, como iero la belleza de la música es tan alta, que abusos. Después de una guerra resurge el se ha dicho al principio, a observar y a la tesis es de una importancia muy secundamisticismo de la paz, y los que ayer querían servirse de sus observaciones para diver- ria, y el espectador, subyugado por ella, o l degollarse extienden ahora los brazos poi tirnos. ¿Qué elementos reales, vivos, hay vida o no sigue con atención el quebradizo encima de las fronteras con una intención en su obra? ¡Hasta qué punto refleja esa v tenue hilillo dramático del argumento. Tiefraternal. A una generación creyente su comedia un estado de conciencia social? ne la música de Falla tal fuerza lírica, tal cede una generación escéptica, que acaso de- Esos monstruos de ambos sexos, enfermos intensidad de color, que en el espíritu de cada jará de serlo si los milagros que segura- de erotomanía y acosados por la codicia, espectador crea un mundo de imágenes dismente realiza la Providencia tuvieran más ¿constituyen una mayoría suficiente para in- tintas, sin que sea necesario para ello el aupublicidad. L a emancipación sexual de la fluir en las costumbres con su ejemplo o son xilio de las imágenes de la escena. mujer es la reacción del que se ha sentido simples ejemplares humanos, extraviados en Y no es que la Opera de Viena no haya oprimido durante siglos. En vano la deci- nuestra sociedad? Es evidente- -lo hacia no- presen. ado El amor bru ¡o con todos los homos que es la depositaría de nuestro ho- tar Gastón Regeoh hace poco- -que la pa- nores. E l decorado y! a interpretación- -sobre nor, la soberana del hogar, la madre de sión no tiene ya partidarios. Es demasiado todo ésta- -han sido deliciosos, arbitrariamennuestros hijos Ella acepta esos homenajes, ambiciosa y demasiado tiránica. Ahora 0 te deliciosos. Aquello no eran gitanas celopero reservándose el derecho de divertirse que priva es el capricho. Insidiosamente la sas y echadoras de cartas; eran ramilletes por su cuenta, con o sin nuestro beneplá- poliandria- ha venido a rivalizar con la po- de rosas, constelaciones de estrellas, sartales ligamia. Eso en el matrimonio. Fuera de de gemas, todo lo lindo, lo bonito que pocito. E l presente- -viene a decir Eduardo Bour- él, el instinto sexual se permite otras liber- dríais imaginar, menos gitanas; faltaba fuedet en El sexo débil- -es del hombre guapo. tades, que, al parecer, -no compromete el go en la danza del fuego, faltaban celos y No necesita ser inteligente, ni instruido, ni porvenir conyugal de la mujer en otros paí- rencor en el desafío, pero sobraba gracia, deprobo. Basta con que sea guapo y con que ses. E l hombre no se preocupa ya de emular licadeza, ritmo alado, agilidad... j Cuál de sepa, naturalmente, sacar partido de sus a Colón a exploración del continente feme- las tíos interpretaciones, la de las bailarinas prendas personales. N o importa que sea tí- nino. Se contenta con la obra colonizadora españolas de la Argentina, o la del cuerpo que opera, no sobre sentimientos, sino sobre de ballets de la Opera de Viena. puede juzmido. Y a lo sacarán de su retraimiento. materialidades tangibles y reproductivas... garse como mejor, como más agradable al ¿Quién? L a mujer que se sienta flechada por él. Gómez no necesitó más que eso para España, en ese punto, no está al nivel de menos... Y o no sabría contestar a sta ser feliz. Primero se casó con una millo- las grandes naciones. Aquí el amor- cuent; pregunta... L a España que traen ai tablado naria, y al arruinarse en combinaciones todavía y la pasión no ha perdido su pres- los artistas vieneses es falsa, indudablemenfinancieras desgraciadas, su propia mujer le tigio romántico. Hav mujeres muy bellas te; pero no lo es menos la que mos raron al insta para que se divorrie ríe ella v contra: que se tienen por fe ees siendo esposas fie- público de París los artistas de España. L o ga segundas nupcias con otra dama acauda les y madre abneg; as. que, no solamente real es! a música de Falla, v sobre la músilada. Bueno; pero ¿y el amor? L a señora se desviven por su hogar, sino que encuen- ca- -esmeralda purísima- -se han reflejado dos de Gómez, que ha tenido numerosa y ro- tran ocasión de interesarse compasivamente luces distintas y gratas. EL TEATRO EN