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VISTA D E L DANUBIO A SU PASO POR LINZ roe desgraciado y viejo, no quiso comprometer un nombre que se había hecho famoso venciendo a Turena y combatiendo gloriosamente contra Conde, los dos m á s grandes generales de su siglo. Comprendió, como hombre sabio y prudente, que la guerra era juego de azar y de fortuna, y que no convenía cansar a la suerte. Napoleón se detuvo un día ante su tumba; sería una m a ñ a n a como ésta, de noviembre, fría y triste, pero el Emperador no sentiría el invierno p r ó x i m o n i la melancolía de los campos sin luz, porque traía aún sobre los ojos el resplandor de la gloria de U i m y en una- aurora cercana se iba clavando el sol de Austeriitz. De esta ciudad hizo su cuartel general antes de atacar el ejército de los dos E m peradores a iados, y dio principio, desde aquí, con una desacertada maniobra, a aquella se rie de afortunadas operaciones, que, culminando en la jornada de los tres Emperadores, le abrieron por primera vez las puertas de V i e n a H i z o pasar sobre estas aguas grises del r í o una parte de sus tropas para que avanzara por la margen izquierda, a medida que el grueso del ejército continuaba su marcha por la orilla opuesta... M e vais a motejar de atrevido si oso criticar una de las operaciones mandadas por tau gran c a p i t á n sin embargo, debo decir que ei envío del Cuerpo de e j é r c i t o de Mortier a la orilla izquierda del Danubio no era suficientemente necesario y fué una falta que pudo tener fatales consecuencias... N o no son mías esas palabras que acabáis de leer; las escribió en sus M e m o rias el general M a r b o t Aquel bonapartista, tan pagado de la gloria de s u Emperador y de la suy propia, que se desea el final de sus escritos para que acaben tantas 1 LINZ. CASTILLO DE ROSEMBERG (MONTAÑA DE LA ROSA)
 // Cambio Nodo4-Sevilla