Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
E N la isla de Java son los príncipes mismos comediantes, y Jas danzarinas adquieren- -como se advierte en el, grabado de una de ellas- -el rango de esposa del Suitán. Hace unos años, no muchos, estaba de tal modo en entredicho, por Europa, la profesión de- comediante, que no enterraban en sagrado a ningún farandulero. V a diferencia, en verdad, de lo uno a lo otro. Sin embargo, la verdadera tradición, la estirpe y el honor están de parte de esta concepción sagrada de las representaciones de teatro. Por supuesto, que los príncipes de Java no teman parte en las representaciones teatrales por capricho, excentricidad o degeneración de ningún orden, sino todo lo contrario: por continuar fie! es a una tradición de noble y remoto abolengo, según la cual eran y son consideradas ciertas representaciones teatrales como ceremonias sagradas. Esta es la verdadera tradición de todas las representaciones de teatro. E l teatro ha tenido, desde siempre, más de templo que de nada. Quizá el mismo entredicho en que luego cayó la profesión viniera de la indignación que en c ertos medios debió de producir el hecho de que se hiciera liberal- profana, por tanto, y profanadora acaso- -una misión que había sido antes, m á s que profesión, sacerdocio; más que juego, liturgia: rito sacro. Todas las ceremonias religiosas y toda ceremonia en general ha sido siempre- -y es- -una representación en toda regla. Siempre se trata de re- presentar, de presentar otra vez- -más o menos EL PRINCIPE SUSUKUMAM D E SURAKARTA- EN SU PAPEL D E L GRAN GUERRERO NACIONAL w i R E N G UNO D E LOS HERMANOS D E L SULTÁN REPRESENTANDO E L PAPEL D E BRAHMA en alegoría o simulacro- algún fenómeno impresionante de la naturaleza, fenómeno interpretado, por supuesto, a lo divino. Las danzas fueron antes simulacros de los astros o movimientos de magia, cabalísticos, para honrar, o aplacar, o rogar a las divinidades misteriosas. E l respeto se manifestaba siempre haciendo una comedia. Y ahora también, todavía. E l quitarse el sombrero para saludar, ¿qué es sino una comedia y un signo de respeto a un tiempo mismo? E s un gesto de ballet, de circo; un gesto absurdo; un gesto innecesario si se toma al pie de la letra; para encontrarle el sentido es preciso hacerse cargo de que la persona que saluda está interpretando una comedia y que los espectadores tienen también que interpretarla como el que la representa. Porque nunca ha de olvidarse: no es el actor solamente el que interpreta una comedia; la debe, igualmente, interpretar el público todo. Una comedia puede fracasar por mala interpretación, pero no de los actores, sino de los que la escuchan. Allí donde hay respeto hay comedias, y todos los que en ella toman parte la interpretan como indicio de consideración; nos quitamos el sombrero; decimos Está a su disposición cuando una cosa nuestra gusta al prójimo; decimos A los pies de usted doblamos el espinazo o bajamos la cabeza; dejamos pasar a los dem á s al entrar o salir por una puerta, y las personas que reciben ese trato aceptan la comedia y entran en el juego con naturalidad. Interpretando ellos también, e interpretando bien, contestan al saludo con otro gesto inútil; agradecen la oferta del objeto, sin tomarla al pie de la letra; besan la mano, sin besarla, al caballero que besó los pies sin dar el beso, y procuran pasar por la puerta sin estarse media hora en un terco pugilato de Pase usted... No, no; pase usted... Pues no faltaba m á s De ningún modo... Las personas que se obstinan en ofrecer a todo trance el homenaje de dejar pasar primero caen en falta por varias razones,