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pero sobre todo por n a por tomar aquéllo en literal y no en comedia. L a insistencia ante una puerta- -como en otros muchos casos- -adquiere m á s cariz de disputa que de g r a c i a y a no parece que el insistente pretenda y quiera agradar, sino vencer, saliéndose con l a suya. Y esto es descortés, en efecto, y no galante, porque el insistente se olvida de ¡que. aquello de pasar por una puerta delante o d e t r á s de. otro es una m e t á f o r a pura- -de arte, de. comedia- -y no un bien por sí mismo. Cae el insistente en error, porque toma a pecho el hecho y no lo que representa. Se olvida de que está representando y pierde, a l olvidarlo, los papeles. Pero ahora v a ocurriendo lo contrario; ahora hay y a personas, no que pierden los papeles, sino que los rechazan a conciencia, basándose en que hacer tales comedias es indigno de los hombres como ellos: serios, racionalistas, positivas. S i yo no beso las manos- -dicen ellos- ¿p o r qué voy a decirle a un señor que se las beso... N o señor. Y o le estrecho l a mano y nada m á s Todo lo demás son comedias... ¡E x c e l e n t e B i e n pensado... ¡Q u é descubrimiento s u t i l N o besamos l a mano, en efecto... Todo eso eran comedias... D e fijo que era comerciante el hombre a quien se le o c u r r i ó semejante descubrimiento. L a s cartas comerciales, en efecto, han sido las primeras en aceptar esa modificación del formulismo y substituir el besa de antes con el estrecha de ahora. E l mundo se ha hecho comerciante. Por eso las ceremonias van a menos. Y a no quiere ei hombre de hoy hacer comedias. L a s comedias para eí teatro... Pero, ¡a y! el teatro es la vida, y como lo es, lo uno trae lo otro; cuando no se quiere hacer de veras, con toda seriedad, comedias en l a vida, las comedías de las tablas pierden, consecutivamente, jerarquía. Cuando la comedia era sagrada, tenían- -como se ve- -ios m á s altos personajes a honor y a gran honor ser ellos los primeros en ofrecer- -ante el pueblo y ante el cielo- al pueblo, ejemplo, y a las divinidades, homenaje. Estaban muy lejos de suponer que aquello fuese mentira, y ponían en el juego toda su dignidad y su respeto. Pero ahora, cuando l a ceremonia les parece una f a l s í a cuando la comedia les parece, no una farsa, sino una f a r s a n t e r í a- -n o es i g u a l- cuando en vez de alegoría les parece engaño y no creen que existe en la. vida m á s que l o positivo y lo- positivo es lo contante y sonante- -sobre todo lo contante- las comedias se atienen también a los ingresos: al dinero que pagan por verlas unas gentes que, a su vez. sólo atienden al dinero. L a divinidad de hoy es l a taquilla y así vemos tantas obras que son divinidades; pero divinidades de taquilla. Antes los hombres ofrendaban a los dioses la? cosas de com e r sacrificaban las reses y las aves en honor de algo m á s alto. A h o r a son sacrificados los dioses ante los comestibles. E s la mesa y no la misa la que regula y motiva nuestras emociones m á s caras demasiado caras, ¡ay! las emociones de l a mesa, quién sabe si poi lo mismo! Antes era hacer comedias lo principal: lo de pr mcipcs. A h o r a eso ya se encuentra solamente, si acaso allá, por a l g ú n rincón del O c é a n o Pacífico... Puede que sea pacífico por haber sabido conservar ¡t o d a v í a! esas costumbres... 5 MANUEL ABRIL (Fotos Boyer.