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Callejero matritense. LA MADR 1 LENÍSIMA C A B E C E R A D E L RASTRO, ESCENARIO D E D R A M A Y D E SAÍNETE EN LA SALA TEATRAL QUE ES LA CABECERA DEL RASTRO LA BATERÍA DELIMITA EL ESCENARIO POR DE DELANTE DE LÍA FUENTE, Y ASI LCS BIGARDOS QUE LA CIRCUNDAN TIENEN E N SU ASPECTO ALGO TRAMOYISTAS OCIOSOS Altozano popular y populoso de l a c i u d a d atalaya de los barrios castizos, que desde la confluencia de Embajadores- y la Ribera se asoman a la inmensa planicie manchega, adivinándola tras el montículo del C e r r o de los Angeles, idealmente encerrado en una capilla gótica, cuyas líneas esbeltas d i b u j a n uno y otro día en el aire las hélices zumbadoras de los pájaros de acero que vuelan en torno suyo; sede residencial de E l o y Gonzalo, el soldadito heroico para quien parece escrita la página marcial de Jacinto G u e r r e r o Soidadito soldadito el es orgullo besarte eapañol, sol la frente. la inmensidad del agro de Castilla l a N u e va, simulada con unas pinceladas de ocre dadas al desgaire para producir el efecto bajo l a lumbre del sol, oculto en una b a m balina- de cielo. Son pasos a l a escena Embaladores y Maldonadas en primer término; E n c o m i e n da y Ruda, en segundo, y aún, por u n practicable hábilmente disimulado, suben del f o s o fingiendo que llegan de lo último de la barrancada del Rastro, traperos y marchantes, hembras de rompe y rasg a y gente del bronce, u n tanto modernizados en el indumento; pero con el mismo gesto de picara truhanería en el rostro c u r tido por los vientos serranos. Creemos, mirando de frente esta m a r a villosa decoración natural, que el telón acaba de alzarse sobre ella, y, suspenso nuest r o ánimo por u n momento, dudamos acerca del género a que pertenezca l a obra que vaya a representarse. E l instinto nos dice bien pronto que allí ha de brotar u n sainete; el recuerdo nos hace pensar en u n d r a m a Y acabamos por persuadirnos de que en la Cabecera del Rastro hay u n drama y u n sainete: aquél, en el ambiente; éste, en los personajes que l a frecuentan... E s de ayer mismo el drama que, con l a fuerza de lo inmortal, vibra en el recinto típico de este lugar tan madrileño. Pese a los hechos sangrientos que l a estadística de l a criminalidad podría fijar como acaecidos en ella- -agresiones pasionales, r e yertas de compadres, pendencias estúpidas de juego y a l c o h o l- la Cabecera del Rastro no había tenido su drama hasta el 23 de septiembre de 1928. Entonces fué cuando l a F a t a l i d a d- -d i o s a del drama puro, presente y a en l a vieja t r a- valiente, del en que tantas veces han cantado, de cara a l a estatua, como u n himno de gloria a la b i zarría del humilde inclusero, que pintó con su sangre su propio blasón, las mozuelas de Maldonadas. Encomienda y la R u d a sede, atalaya y altozano, la Cabecera del Rastro es acaso uno de los lugares madrileños de más penetrante aroma teatral. N o es preciso, para aspirarle, que u n escenógrafo copie lo pintoresco del lugar, trasladándole a u n escenario como fondo de unas escenas de sainete: l a Cabecera del Rastro es tan teatral, que se falsea en el teatro. E s ella y a de por sí escenario y sala; considerándola idealmente, vemos extenderse el patio de butacas en el anchuroso semicírculo de l a plaza de Nicolás Salmerón, con su p l a tea a retaguardia, en el embudo de la calle de los Estudios, y sus palcos, perdidos en los soportales de la de T o l e d o l a batería delimita el escenario por delante de la fuente, y en la amplía perspectiva del telón de foro se dibujan con fuerte colorido los tenderetes del Rastro, las viejas Américas y ...SEDE EL RESIDENCIAL DE ELOY QUE GONZALO, CON SOLDADITO HEROICO, SU SANGRE SU PI 3 ÍTO PROPIO BLASÓN
 // Cambio Nodo4-Sevilla