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MUSSORGSKY E l debut reciente, y con gran éxito, en P a rís, del bajo Ciaudio Got, en su papel de personaje del Zar Boris, en la ópera Boris Godunoff, de Mussorgsky, ha centrarlo! a atención de los aficionado al arte operátíco y de la crítica en la citada y admirable del malogrado músico ruso. H o y casi al medio siglo de la muerte de aquél, su obra empieza a ser conocida en perfecta integridad, en toda su v e r d a d gracias a las representaciones de una de las c o m p a ñ í a s que en Moscú la ponen. E l l e c t o r quedará seguramente sorprendido al leer esta afirmación de la simultaneidad de dos representaciones de Boris Godunoff en Moscú. E n ellas está precisam e n t e io interesante del caso, y ellas demuestran el extraordin a r i o temperamento artístico deí p u e b l o ruso, que llena a diar i o los dos teatros que dan las representaciones oiohas, cuando tienen Jugar. E i h e c h o sin emb a r g o perfectamente Jerto, obedece a la exhumación de la ópera de Mussorgsky tal. como éi ia compuso. J L O cual obliga a decir que el Boris que en todo el mundo se ha representado hasta ia fecha y que tanto hemos podido aplaudir con entusiasmo, en el arreglo de R i m s k y K o r s a k o f f d i s t a bastante, acaso para bien de la técnica y facilidad de comprensión de la ópera, de l a que, con su bravia c incorrecta inspiración, c o m p u s i e r a Mussorgsky. Ninguna censura ha de m e r e c e r por e lo Rimsky- Kdrsakoff, y a que, gracias a haber intervenido en el arreglo de la- obra, se ha podido conocer ésta, si bien no con texto y p a r t i t u r a verdaderos. L a s alteraciones que tanto una como otro N. han debido sufrir por obra del citado colaborador han permitido que l a obra no siguiera todavía en estado de pretendiente a estreno. P a r a éste, tal como la ópera fué concebida y compuesta por su autor- -que también lo es de ¡a letra- no resultaba potable a l paladar del zarismo. Revolucionaria en su esencia, aunque no lo pretendiera, no podía ser permitida en la época, todavía tan próxima y ya tan distante al parecer, en que los Zares eran dueños absolutos de su país. P o r otra parte, con su arreglo, R i m s k v K o r s a k o f f se propuso honrar la memoria fie su mejor e inseparable amigo, lanzando su obra a la admiración de las muchedumbres, dotándolas, con sus adaptaciones a una técnica comprensible, de las cualidades que hasta hace poco eran requeridas para la representación de las óperas. Y SU BOR 1 S GODUNOFF ópera en cuestión ha proporcionado a la mayoría de los públicos. Nunca testimonio de acendrada amistad pudo ser ofrecido con mayores pureza v a l truismo. P o r eso no se sabe qué agradecer más, si el conocimiento de la ópera o la labor de R i m s k y gracias a la cual el mundo entero ha tenido conciencia del formidable movimiento de revolución renovadora que, en el sentido c u l t i v a d o por Mussorgsky, vino a completar, en la segunda mitad del pasado siglo, ta i n i c i a d a por. Wagner, de quien el autor de Boris fué contemporáneo, y de cuyos éxitos y fatigas hubo de tener plenas referencias. E n 1874, c u a n d o se estrenó la p r i m e r a versión del Boris Godunoff, W a g ner estaba en todo el apogeo de su g l o r i a entregado de lleno a la creación de su Parsifal. El extraordinario interés q u e despierta el conocimiento de la ópera de Mussorgsky se aumenta en s u m o grado cuando se conoce la complicación de detalles y renunciamientos a que el autor, consciente de la bonr- acl y belleza de su obra, hubo de someterla para dotarla de potabilidad L a c u a l i d a d acaso más significativa de la ópera, tal como M u s sorgsky la concibió y l l e g ó a componerla, era la senciüez, el laconismo, la gran condensación dramática. U n desprecio casi absoluto de lo accesorio en holocausto consciente a lo principal. Cualidad que, como es comprensible, en la sociedad imperial de tal época, no era 1o más a propósito para entretener al r e f i n a d o smart auditorio del c i tado t e a t r o del San Petersburgo de entonces. Otra de las cualidades que l; i hacían poco deseable era su falta de elemento feS menino en el reparto; pecado intolerable en un país en que los cantantes y cantatrices eran verdaderos t i ranos y gozaban de una insuperable influencia en las esferas de la Corle, a cuyos gustos todo se subordinaba. De suerte que el pobre Mussorgsky hubo de introducir escenas en que jamás pensara al componer su l i breto, para dar ocasión a que la privada de la Corte y del público, la soprano madame Platón, no hubiese de quedarse entre bastidores v pudiera salir a recibir las aclamaciones cíe la muchedumbre en ios números que ex profeso para su lucimiento hubo de componer... Bien es verdad que, si: i la influencia decisiva de tal cantante, n quien la Empresa y la Dirección del teatro no se atrevían a contrariar, la ópera de M u s sorgsky no se habría puesto en tal sazón y no se sabe lo que hubiera tardado en ser N o podía intentar otra finalidad Rimsky Korsakoff, si se piensa en la más que fraternal, profunda e inquebrantable amistad que entre ambos geniales músicos reinara hasta la muerte de Mussorgsky. L a actual exhumación de la ópera, en su prístina concepción, no quiere, decir la anulación y entierro del arreglo o versión de Rimsky- Korsakoff. M u y ¡por lo contrario, el PANTCHECHIN EN EL PAPEL DEL ZAR BORI interés se acrece formidablemente en Moscú para el espectador que, habiendo visto y oído un día la versión aceptable de Rimsky en ei teatro del Estado, puede a su sabor contemplar al siguiente ia obra impoluta, en su desnudez y candor originales, en el teatro Stanislavsky- ¡llamado E s t u d i o- en donde se la presenta con las imperfecciones y ios arrebatos que- la hacían no potable en los tiempos zaristas. Esto, por lo que a Moscú respecta, que en Leningrado el rigor en pro de la obra original se manifiesta no representando más que ésta, precisamente en el teatro M a r i n s k y en el que, con todas las mutilaciones del caso en aquel entonces, hubo de ser representada por vez primera, aun a n tes del arreglo de Rimsky- Korsakoíí. E l mundo, fuera de Rusia, es deudor a este último del conocimiento y deleite que la 7