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BERLÍN. UNA OFICINA D E CORREOS EN UN BARRIO VIEJO CHICAGO. E L- MAYOR ALMACÉN D E L MUNDO L A V E J E Z D E LAS CIUDADES Y L A VIDA Antes, las ciudades envejecían menos de prisa. Las ciudades se hacían viejas, como los hombres, por los años, y el tiempo era el único que destruía las casas. Ahora, ante los edificios que vemos construir, tenemos la sensación de que pronto serán reemplazados por otros: serán viejos e inservibles en una fecha próxima. Podríamos decir que! c hecho hoy tiene carácter provisional. Mañana, la constante reorganización de la vida, las nuevas necesidades, harán que desaparezca. Un arquitecto norteamericano ha dicho que estamos en la agonía del tejado. No habrá tejados, ni cúpulas, ni los templetes que rematan las casas. L a ciudad será una serie de agrupaciones de cubos al mismo nivel, y con eso se perderá la silueta de líneas curvas y violentas que tiene ahora. Algo de la ciudad moruna: terrazas, terrazas y terrazas que se comunicarán por encima de las calles. Esto ocurrirá cuando todos hayamos perdido el miedo a volar, cuando tengamos un avión como ahora poseemos una bicicleta. Pero no es preciso esperar a que se generalice el avión para el cambio de la ciudad. Otros factores intervienen con más apremiante influencia. Por ejemplo: la mujer. La mujer, que se ha lanzado a las profesiones acaparadas por el hombre; nuestra compañera aspira a su independencia económica, no quiere guisar, barrer, fregar, porque tiene que ir al despacho, al almacén, a la fábrica, al laboratorio... Los hombres protestan, se resisten, gruñen y se burlan, pero la mujer nc les hace caso. Y yo me atrevo a decir que tiene razón la mujer. Su actitud de rebeldía contra los hábitos de tiempos que pasan, no sólo es justa y legítima, sino también el; punto de partida para una transformación más racional de la vida económica. Si reflexionamos libres de prejuicios, comprenderemos cuan absurdo es que, para freír dos docenas de huevos consumidos en los almuerzos de cuatro hogares, se necesiten cuatro cocinas, cuatro fogones y cuatro cocineras. Reduzcamos el hecho a cifras y veremos que el método es derroche. Hay que aplicar a la vida doméstica el mismo principio que rige el abastecimiento de luz o de calefacción, que ya en la ciudad de Darmstad es servicio municipal el tínico distribuidor. L a técnica ha liberado a la mujer de muchas obligaciones domésticas, tales como acarreo de agua, encendido del fuego de cocina, preparación de los artefactos de alumbrado, de lavado y planchado, la calefacción. Empero quedan otros quehaceres a los que la mujer FUTURA E L H O T E L MAS A L T O D E L MUNDO. E L DESPARRAMAS! IENTO ES ANTIECONOMICO. está todavía obligada: cocinar, fregar la vajilla, limpiar las habitaciones, coser y zurcir, operaciones todas incompatibles con su tendencia a una mayor intervención en las actividades que le den independencia económica. Me anticipo a las réplicas de los lectores hombres. ¿Que quién va a hacer esos menesteres? ¿Que la vida del hogar quedará destruida? Esos menesteres serán nrofesiones en lugar de imposición. Habrá el oficio de limpieza de habitaciones, es decir, será mayor el número de hombres y mujeres que, con jornada legal de ocho o menos horas, barran y aseen las habitaciones, provistos de máquinas aspiradoras de polvo y otros utensilios mecánicos. Habrá el oficio de lavadores de vajilla, también por procedimiento mecánico, si es que la técnica no encuentra una clase de platos que, una vez usados, vayan a fundirse para fabricar nuevos o alimentar la caldera de la calefacción central de la ciudad entera. De la misma manera que ía técnica ha evitado que una mujer pase horas y días en hacer un par de calcetines, llegará también a suprimir el zurcido. Calculado el valor del tiempo y el coste del hilo necesario para suprimir el agujero en una media, resulta más caro que encargar- la reparación a talleres provistos de máquinas, que realizan el mismo trabajo mucho mejor. Y lo mismo podemos decir de los vestidos: la fabricación en serie por obreros, bajo la dirección de artistas modistos, y la aparición de nuevas materias, como la seda artificial, que abaraten las telas, liberarán a la mujer de la costura, los arreglos y los remiendos. Por la intervención de la mujer en la actividad mundial, la producción y el consumo serán mayores y, consecuentemente, se reducirá el coste de los artículos. De este modo se hará una razonable distribución del trabaj o las diferentes labores serán oficios, y acabará la anarquía de personas que han de bastarse a ellas mismas y reemplazan a los profesionales. Las consecuencias de esto son derroche y pobreza. Derroche, porque la energia y la capacidad de un individuo dotado para actividades de más rendimiento material o intelectual se pierden en labores de orden secundario. Derroche, porque lo que hace la máquina en pocos minutos reclama el esfuerzo de varias horas de una persona. Pobreza, porque la substitución del profesional restringe la necesidad de empleo. L a vida de hogar no desaparecería. Es decir, sí; acabaría esa vida de hogar en
 // Cambio Nodo4-Sevilla