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ABC. MARTES 7 D E ENERO D E 1930. E P I C I O N D E ANDALUCÍA. P A G 6 la independencia de Venezuela y Nueva Granada E n las filas de Boves no hubo n u n c a más de 160 españoles- -escribe el gran historiador venezolano; y añade: Considerar como defensores conscientes del régimen colonial y del Monarca a los 10 ó 12. CCO zambos, mulatos, indios, y negros que constituía los Ejércitos de Boves, Yáñez, Rósete, etc. y no establecer diferencia entre éstos y los verdaderos representantes de España, que fueron, en general. humanos, generosos, justicieros, y por esta causa víctimas del odio y de las persecuciones de aquellos mismos bandidos, que se llamaban defensores de R e y equivale a arrebatarle a nuestra revolución -ús más típicos y peculiares caracteres L a prolongada y sangrienta lucha civil diezmó la flor de la nación, retrasó considerablemente la evolución económica, generalizó las tendencias anárquicas, destruyó el imperio de las leyes escritas, substituyó la Constitución escrita por la Constitución orgánica, basada en el caudillaje, y dio a la sociedad venezolana un carácter ampliamente democrático, en el sentido de igualdad absoluta, pero bajo la vigilancia de un dictador, de un César, salido casi siempre del pueblo. L a presidencia bolivariana, es decir, vitalicia, es la principal ley orgánica de los países con la historia y la formación social, semejantes a las de Venezuela. E n ellos sólo puede haber paz y prosperidad mientras un César democrático r i j a sus destinos y cuando éste cae, hay una era de levantamientos y anarquía, mientras no se imponga otro dictador de la misma cepa. Los t, ue quieran conocer la verdad acerca de la América hispana, y no se contenten con frases altisonantes y mentiras convencionales, no dejarán de leer y meditar la obra de Laureano Vallenilla Lanz. ANDRE- S REVESZ UN GRAN HISTORIA- DOR AMERICANO Justicia a España S i Vallenilla L a n z no fuese venezolano, sino francés o alemán; si. sus libros no se publicasen en. Caracas, sino en alguna de las grandes capitales europeas; si en ellos no se ocupase de los orígenes de la democracia venezolana, sino de la británica, estoy seguro de que adquiriría. la reputación de un Fustel de Coulanges. Aparte de algunas obras del peruano Francisco G a r d a Calderón, no conozco a ningún- historiador que tan profundamente haya penetrado en el estudio psicológico y sociológico de los pueblos americanos como Vallenilla Lanz. (Los libros de Carlos Pereyra se distinguen por otros méritos. N o le he visto nunca, ni siquiera en retrato, pero me lo imagino así: cara pálida y descarnada, mirada escéptica, labios delgados; aspecto general austero y algo triste. Estoy convencido de que a los poetas prefiere los moralistas- como un L a Rochefoucauld; a Rousseau, V q l t a i r e a Michelet, Tocqueville. Nada le es tan odioso como la retórica fácil de los trópicos y las mentiras convencionales de los políticos demócratas. A la ilusión más poética prefiere la más áspera de las realidades, aunque ésta llegue a herir el patriotismo mal interpretado de su pueblo. U n a de las mentiras convencionales que Vallenilla L a n z se ha dispuesto a destruir es la que afirma que en un momento dado toda América se sublevó contra la tiránica España y la venció a l cabo de una prolongada lucha. Mentirá- -dice Vallenilla L a n z- nuestra guerra de independencia fué una guerra c i v i l Y lo demuestra despiadadamente, con. cifras irrefutables. L o demuestra, no sólo porque- -como reza, el lema de su libro- -II n y a pas dans le monde une raison asses forte pour empecher un homme de science de publier ce qu il croit étre la venté (Renán) sino también porque la demostración de su tesis le ayuda a explicar la formación de la sociedad venezolana y de los partidos políticos, así como los frecuentes levantamientos, una vez adquirida la independencia, y, finalmente, la necesidad de un gendarme, o sea de un César democrático. Fué una guerra c i v i l titúlase el primercapítulo de la obra. U n a guerra civil, en que España no hizo sino auxiliar, tardía y mezquinamente, a la gran mayoría de los venezolanos que sostuvieron sus banderas contra los heraldos de la Independencia, generalmente reclutatíos entre la gente bien del país, que reprochaba a la metrópolis el apoyar contra sus privilegios a la pequeñaburg. uesía y hasta a los hombres de color. Las clases bajas, como los terribles llaneros, l u charon durante varios años al lado de España, ciertamente no por amor a la madre P a tria, ni por un ideal superior, sino porque en Boves habían encontrado un caudillo que les dirigía en ese camino y sabía excitar sus salvajes instintos de rapiña y destrucción. Pero después de la desaparición de Boves aquellos mismos llaneros, conducidos por Páez, pasaron al campo de la Independencia, sin cambiar de indisciplina, de crueldad, de instintos anárquicos. Vuestros hermanos- -dice Bolívar en 1 S 13 a sus compatriotas- y no los españoles, han desgarrado vuestro seno, derramado vuestra sangre, incendiado vuestros hogares y os han condenado a la expatriación. M u y pocos españoles vivían ea Tierra Firme, y muy pocos soldados enviaba la metrópoli para aplastar la sublevación, así que, sin el apoyo de la mayoría de los mismos venezolanos, E s p a ña no hubiera podido sostener la guerra por largo tiempo, y. sólo en dos batallas como Chacabuco y Maipó hubiéramos asegurado
 // Cambio Nodo4-Sevilla