Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
A B C. V I E R N E S 10 D E E N E R O D E 1936. Í 5 DICION D E ANDALUCÍA. P A G 10 inocua. Donde e peligro comienza es en cosas p e ñ o s grotescas: en ciertos ideales de la vida, en la densidad de la atmósfera moral, en la textura de los víncu os convugales y familiares, en la glorificación de un tipo femenino entre infantil v pros ibulario. en una porción de ideas difusas, que se vierten dentro de cada país como disolventes. N o d i g o q u e esos ideales sean inferiores a los propios de los demás pueblos. L o cierto es que son diferentes. Y parece anómalo que organismos vivientes, como las naciones, no reaccionen contra las tuerzas ex- erio. res que tratan de destruirlos en lo esencial, de arrebatarles su personalidad y darles la poco lisonjera de comparsas. Pues, ¿cómo se explica que los Gobiernos, tan celosos de defender la independencia nacional en lo externo y visible, que en el caso de una captación total de la Prensa procederían a censurarla o suprimirla, se crucen de brazJS ante ese hecho de que sea un país extranjero quien tenga en sus manos el medio más eficaz y constante de propaganda en lo interior de cada nación, v vaya introduciendo en ella sus propios anetitos. acostumbrando a las masas a la idea de su indiscutible superioridad moral, ejerciendo, en fin, una influencia que va desde la ornamentación capiiaT de los rostros masculinos al cariz general de las almas de ambos sexos? L o que los Gobiernos, por falta de sensibilidad para vaiorat. los imponderables no han hecho, comienza a iniciarlo e l n ú h i c n que se ha dado cuenta de lo que significa ese monopolio yanqui. Esa es la razón profunda del enojo que a los espec adores franceses les ha causado la. impertinencia de querer imponerles, a pretexto de divertirlos, la lengua de un país imperialista. Porque la pe- IMPERIALISMO Y C I NEMATÓGRAFO El monopolio se acaba E n un gran music- hall parisién, transformado ahora en sala cinematográhca, se ha suscitado un escándalo al proyectarse por primera vez una pelícu a americana sonora. Los personajes se producían en inglés, o er. ese idioma parecido al inglés, que, hablan los yanquis. Y como el público no los entendía, promovió un alboroto de índole tal, que hizo precisa la intervención de las autoridades policíacas. H e ahí un caso en que el nacionalismo francés está plenamente justificado. Fuera de la gente superficial, para la que. toda novedad exótica debe ser acogida con entusiasmo, sin que sea lícita someterla a cuarentena en lo mora! ni político, ni a Aduanas en lo económico, es evidente que hay en Europa un núcleo importante de espíritus reflexivos que se da cuenta de lo ominosa que resulta la influencia norteamericana ejercida en el mundo mediante la cinematografía. ¿Q u é sucedería si en los principales Estados europeos se hiciera público que los periódicos más importantes en su totalidad, y los de rango secundario en su mayoría, hubieran sido comprados por un país extranjero para utilizarlos como instrumentos de propaganda? L o probable es que se adoptasen disposiciones legislativas para hacer frente a esa corrupción, y que se tomasen las medidas adecuadas para contrarrestarla. Esos periódicos podrían tener los mejores grabados, as m á s extensas informaciones telegráficas, la colaboración m á s selecta y retribuida. Tanto más representarían un peligro cierto para la independencia espiritual de las naciones donde apare- cieran. Mediante ellos se podría modelar a voluntad de un grupo de capitalistas o de un Gobierno extranjero, la opinión susceptible de dejarse influir por la letra impresa Y es claro que esa labor no se haría de modo brusco, que pudiera ser claramente advertido y denunciado, sino paulatinamente, al modo que opera una lima sobre na materia dura, desgastándola hasta pulverizarla. L a tarea se realizaría tomando a broma o satirizando los idea es fundamentales de cada nación, haciendo entrever como mejores los que convinieran a la cuadrilla de capitalistas invisibles, silenciando lo que dentro de cada país pudiera despertar entusiasmo, fomentando, en fin, las fuerzas de dispersión que hay latentes en el seno de todas las sociedades humanas. Pues algo por el estilo, sino que infinitamente m á s grave, está acaeciendo con el monopolio de hecho que los americanos ejercen en la cinematografía. Porque, al fin, los periódicos se dirigen- -sobre todo en pueblos como el nuestro- -a una parte de la sociedad tan sólo, la que sabe y quiere leerlos. M i e n tras que el cinematógrafo opera sobre la totalidad de las masas, hasta de las analfabetas, con fuerza peisuasiva incomparablemente superior a la de la palabra escrita. Allí donde no llegan los diarios ni las revistas nacionales, aparece con eficacia la pantalla en que se proyectan las imágenes que el ingenio yanqui considera adecuadas para la exportación. Y el rudo aldeano, que no sabe leer la historia de su Patria, conoce perfectamente el heroísmo habiíual de los jayanes norteamericanos, y la generosidad de la Empresa que ampara bajo sus pliegues la bandera de las barras y ¡as estrellas. Si la propaganda se limitara a difundir las glorias militares de Norteamérica y el valor personal de sus hijos, todavía sería