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a los esclarecidos autores la situación de la escena de la obra que lleva aquel nombre. U n a cancela de hierro separa al patio del zaguán. Aquél está rodeado de galerías con arcadas sobre columnas de mármol blanquísimas. Durante el verano las galerías se amuel a n con sillas de anea o de rejilla. mecedoras, piano, etc. L a s paredes se visten de cuadros y de las arcadas se hacen pender macetas con enredaderas y jaulas con canarios. E l centro del patio, donde suele lucirse una fuente de surtidor cantarino, se viste con macetas, cuyas plantas son verdes v pomposas. L a luz se amortigua con un toldó de lona, que los sevillanos denefoinamos vela. Aunque estuviese desnudo, el patio es una bendición. L a parte principal del argumento de El genio alegre tiene su desarrollo en el patio de la casa de los Cepero, del barrio de Santa Cruz. Perteneció primero el interesante palacio a los caballeros A l f a r o y de ahí el nombre de la placita donde está enclavado. Luego lo habitó muchos años el canónigo D Manuel López Cepero, posesor de una valiosa colección de cuadros. E n las galerías que daban al patio hubo durante algún tiempo colgados varios retratos de los ilustres ascendientes de esta linajuda familia. A esta época se refiere el primer acto de El genio alegre. Así describen su escena los autores: E n el amplio, vetusto y sosegado patio del palacio de doña Sacramento Alcázar, marquesa de los Arrayanes. A l foro, hacia la derecha del actor, está la ancha escalera del palacio, y hacia la i z quierda, el portón y una gran ventana con reja, por la que se ve el zaguán. Arcos anchos y airosos, que descansan en gruesas columnas de mármol. E l suelo, de mármol también, en el centro del patio, y de ladrillo en ¡os corredores. Balcones en el piso superior, que corresponden a los corredores altos. Colgada ante el portón, una gran farola. Decoran las paredes retratos al ó eo de los ilustres antepasados de la familia, dos de los cuales son un fraile y una monja. Todos estos pormenores coinciden con el patio de la casa de los Cepero, y así Sevilla entera lo reputa como el- patio de El genio alegre. La calumniada tiene su escenario en el precioso compás del convento de Santa Clara, en la calle del mismo nombre. Se estableció este monasterio en las casaspalacio que fueron de la propiedad del i n fante D Fadrique, hermano del Rey Sabio. P o r donación que de ellos hizo D. Sancho e! Bravo, según consta en un documento que fechó en T o r o el 15 de noviembre de 1289, pasó a ser de las monjas de Santa Clara. E l Rey conquistador, San Fernando, y sus descendientes lo colmaron de privi egios; pero andando el tiempo las pobres monjitas, faltas de aquellos auxilios, han tenido que enajenar parte de la huerta con la célebre torre de D Fadrique y algunas dependencias del caserío. Cuenta la historia que doña María F e r nández Coronel, fundadora del convento de Santa Inés, se refugió en el de Santa Clava huyendo de las persecuciones amorosas del Rey D Pedro I de Castilla. Y un día fué. tal el asedio, que tuvo que esconderse en un hoyo de la huerta, haciéndose tapar con tierra. E s t a floreció prodigiosamente, burlando la persecución del enamoradizo M o narca. Así describen los hermanos Alvaréz Quintero esta escena de La calumniada: Compás de u n cierto convento sevillano, denominado por el vulgo de las Reliquias, y que el arte y la historia hicieron famoso. Fundado por una dama virtuosa y noble, cuyo nombre no es preciso decir, y cuyas cenizas reposan en el templo, fué desde su
 // Cambio Nodo4-Sevilla