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entrega hoy a los guardias, deben desaparecer, porque él sistema no es moral. Hay que obligar a las Empresas de los coches de línea a que, como ocurre en otras poblaciones europeas, arranquen de las afueras. Que instalen si quieren sus estaciones de empalme con los tranvías, con el Metro... pero lejos, lejos del centro, donde son y constituyen un verdadero estorbo... ¿Y hay muchas? -preguntamos. -Nada menos que noventa y ocho, y con coches enormes, que parten de las calles y plazas más céntricas, abarrotados de viajeros, con baúles, maletas, líos de ropa, paquetes, cántaras de leche, etc. etc... Pero, ya escampa, porque, según me aseguran, estái pirepairado para prestar servicio un nuevo coche que tiene ¡nueve metros y sesenta y cinco centímetros! de eslora... y cincuenta butacas! ¡Vamos, sí, un verdadero monstruo! ¡En las calles de Córdoba lo quisiera ver maniobrar! Y Recogiendo el hilo de sus reformas, sigue el Sr. Abarca. -Hay que obligar a los carruajes de tracción de sangre, dedicados al transporte de mercancías, a que sigan un determinado itinerario; hav qite evitar el estacionamiento de automóviles en calles que no lo permiten- -tales la de la Cruz, Príncipe, Carretas, Preciados, Arenal y Carrera de San Jerónimo- prohibir el vallado de edificios con merma del espacio que utiliza en la acera el transeúnte; llegar a la supresión de puestos en la vía pública, porque así lo exige las necesidades del tráfico rodado en el Madrid de ahora; colocar señales luminosas, aumentar el número de guardias, para no vernos obligados a dejar desatendidos, como acttualiríente sucede, muchos lugares de gran circulación; ampliar las aceras en ciertas calles céntricas; requisar patios particulares para espera de autos; proteger al viandante, exigiéndole a la vez que obedezca las órdenes y bandos que en su beneficio dicta la Alcaldía- Presidencia, y no hablo del tranvía, porque una Comisión municipal se ocupa, según tengo entendido, de cuanto a éste concierne. No está mal el programa si se cumple, comentamos; pero se desenvuelve nuestro Ayuntamiento en una atmósfera tal de indiferencia... Se advierte en aquella casa tan poco cariño a este nuestro bendito pueblo madrileño... Y juzga el Tribunal... Los guardias haií tomado nota en la calle de las faltas que cometen la imprudencia, la incuria o el descuido. Se ¡ha tramitado lentamente la denuncia ¿por qué dar un disgusto con urgencia? señalándose día para el juicio. E l Tribunal: Castan (concejal jurado) Abarca (jefe del tráfico) y Ochoa (oficial administrativo) se constituye puntualmente una vez a la semana. Y sin solemnidad, familiarmente, como patriarcales administradores de una justicia que debiera ser siempre dulzura y suavidad, puesto que mejor que en otras zonas cabe la templanza en la sanción municipal, se juzga y multa al que no llevó su mano al ciclista que caminaba sin farol, al conductor que se dejó en su casa la documentación del coche, al carrero que abandonó el vehículo en la calle, al que carecía de placa de circulación o al que pisó el acelerador con dema- siada fuerza... Y como es raro el que, a pesar del patriarcado, logra escapar sin castigo, no faltan escenas pintorescas ni regateos graciosísimos sobre la multa impuesta. -i Para qué soy requerido? -Para notificarle que se le impone un duro de multa por llevar las luces apagadas... ¿Cuánto dice usted? ¿Cinco pesetas? ¿Y no puede ser menos? Bueno, pues dejaré doce reales a cuenta... MANUEL T E R C E R O E L TRIBUNAL SE CONSTITUYE, CON TODA PUNTUALIDAD, UNA V E Z A LA SEMANA, Y PATRIARCALMENTE SE JUZGAN LAS DENUNCIAS POR FALTAS D E POLICÍA URBANA. (FOTO DUQUE) 1
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