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Pueblos de conquistadores- MEDELLÍN, EL DE HERNÁN CORTÉS MEDELUN DIBUJO D E VÁZQUEZ DÍAZ C o n tan recio vinculo h a juntado la H i s toria estos dos nombres, haciéndolos inseparables, que decir el de la villa extremeña, equivale a evocar, inevitablemente, l a figura gigantesca del conquistador. Y llega a tal punto la indisoluble unión, que los restantes sucesos, prósperos o adversos, acaecidos a través de los siglos en torno a la colonia medellinense, ceiebradísima por P l i n i o así como los demás personajes que allí tuvieron su cur. a, son a manera de satélites menores que apenas brillan, sombreados por el astro de primera magnitud. D e vez en cuando, 110 más, y como por incidencia, suele recordar algún que otro erudito, que, junto a las virtudes y merecimientos del glorioso soldado, tiene Medellín en su h a ber hazañas de cruz y de espada, gestas de descubrimiento y colonización que calaron hondo en el ancho surco nacional. Este silencio con que l a crítica histórica borró de un golpe fechas y cifras, hombres y hechos que desde su fundación honraron los anales de aquel pueblo, sacaba de sus casillas a aquel buen cura D Eduardo Rodríguez, quien, con ser fervoroso y desapoderado amante de Hernán Cortés, juraba y perjuraba ser harto nociva en materia histórica la prescindencia de otros factores que con nc menor eficacia habían contribuido a hacer de la v i l l a base geográfica y psicológica de nuestra dominación en América. -M i r e usted el castillo- -me d e c í a- no se cae de viejo, romo aseguran los del A y u n tamiento, que hasta con el soplo quisieran apresurar la caída, ellos sabrán porqué; no se cae de viejo, aunque motivos de vejez los tenga, pues casi toda su fábrica es romana: se derrumba y desmorona porque hoy una piedra y mañana otra, los usufructuarlos de las desamortizaciones civil y eclesiástica no descansan en la tarea destructora de esta fortaleza, que ya en tiempos de D Pedro el Cruel sufrió el rudo embate de los luchadores en las guerras de sucesión, hasta tenerla que reedificar casi del todo el infante don Sancho de Castilla en 1373. Desde este torreón almenado que ostenta su escudo de armas puede a m a r a v i l l a reconstruirse la famosa batalla que en 1809 se dio en estos campos, con grave quebranto para los. f r a n ceses; también desde aquí se divisa el solar el maravilloso palacio de los Portocarrero, señores de la villa, lo poco que queda de la casa nativa de Hernán Cortés: paredones y cimientos. ¿Responderá a certeza la tradición que asegura haber nacido allí aquel genio valeroso e intrépido que dio a los Reyes Católicos más reinos que pueblos habían heredado de sus padres D e las iglesias parroquiales, conventos y ermitas cada año v a desapareciendo alguna. Sudores y trabajos sin cuento- -añade- -nos h a costado la erección de la estatua que usted ha visto. S é acometió la empresa como obligación de desagravio al insigne extremeño y también como medio de educación popular, a fin de que los hombres de hoy tuvieran por espejo de acción y pensamiento los de su antecesor, si bien tengo de advertirle que, a cumplirse la justicia en toda su plenitud, habríase de levantar un pedestal en cada calle, pues si Cortés representa la más pura y alta gloria, no fué la primera n i l a única en punto a descubridores guerreros y colonizantes en América. Más de cincuenta tengo yo filiados en mis notas, los unos compañeros del gran conquistador en Méjico. Zacatula, Colina y Jalisco, como Diego López de B e navides, J u a n Pantoja, Alonso del Busto y Martín de Talavera, otros gobernadores de iSiueva España como Sebastián Cerrato, Martín de Ribera, corregidor de Arequipa, y Alonso de O r t i z que lo fué de Osorno. A ñ o s después de escuchar estos elogios un tantico apasionados he tenido ocasión de comprobar documentalmente la espléndida verdad de algunos, cuya divulgación seria tan oportuna como valiosa, para i r rehaciendo la historia, no sólo de esta v i lla, sino de toda Extremadura. E l escritor agustino adre Corraliza da nombres y noticias de cuarenta y seis personajes naturales de Medellín y cuya actuación en América es bien merecedora de recuerdo. Cabalmente en estos mismos días, el profesor del Instituto de Cáceres Sr. Muñoz y Bocanegra ha publicado un libro, Extremadura y América. U n criterio documental y científico señorea las breves y jugosas páginas, que marcan el camino de las reivindicaciones que España y el mundo entero deben a la región olvidada. M e d i o siglo escaso- -escribe el distinguido catedrático (1510- 1560) -bastó para que dilatados espacios geográficos fuesen sincrónicamente recorridos domeñados m i litarmente e incorporados, como nuevas provincias, a la Corona de Castilla. Pues bien, en estos movimientos y empresas la participación de los extremeños es enciente. Decisiva. N o ¡hay paí! s cíe América en cuya exploración o conquista no existan uno o varios nombres de caudtllos extremeños, figuras de primera magnitud. B i e n pudiera añadirse que uno de los lugares preeminentes corresponde a Medellín, de donde tomaron nombre importantes ciudades de Colombia, Filipinas y Méjico. J. P O L O BENITO