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A B C. D O M I N G O 12 D E E N E R O D E 1930. EDICIÓN D E ANDALUCÍA. P A G 25. Nada de monopolio para obligar a la familia a enviar a sus hijos a las escuelas del Estado, contra las exigencias de su conciencia. E l Estado tiene el derecho de organizar sus escuelas conforme a las necesidades de los tiempos; pero respetando los derechos de la Iglesia y de l a familia. ENCÍCLICA DESU S A N T I D A D PIÓ X I SOBRE L A EDUCACIÓN C R I S T I A N A D E L AJ U VENTUD La Encíclica está redactada en Italiano Roma 11, 5 tarde. (Crónica telegráfica. L a Cancillería Apostólica, de una manera no común, pero muy conforme a- los tiempos presentes, al asunto especial y también al modo moderno de tratar dicho asunto, ha publicado en italiano, por primera vez no en latín, el texto de una nueva Encíclica de Su Santidad Pío X I al que seguirán las traducciones. en francés, inglés, alemán, español y polaco, editadas por la tipografía del Vaticano. E l tema de la Encíclica es: Sobre la educación cristiana de la juventud. E l Santo. Padre ha querido que sea ésta un recuerdo de su Jubileo sacerdotal, y está redactada con el deseo y afecto, dedicado y recomendado a la querida Juventud y a sus educadores. y en el orden natural es la fecundidad y el principio de la vida y, por lo tanto, el principio de la educación a la vida, porque la autoridad es el principio del orden y su derecho. Por lo tanto, es anterior a todo derecho de la autoridad civil y, por lo mismo, del Estado. Por esto el Código del Derecho Canónico declara de una manera explícita y perentoria la grave obligación que tienen los padres de atender a la educación, tanto religiosa y moral, como física y civil, de sus hijos. Deducimos de todo lo anteriormente expuesto, que es contrario al sentido común del género humano el pretender que el niño pertenezca al Estado. Armonía entre la potestad espiritual y temporal Esto es un aviso muy oportuno frente al nacionalismo exagerado, que llega hasta i m poner la formación militar, la educación física a los niños y aun a las niñas, quitando el tiempo necesario- -aun los domingos- para el cumplimiento de sus deberes religiosos. N o condena Su Santidad en la presente Encíclica toda r. quella parte de la educación que se llama cívica, que puede ser tan amplia, que comprenda todo lo que el Estado debe hacer para procurar el bien común. L a obra del Estado- -continúa- -en la educación de la juventud, debe armonizarse con la de la Iglesia, como la potestad temporal xlebe i r unida a la espiritual, como la Razón y la Fé. Y esta armonía debe existir entre el Estado y la Iglesia, así como l a tutela de la justa libertad científica, como la libertad didáctica, como el respeto del derecho del maestro y del discípulo. L a educación de la juventud no debe ser un m o n o p o l i o del Estado E l derecho a l a educación de los niños pertenece a la familia, que es conocido jurídicamente por las naciones que saben respetar el derecho natural de las instituciones públicas. Así, recientemente, la Corte Suprema de los Estados Unidos, en 1925, declaró que el Estado no tiene ningún derecho para obligar a la juventud a recibir instrucción en las escuelas oficiales, precisamente por la razón de que el niño no es una criatura perteneciente al Estado, sino que pertenece a sus padres, que tienen el derecho y la obligación de formarle en el cumplimiento de sus deberes. E l Santo Padre, como Jefe de la Iglesia, y los padres, en materia de educación, no causan el menor daño al Estado, pues los títulos que éste tiene para intervenir en la educación de la juventud son, en efecto, de carácter muy diferente. E l Estado no tiene ningún género de paternidad sobre el niño; pero tiene la m i sión de promover el bien común temporal, y, por tanto, de asegurar a la familia la paz y la tranquilidad en el ejercicio de sus derechos. N o puede, por tanto, obrar de tal manera que sustituya a la familia, sino que debe proteger sus anteriores derechos en la educación de sus hijos, respetando los de la Iglesia sobre la educación cristiana. Pertenece al Estado, sin duda, proteger los derechos de los niños, cuando la acción de los padres, material y moralmente, sea defectuosa. Puede suplir a los padres, no reemplazarlos; su campo de acción es el promulgar la educación y la instrucción de la juventud, favoreciendo y ayudando en las iniciativas de la Iglesia y de la familia. Puede exigir que todos los ciudadanos tengan un cierto conocimiento de sus derechos civiles y nacionales y un cierto grado de cultura intelectual, moral y física, conforme a las condiciones de nuestro tiempo. ¿A quién pertenece la misión de educar? E l Santo Padre propone en primer l u gar, esta cuestión: ¿A quién pertenece la misión de dar educación? Esta primera parte de la Encíclica está tratada con gran amplitud. De las 41 páginas de la misma, 24 se ocupan de esta cuestión. L a educación- -dice- -es una obra esencialmente social. A tres sociedades es nece- saria, en cuyo seno nace el hombre y que deben concurrir a sus fines respectivos: la familia y lá sociedad civil, que son de orden natural, y la Iglesia, que es de orden sobrenatural. L a Iglesia, en primer lugar, tiene un doble título de orden sobrenatural para ejercer esta misión educadora. Y a lo dijo Jesucristo: I d y enseñad a todas las naciones. Su maternidad, por tanto, es sobrenatural, porque ella engendra, alimenta y forma las almas en el camino de la gracia. P o r esto, con pleno derecho y con total independencia, se ocupa de todo lo que se refiere a l a educación, incluso la educación física. E l naturalismo pedagógico P o r esto no debe educarse con ios errores y métodos del naturalismo pedagógico. Es siempre pernicioso, especialmente si se aplica a la elección de Estado, la vocación sacerdotal y religiosa, y a las funciones de la gracia sobre las almas. Pero especialmente se manifiesta peligroso y dañoso en la llamada educación sexual, y sobre el método de la coeducación. Sobre estas cuestiones la Encíclica da, en breves y claras palabras, las más sabias normas pedagógicas. E l importante documento indica a continuación la función de la familia, recomendando la educación doméstica. E l verdadero cristiano es el fruto de la educación cristiana Se refiere después al ambiente educativo de la Iglesia en toda su vitalidad, en su l i turgia y en sus obras e instituciones educativas. E n fin, indica el anibiente social de ¡a Escuela, que puede ser institución del E s tado, pero deben evitarse los daños de l a Escuela laica- o neutra, y no menos el de la Escuela mixta, aun en los países divididos por varias confesiones religiosas. L a Encíclica- -que es modelo de concisión y claridad- -explica, por último, la parte que corresponde a la acción católica en la Escuela, las dotes necesarias del maestro en una Escuela puramente católica, la formación de éstos y otras y parecidas cuestiones en relación on el Mundo y sus peligros, como son las lecturas, discursos y espectáculos, etc. etc. los oíales es necesario vigilar con todo cuidado sobre los jóvenes. E n fin y forma propia de la educación cristiana es la formación del verdadero cristiano, que es el único y verdadero hombre de carácter, el cual se comporta consecuentemente según la recta razón, iluminada por la fe y por el ejemplo de Jesucristo, modelo y, al mismo tiempo D i v i no Maestro. E l verdadero cristiano- -termina- -es el fruto de la educación cristiana, y es, por lo mismo, el hombre más perfecto y más útil a la Sociedad. Las últimas palabras de la Encíclica son aquellas magníficas de San Agustín, que se refieren a l a misión educadora de la Iglesia. -Turchi, L a misión del E s t a d o en la e d u cación E l Estado no puede reportar ningún perjuicio de l a acción encomendada a l a Iglesia, porque ésta no se opone en manera a l guna a que cada nación tenga sus escuelas y sus instituciones de educación. L o que es necesario es que ambas se conformen a las legítimas disposiciones de la autoridad c i vil y estén dispuestos en todo momento, de común acuerdo, para resol. as dificultades que puedan sobrevenir. L a misión educadora de la Iglesia se extiende a todas las naciones, en especial en fayor de sus hijos, para los cuales, en el transcurso de los siglos, jamás ha cesado de fundar multitud de obras de enseñanza, aun para los infieles, como puede verse en todas las regiones de Misiones, donde sus misioneros tienen las mejores escuelas. Esta misión educadora de la Iglesia no está en oposición con los derechos de la familia, n i con los del Estado, n i con los del individuo, por ser conformes a las exigencias de los tiempos. Que no está en contra de los derechos de la familia lo prueba el qiie la Iglesia, en el orden sobrenatural, recibe sus inspiraciones directamente de Dios, VEHTA A LIQUiDACBON PRECIOS OFICIALES D E MENOS D E L C O S T E D E LOS ÚLTIMOS EXTRAORDINARIA (AUTÉNTICOS) QUE QUEDAN D E L A GRAN EXPOSICIÓN Q U E S E C E L E B R A B A E N L A AV. PI Y M A R G A L L ¡SOLAMENTE P O C O S DÍAS! Av. P i y Margal! núm. 11. De 10 a 1 De 4 a 7.