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VARSOVIA EL DE PRESIDENTE CULTOS DE E LESNIEWSKT, SUDSKT, 7. EVSKI, MINISTRO DE AGRICULTURA; ZALESKI, ACRARIA, (POLONIA) E L N U E V O MINISTROS, Y DEL INTERIOR ASISTENCIA GOBIERNO REAL. DE IZQUIERDA DE DE OH RAS A D E R E C H A SEÑORES C Z K R W J X S K PlLDE MARISCAL PUBIJCSA D E L A REPÚBLICA, CON LOS NUEVOS INSTRUCCIÓN; PRySTOR. -MILITARES; BARTEL, REFORMA LA P E TRABAJO EX EL PALACIO SOCIAL: JOSEWSKT, MAT. YK JEWJOS. KUHX, MOSCICKT, COMUNICACIONES: K YínAI. D E ASUNTOS D E ASUNTOS Y L T. RXF. R, EXTRANJEROS; I) F. C O R R E O S PRESIDENTE (FOT D E L A R E P U I U J CA M ATUSS l A N I E W i I z, HACIENDA: PRESIDENTE D E L CONSEJO; KWIATKOWSKI. D E COMERCIO V TKf. ECRAEfwí. se opuso Tomás Jefferson, caudillo de los individualistas y defensor de los derechos de los Estados. Cualquiera de aquellos patriotas, aun con puntos de vista tan distintos, se hubiera avergonzado y hasta indignado si hubiera podido sospechar que siglo y medio después el Gobierno federal de los Estados Unidos estaría principalmente ocupado en prevenir la consumación de actos amatorios inmorales, el saboreo de bebidas alcohólicas, el robo de vehículos y la toma de drogas... Hace ciento cincuenta años esos delitos- -y la mitad no lo eran- -correspondían a la jurisdicción de la Policía local de cada vecindario. Y con tales delincuentes no se hubieran llenado nunca los presidios federales. Los tiempos cambiaron. Ahora se piensa de muy distinto modo. E l secretario, M i t chell, velando por las prerrogativas del Gobierno, se preocupa, no precisamente de eliminar todas las posibles causas de crimen, sino de hacer nuevas cárceles y ensanchar las actuales, para alojar a más presos... Según él, las recientes revueltas sólo obedecieron a tres motivos: exceso de alojados, mala alimentación y falta de trabajo. Y naturalmente, en esto no le falta razón. Si a los delincuentes se les enjaula, tres o cuatro por celda, y, teniéndoles en plena holganza, se pretende alimentarlos con 23 centavos diarios, ¡poco mejoramiento puede esperarse en su carácter, en su moral, en su patriotismo, o en cualquier otro sentimiento nobí. e! L a excesiva aglomeración de presos en cada penal se debe a que el pueblo no tiene tanta prisa en construir cárceles como los legisladores en llenarlas. Con menos delitos, sobrarían cárceles. Y las gentes nc serían peores, ya que ahora son muchos los que delinquen (como en el caso de las bebidas alcohólicas) por el placer, que antes no apetecían, de saborear lo que tan amenazadoramente se les prohibe. L a mala alimentación, que tanto ha de deprimir el á. nimo del que la sufre, es algo que parece increíble en un país donde el exceso de producción de materias alimenticias, es ya un problema serio. L a falta dí trabajo en las cárceles es culpa exclusiva de las grandes uniones de obreros, que se oponen a aquél, temerosas de la competencia. Para evitar ésta cuentan, gracias a sus votos, con los legisladores. Esta forzosa holganza de los presidiarios, no sólo motiva que las cárceles sean más costosas para los contribuyentes, sino, lo que es peor, agrava el espíritu de criminalidad de aquéllos, haciéndoles más viciosos y menos hábiles para ayudarse a sí mismos, y, ya libres, incapaces de trabajo alguno con que mantenerse. L o más que quiere permitirse a los presidiarios es que construyan o recompongan carreteras. Pero hasta en esto hay oposición. L a mayoría de los Estados del Norte, inspirándose en un falso sentimentalismo, prefieren que los reclusos no salgan de los presidios. E n el Sur ya es otra cosa. Allí se les permite trabajar en las carreteras, bien vigilados con guardias en armas y perros- policías... Dicen los del Sur, y ni esto convence a los del Norte, que el trabajo de los presos en las carreteras produce un doble beneficio: mejora las vías de comunicación y hace que los trabajadores, después de gozar del aire libre y puro, se acuesten cansados, llenos de sueño, y, por lo tanto, sin ganas de pensar en otras cosas. Muchos de los que están en las cárceles fueron a ellas precisamente porque no les gustaban los trabajos duros y prefirieron cualquier delincuencia que les permitiese v i vir sin trabajar. Si hubieran sabido que en el presidio tenían que trabajar, no hubiesen querido ir, Pero el trabajo de los presidiarios (en granjas agrícolas mejor que en carreteras) es bien recomendable y bien conveniente, i n cluso para ellos mismos. Si trabajan y cobran por su trabajo, podrán vivir mejor, podrán ayudar a sus familias, y hasta podrán ahorrar para el día en que se vean libres. Y si ese día se encuentran con 1.000 dólares en el bolsillo- -en vez de los cinco que actualmente se les acostumbra a dar- no será tan fácil que piensen, como el Martín Santovo de Zamacois, en la vuelta al penal! Como un difunto... M I G U E L DE Z A R R A G A Niieva Y o r k diciembre, 5 agt
 // Cambio Nodo4-Sevilla