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PRECIO AL PUBLICO EN FRANCIA: Número ordinario, 0,60 francos. Número extraordinario, 1 franco. 1182 F E R N A N D E Z Y GONZÁLEZ ¡EL P A S T E L E R O D E M A D R I G A L 183 tan sobre si, que es poco lo que hacen el Tribunal del Santo Oficio y la justicia ordinaria para reprimir herejes y revoltosos. Poco es tener de hierro la vara, porque yo, en vez de ella, quisiera tener la espada de fuego del arcángel San Miguel, y aunque nos quedáramos pocos, los que quedaran serían Buenos, y valen más pocos y buenos, que muchos y malos. -Vos, señor don Rodrigo, veis las cosas, no como las cosas son, sino como a vos- os parecen; quisierais vos, y este es achaque de todos los ministros de justicia del reino, que sólo al veros temblase y se metiese en un puño a todo un pueblo, olvidándoos de que los castellanos, de tan buenos como son, pecan de bravos, y que menos se alcanza con ellos por la fuerza que por la prudencia y los buenos medios. Dígalo si no lo de esta mañana. Alboroto hubo, pero uno de esos alborotos inevitables, que tendrán siempre lugar aunque se castiguen a sangre; porque a los castellanos, cuando un insulto les sube la sangre a la cabeza, no se acuerdan de que hay oidores, ni alcaldes, ni picota, ni galeras, ni horcas, y darán siempre en el desacato y en la rebelión, si antes de que hayan satisfecho el grito de su honra se mete en medio de ellos la justicia. Yo no digo, tenedlo muy en cuenta, que vos no hicisteis muy bien en meteros a cuchilladas con vuestra ronda en medio del tumulto y procuraseis reprimirle; pero digo, sí, que nada de lo que hicieron o dijeron entonces ha podido ni debido tomarse a desacato ni resistencia a la ¡justicia del Rey; porque en aquellos momentos estaban encolerizados, y no sabían ni lo que hacían resistiéndoos y contestando a vuestras palabras. -Con ahorcar a los unos, echar a galeras a los otros y no dejar al menos sin azotes a ninguno, ya lo tendrán para otra vez en memoria, y bastará el alguacil más ruin para poner en paz a un pueblo entero. -Mañana, y por menos que hoy, harán lo mismo, si. no es que hacen más, a pesar de vuestra horca y de vuestras galeras. -Yo juro a Vuestra Excelencia que Madrigal no se atreverá en mucho tiempo a subirse a las barbas a un alcalde. -Si Madrigal no lo hace porque le despobléis, que no le despoblaréis, porque po fortuna para estos reinos hay en ellos quien es más prudente que vos, y puede más que vos, y deshace un alcalde de la misma manera que le hace, se alborotarán mañana Ríoseco o Arévalo, o la misma Medina del Campo, sin que para dejar de alborotarse les venga en memoria lo que vos habéis hecho en Madrigal, si es que os lo dejan hacer, que eso aún no lo habéis visto. -Daré, señora, con la venia de Vuestra Excelencia, parte al Rey de que hay una persona real que pone entorpecimientos a su justicia- -dijo don ¿Rodrigóla quien, como tenía poca, se le había acabado la paciencia, y poniéndose de pie tan lívido y tan pálido ya, que parecía el cadáver de un envenenado. Esto consistía en que la bilis del buen don Rodrigo. de Santillana era poco menos que ácido prúsico. -Pues oid lo que os digo, señor alcalde- -dijo doña Ana sin levantar la voz más de lo que antes la había levantado- yo, doña Ana de Austria, sobrina de Su Majestad el Rey de España, nieta del glorioso Emperador don Carlos, os mando en nombre del Rey nuestro señor, y mientras 1 Rey nuestro señor determina lo que ha de hacerse, que si bien podéis prender, cumpliendo con vuestra obligación, a todo él que os pareciere culpable, no paséis más adelante, ni echéis cadenas ni grillos a los presos, ni os propaséis a dar a ninguno un solo azote, ni aun siquiera poner a nadie a pan y agua, mientras el Rey nuestro, señor no determine lo que hubiere de hacerse. Y por que veáis que yo os conozco bien, y que sabía que no os apearíais de vuestra extremada severidad y de vuestra, secatura por mi intercesión, he aquí cerrado y sellado un pliego que he escrito mientras vos tardabais, en que doy parte al Rey nuestro señor de lo que ocurre, que hubiera inutilizado a ser vos más razonable, y que en este momento va a partir para Madrid. ¡Hola, Castronuño! Inmediatamente se presentó un hombre como de treinta años, de buen talante, y ya con botas y es- puelas. -A l momento a caballo, y de parte mÍ 3 entregad en Madrid este pliego al señor cardenal Granvela, para que dé cuenta inmediatamente de él al Rey nuestro señor,
 // Cambio Nodo4-Sevilla