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MADRID- SEVILLA 15 D E E N E R O 1930. SUELTO DE NUMERO 10 C T S CERCANA A T E T U A N SEVILLA DIARIO DO. N. ILUSTRAVIGÉ AÑO 8.441 S 1 MOSEXTO REDACCIÓN: PRADO DE SAN SEBASTIAN. SUSCRIPCIONES Y ANUNCIOS: MUÑOZ O L I V E ciales. Un Tolstoi, coloso creador de la no- nos interesa, en este pleito de la Academia, vela y absurdo apóstol laico de un nuevo es enfocarlo con serenidad, sin apasionaevangelio, que le separó, no sólo de todas miento ni prejuicios. Si a un ser vulgar y las Iglesias, sino que le inspiró las mayo- anodino lo nombran académico, el honor inres herejías contra el arte, la literatura y merecido sólo contribuirá a afirmar públicalos hombres más de la Humasu ineptitud consagrada. No deben convertirse en pleitos nidad. Recordemos eminentes Hugo, tan gran mente Academia un escritor de Mas si entra a Víctor en la talento y de poeta como nebuloso peñsadpr, cuya inge- cultura no por eso va a menguar su intelipolíticos nua fraseología popular parecía merecer el He seguido con interés el ligero revuelo despectivo comentario de Lecomte de Lisie: gencia, ni hemos de considerarlo reacciode polémica en torno a la vacante que ha Este Víctor Hugo es de una tontería sólo nario y fósil como pretenden algunos dejado en la Academia el inolvidable maes- comparable al Himalaya por su inmensidad iconoclastas, inspirados ppr el sectarismo o tro Andrenio, cuya pérdida lamentan todos Y, abreviando una lista interminable de es- por la envidia. Así cuando oímos barajar los escritores, sin distinción de ideas. Es critores insignes, podemos aplicar igual cri- los nombres de Unamuno, de Valle- inclán, de Miro, de Baroja, de Ortega y Gasset otro síntoma de los tiempo en los que terio a los sabios. para académicos, no regateamos nuestro in nada escapa ya a la publicidad. Hace unos E l que un Berthelot fuese incrédulo y, en condicional aplauso, por lo que a las letras años las vacantes de la Academia eran un pleito que solía ventilarse únicamente en el cambio, un Pasteur creyente fervoroso, ¿ha se refiere. Pero también desearíamos de ellos interior de la docta casa, por los propios de tenerse en cuenta al juzgar la obra cien- un si o un no definitivos, sin respuestas evaacadémicos. Una muralla infranqueable pa- tífica de ambos? No: rechacemos estos odio- sivas ni actitudes vagas. recía aislar aquel sagrado recinto de los sos partidismos, cuando la supremacía del ALVARO ALCALÁ G A L I A N O ecos del mundano ruido. Si desde fuera al- genio o del talento se sobrepone a los esgún escritor independiente pretendía des- trechos límites del encasillado. ¡Por Dios, i pertar la indiferencia pública acerca de un no convirtamos las elecciones académicas en nuevo candidato, a la inmortalidad oficial, campañas electorales de la vieja política parE L V I N O Y S U HIShacía, el efecto profano del hombre de la lamentaria! Además, tiene bastante, me paTORIA calle que alborotara a gritos a las puertas rece, la Academia con que un ukase de la de un convento. Porque se respiraba allí Dictadura la haya convertido en nueva to En España se obtienen al año entonces un ambiente hermético, cerrado, rre de Babel, imponiéndole el cultivo de los muy cerca de los 25 millones ele parecido al de un claustro, donde sólo se idiomas regionales, y transformándola en hectolitros, repartidos entre todas una especie de sucursal de la otra Academia reunían sumisas ovejas de la Iglesia e inlas regiones vinícolas. Es decir, Berlitz. que. aparte el naranjo, y tal vez fluyentes personajes de la política conserel aceite, el vino es el primer provadora. Hoy, por fortuna, las cosas han ¿Van a obligarla también ahora á. someducto agrícola nacional. cambiado mucho, y el caciquismo político terse al fallo del voto popular o al dictado Vinos de España (página 86) ya no predomina en la Academia Españo- de ciertos periódicos de gran circulación? Joaquín Belda. la. Un sabio eminente, gloria de la ciencia, En justicia, me parece excesivo. Si malo es preside esa ilustre Corporación. Han entra- que la Academia Española haya acogido en Entramos en el libro de Joaquín Belda do a formar parte de ella afamados escri- su seno a obscuras medianías, sacrificando tores, que, por su- ideología o por sus ten- el verdadero mérito literario, tampoco es con desgana y como a regañadientes. Su dencias, figuran en las llamadas izquier- tolerable que, desde fuera, se pretenda im- título nos impone. El vino! ¿Qué queda das Los periódicos de una u otra tenden- ponerle los candidatos, sin atender a los in- por decir de él? Agricultores de cátedra cia discuten o proponen a sus respectivos tereses propios o a las necesidades de aquel e higienistas literarios parecen haber agoCandidatos. Ahora las candidaturas acadé- organismo. Puede darse el caso, por ejem- tado el tema. Cuando alguien, en el curso micas se discuten casi tanto como el po- plo, de que sea más útil para la confección de un viaje o durante una comida, que son siBle resultado de un match de fútbol, aun- del Diccionario el laborioso filólogo, desco- los momentos en que el derecho de interque sea lamentable el ver al desgraciado nocido de las masas, que el popular poeta o pelación se ejercita, sin trabas, nos precandidato convertido en balón, al que se novelista. Hay escritores de indiscutible mé- gunta qué opinamos del vino, nuestra resdisputan, con violencia, uno y otro bando rito, que sienten o fingen desdén por. la Aca- puesta es siempre la misma. Es una inpara introducirlo, o rechazarlo del goal aca- demia de la Lengua en sus declaraciones pú- vención que honra al hombre. Todo lo que démico. Bueno es, desde luego, que las va- blicas... Lo cual no impide, a veces, que exalta la personalidad, creando, aunque sea cantes académicas ya no se otorguen de se dejen elegir académicos, aunque después, de un modo fugaz, optimismo y entusiastapadillo, atendiendo más al interés o a la una vez elegidos, se queden meses o años mo, cumple un alto fin. E l vino, el tabaco amistad que a la pura selecc n literaria. sin leer su discurso de entrada. Pretenden y el café son los amigos más fieles del Bien está el que se presenten sus candida- así demostrar su indiferencia respecto a los hombre. ¿Que a veces abusan de él? Para turas a ¡a luz pública y se agite la opinión, honores oficiales. Pero suele ser una actitud eso son sus amigos. Y o adoro el vino y pues ello, viene a afirmar la importancia de poco sincera, pues nada les obliga a presen- lo bebo siempre que puedo, esto es, siemla Academia, a pesar de tantas críticas hos- tar su candidatura, y menos a aceptar el pre que lo tengo a mi alcance y es de buetiles. Pero, en cambio, no van a ganar nombramiento. Recuerdan a esas señoras de na calidad. Lo que no me ha interesado mucho las letras patrias si cada sillón va- la grandeza, que suspiran por el lazo rojo de hasta ahora es la historia del vino. Qué cante en la Academia va a dar pretexto a damas de Su Majestad; pero que al serles necesidad hay de conocer los orígenes de polémicas políticas y al eterno pleito de las otorgado creen de buen tono quejarse di- lo que nos es agradable? E l árbol genea derechas e izquierdas españolas. A mí, ciendo: ¡Ay, qué fastidio! Y ahora no voy lógico de la mujer que nos gusta despierta al menos, me hacen poco o ningún efecto a tener más remedio que ir a Palacio de menos nuestra curiosidad que cualquiera estas etiquetas partidistas o actitudes ideo vez en cuando! ¡Pues buena me ha caído! otro de los que nos prestan su sombra en un paseo o en un jardín. Ha sido menest: ir lógicas en el concepto intelectual que me Protestas verdaderamente divertidas cuan- que ese asunto haya venido a la pluma merece un escritor. Para valuar una firma, su calidad literaria, su influencia cultural, do se ertá en el secreto. Y o creo que esa un escritor ameno para que su libro me no necesito saber su filiación política. Y farsa habitual se desbarataría fácilmente con haya recreado tanto como una novela llena con tail de que su prosa me divierta, me in- imponer la Academia a sus elegidos un pla- de peripecias dramáticas y graciosas. E l vino teréselo me deleite, dejo a ciertas encuestas zo determinado para leer su discurso de en- en la obra de Belda se va transformando, periodísticas la curiosidad de averiguar si trada. ¿Que no tiene usted ningún empeño por evolución natural, de un mero producfeu autor está conforme con el régimen ac- en formar parte de nuestra Corporación? to de la vid en un ser proteico que se hutral, si siente nostalgias de la Inquisición Pues ceda usted el puesto a otro, y no estor- maniza sin perder su condición primitiva para influir mejor sobre nosotros. Es un o si anhela para España el paraíso comunis- be quedándose en la puerta. También es raro él que los académicos ma o que nos redime de las miserias de ta de Moscú. Además que rara vez concuerdan, en armónico equilibrio, el genio españoles no pongan todos, al pie de la firma: la existencia, poblando nuestro espíritu de. literario y la clara visión de los problemas de la Academia Española, como hacen sus ensueños y nuestra fantasía de paisa íes políticos. Ejemplo: un Rousseau prodigioso colegas, en Francia. Pero allá el Reglamen- atrayentes. Ese taumaturgo incomparable, artista y demente sembrador de utopías so- to de. la docta Casa y la modestia individual al penetrar en nuestro dominio secreto, opeo colectiva de sus sabios varones. Lo que ra las revoluciones niás inesperadas. In- LAS ELECCIONES ACADÉMICAS b