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A B C MIÉRCOLES 15 D E E N E R O D E 1930. EDICIÓN D E ANDALUCÍA. P A G 6 dado a una materia, que no había salido de los dominios de la agricultura y de la estadística, la amenidad de una novela. E n su l i bro están la historia y la prehistoria del vino, expuestas con una probidad que prueba el rigor de sus escrúpulos. U n escritor como él, de fantasía, pu lo defender el uso del vino sin traspasar las fronteras del i n genio. E l tema se presta. H a preferido, sin embargo, moverse dentro del terreno científico, y para que su actitud no pareciese un alarde de pedantería, ha entreverado con los datos históricos las reflexiones que sugiere a todo hombre de su talento un asunto de esa naturaleza. Esas reflexiones confirman lo que ya sabíamos de Joaquín Belda, de su epicurismo mermado- de su indulgente filosofía de mundano, que conoce la fragilidad de todo lo humano. Pero los escarceos del humorista no adulteran en ningún mome- 1 el fondo de su obra. D e los antecedentes públicos y mitológicos del. vino, el ingenioso escritor pasa a disertar sobre la uva y las n- inipulaciones que sufre para convertirse en el líquido que nos alegra la vida, Belda discurre sobre las variedades de los mostos- con una competencia que me hará considerar sus opiniones en. lo sucesivo con más respeto que hasta aquí. Sabe los misterios del vino y está en el secreto de cómo y cuándo debe beberse, según los colores y las calidades. S u excursión al través de las bodegas españolas es algo más que un estudio minucioso d e e s a industria; es un servicio prestado a España. Si nuestros cosecheros son, como es presumible, personas de conciencia, están obligados a difundir el libro de Toaquín Belda, no tanto por favorecer al simpático escritor, sino por el interés de la industria vinícola. E n Francia hay más costumbre de recomen Habana con el distinguido odontólogo chileno, le habían tratado ya con especial simpatía, en los Congresos de Filadelfia, de años atrás. A l llegar a Chile, esas antiguas amistades se han renovado, y he ahí la na- rural explicación del recibimiento fastuoso dispensado en Valparaíso y Santiago al ir signe profesor español. Pero, ademas de su carácter científico, como personalidad consagrada a una especialidad, D. Florestán, Aguilar no era un señor ignorado en esta. República. Se sabía, por las frecuentes informaciones periodísticas, que desempeñaba lá Secretaria general de la Fundación denominada Ciudad Universitaria, iniciativa felicísima del Rey D Alfonso X I I I L o mismo chilenos que españoles estaban al tanto de los progresos incontenibles de esa admirable concepción del Monarca, y como se tenían noticias cier- tas de que un representante de la Ciudad Universitaria vendría a estas tierras, en tren de divulgación de lo que ella será y representará en la política sana de acercamiento hispanoamericano, de ahí que el arribo del ilustre n ensajero haya constituido la plasmación de un ideal. E s innecesario entregarse a una labor de ampulosidad para cifrar los resultados materiales de l a visita del vizconde. L a colectividad española, con la generosidad en ella tradicional, responderá brillantemente a la substancialidad positiva. Estas ofrendas españolas, posiblemente no sean tan fastuosas como hubiera sucedido años atrás, cuando no habían desaparecido de la escena una media docena de hombres de la clase de Menéndez, Nieto, Rioja, Rámila, Granja, Astoreca. Los ricos españoles de estos días son poseedores de modestos haberes. N o tienen esas acumulaciones nutridas que fluctuaban 1 E s 3 a mejor defensa de la d e n t a d u r a De venta en droguerías y perfamenas. CAUSAS y R E M E D I O S D E L A BAJA LA DEL CAMBIO L E A H O V MISMO ESTABILIZACIÓN D E L A P E S E T A POR EMILIO V E L L A N D O pensar ciertos esfuerzos que aquí, donde casi todo el mundo encuentra equitativo que el escritor pregone y defienda cosas y personas que, en el fondo, no le interesan. MANUEL BUENO Barcelona, enero, 1930. ABC EN CHILE L a C i u d a d Universitaria E l vizconde y la vizcondesa de Casa- Aguilar son actuales huéspedes chilenos. E l doctor Aguilar contaba en Chile con numerosos y buenos amigos. Sus colegas profesionales, entre otros el doctor Luis Fernández Rodríguez, y su esposa, la doctora V i c toria Mendoza, una belleza cubana, que casó