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ALGECERAS. U N INCENDIO EL JARDÍN DEL HOTEL REIXA CRISTTXA DESPUÉS (FOTO D E L TERRIBLE TIZOX) INCENDIO QUE DESTRUYO EL EDIFICIO LÓPEZ Benemérito, en nada i n f e r i o r a l soldado que con un lord, su desesperación es tan gran- una carta suya. Preso y condenado a muerse bate en el frente de batalla. Sus servicios a de, que la familia del muchacho teme por te, Sydney Reilly logra evadirse disfrazala causa pueden ser mucho m á s útiles que los su razón. L a convalecencia de aquella de- do de cura ruso, y se refugia en Suecia. del hombre que empuña las armas. Señalar- cepción es larga y dolorosa. E l estudiante Desembarca poco después en Inglaterra, y Jo al desprecio de la gente es una injusticia. vence, al fin, la crisis; pero su alma contrae al presentarse en Downing Street, residenE l espionaje mercenario es otra cosa. y a para siempre un incrédulo desprecio del cia del Intelligence Service, le imponen la Recuerdo un caso de u n hombre de nues- amor. ¿E n qué emplearía él los tesoros de necesidad de volver a Rusia, porque Inglaentusiasmo. y de abnegación que puso a los terra ha menester allí de un agente de p r i tra raza. mer orden. Otro, en su caso, tal vez vacilaM e lo presentaron en el hotel Edouard V I I pies de aquella mujer? L a guerra, que acaba de estallar, le abre se, no por temor, sino por la desproporción y el amigo que me hizo, obligado por las cirun horizonte. Otro en sus circunstancias qui- entre el riesgo personal y las probabliidades cunstancias, aquel disfavor, me d i j o de éxito. E l oficial obedece y parte. Su en- -L e he presentado a usted para que evite zá hubiera buscado la muerte en la línea trada en L frontera es un golpe de audael trato con ese sujeto. S u vida, poco clara, de fuego, eventualidad frecuente en aquellos cia. ¿D e qué se ha disfrazado? Nada mey el cinismo con que confiesa sus simpatías choques gigantescos. Sydney Reilly, que es nos que de comisario del pueblo, esto es, de. por la coalición enemiga de los aliados, me inteligente, culto y, como todos los pasiona- autoridad. ¿Cómo influye el recuerdo del les, hombre de imaginación, quiere aplicar parecen muy peligrosos. esos dones a la causa de su país, en empre- amor perdido en esa nueva aventura? S i n Y en efecto, aquel hispanoamericano cayó sas o aventuras menos rápidas que. un com- duda como un constante estímulo de muertres meses después, con varonil entereza, en bate. Para ser buen soldado no hace falta te. E l oficial quiere morir gloriosamente. E l los fosos de Vincennes, como la M a t a- H a r i más que el sentimiento del deber y l a deci- pasado le pesa sobre el corazón. L a frivoliEran dos ejemplares del espionaje mercena- sión. Ser un buen espía exige, además de cad común no comprende esa forma de marrio, que opera fríamente, con el pensamien- la intrepidez personal, otras condiciones su- tirio, que consiste en no poder borrar del coto puesto en el bienestar. Para ellos no hay periores al valor pasivo del militar. A l i n- razón una imagen de mujer, que por su teindulgencia posible. Pero el espía patriota, formarse de que su amada se ha casado, nacidad llega- a ser como l a presencia silendel tipo del capitán Sydney Reilly, no sólo ingresa en la gran institución, conocida en ciosa de alguien que nos acompaña sin ser, está libre de todo estigma de oprobio, sino todo el mundo por Intelligence Service, y para nosotros m á s que el fantasma de una que puede ser un héroe nacional. Su breve pide los puestos más peligrosos y las misio- ilusión burlada. ¿Cómo opera aquel recuerhisteria tiene tal dejo romántico, que no nes más desesperadas. Su voluntad de sa- do en el alma desesperada del oficial? ¡Q u é resisto al deseo de contarla. Estudiando en crificio es tan grande, que, nopudiendo em- conmovedora novela se podría extraer de sus b. Universidad de Oxford, Sydney Reilly plear al principio sus energías en el es- Memorias! Disfrazado de comisario del pueconoce a una bella señorita, y, alentado por pionaje, por falta de oportunidad, se hace blo, Sydney Reilly penetra, con una audasus coqueterías, se prenda de ella. Corazón aviador y es herido en Cracovia. Internado cia irresistib en las mazmorras de l a apasionado y vehemente, el escolar se i m- en Rusia, país que conocía desde unos años Tcheka y consigue l a libertad de numerosos prisioneros. Era- -dice Roberto Boucard- -pacienta por ser dueño de aquel tesoro, y antes de la guerra, su dominio del idioma nacional acaba por ser tan absoluto, que pasa un verdadero Frégoli del espionaje, que causin tener en cuenta la diferencia de su posisaba, por l a fertilidad de su inventiva, la ción social, comparada con el abolengo de en todas partes por ruso. Connaturalizado desesperación del Soviet... la señorita, solicita una entrevista con los con las costumbres del país, y bajo el nompadres de ella para pedir la mano. de la mu- bre del camarada Relinsky. interviene en la A l fin, sucumbió. L o s diarios ingleses jer que él considera su novia. L a contesta- política, fingiéndose comunista, y de los más daban cuenta de su muerte en éstos térmiadictos a Lenine. Merced a esa habilidad, ción es inmediata y brutal: el estudiante es nos: Reilly (Sydney) antiguo oficial de la arrojado a la calle por la servidumbre. N o puede suministrar a Inglaterra toda suerte Royal A i r F o r c é y miembro de la Intelli- de datos sobre l a nueva situación. Pero los tc- J. o se 5i a perdido, sin embargo; le queda tiempos son difíciles para los hábiles y la gence Service, ha sido muerto cerca de la la esperanza dé que l a señorita se ponga re- personalidad del oficial inglés es, al fin, iden- aldea de A l l a k u l (Rusia) por los agentes de sueltamente de su parte. P o r eso, al saber, tificada, porque la Tcheka ha interceptado! a Policía política del Gobierno de las Repasado cierto tiempo, que ella va a casarse públicas soviéticas U n gran amor sin ven 1