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Pvey el cuerpo del seductor de su hija, co ando de la viga. A l volver la esquina henos entrado en la casa de Pedro Crespo L a dueña nos recibe amable. Nos explica la causa de que se haya dividido en d s el antiguo solar. Secularmente, desde íie os que ninguno de sus ascendientes recuerda, vive esta familia en su morada. ¿P o r qué se L ma esta casa la casa de Pedro Crespo -preguntamos. L a mujer nos mira con estupefacción. ¿Q u e por qué? Pues si desde que la vivió el alcalde ha estado siempre esta casa en la familia, ¿cómo se ha de llamar? N i mis abuelos n i los suyos la compraron. Y siempre ha sido de nuestra familia, y todos la hemos vivido. E l apellido se perdió porque se acabó la línea de varón. Pero la casa siempre ha conservado el ombre. D e padres tí hijos, de abuelos a nietos, siempre se ha llamado así. Siempre hemos oído contar lo mismo. M i r e usted, señor, esta es la ventana por donde hablaba la mocita con el capitán. Aquí, venga usted; aquí está- la viga de la que lo colgaron. ¿N o ve usted? Está hendida. Desde aquí, mirando al trasluz, se ve la hendidura por donde pasaron la cuerda. L a mujer habla con una convicción firme, inquebrantable. N o imagina posible la discusión. Nosotros nos vamos sintiendo contagiados por esta certidumbre i n c o n m o v i ble. E u este pueblo de casas vacías graníticas, blasonadas con los escudos de los V a l divias, de los Monroyes, los Ares, los Méndez, los Ortiz de Gaeti, ¿por qué ha de ser imposible que estuviera el hogar humilde y firme de Pedro Crespo? Fué Lope el primero que llevó este asunto al teatro. Lope no tuvo nunca relación alguna con este pueblo apartado, perdido en estas dilatadas llanuras extremeñas, ¿Por qué localizó su i n vención en este paraje tan apartado y extraño para él? Calderón cumplió el precepto de Carapoamor para legitimar el robo literario. L o acompañó del asesinato. Mató la obra de Lope. Concentró el interés. Ordenó la trama. ¿Por qué tocó Calderón este asunto? -Calderón- -nos dice el actual sucesor de Pedro Crespo- -estuvo en Zalamea. Se hospedó en la casa de campo de la Mata. L a Mata es el encinar donde ocurrió la tragedia. De esto tenemos documentos probatorios, que le mostraremos a usted. Decididamente Calderón vino a Zalamea atraído por la tradición. O acaso fué el contacto con ella, al residir en estos parajes, lo que le sugirió la tentación de robar y matar ZALAMEA DE LA SERENA el engendro de Lope. Ricardo Calvo, a pocos pasos de la casa D O S A S P E C T O S D E L A C I U D A D QUE R A C E L E B R A D O U N A F I E S T A EN H O N O R D E S U de Pedro Crespo, evocó sus días con emoT A M O S O A L C A L D E I N M O R T A L I Z A D O P O R C A L D E R Ó N V I S T A D E L A TUL E S I A TWición desconocida para estos devotos creyenOULM. Y FACHADA D E LA CASA Q U E H A B I T O PEDRO í RKSrn (APAOn tes en su inmortal alcalde. L a humilde casa (F O T O S F O A R K O R P X A de Pedro Crespo es visitada con honores de santuario. ¿Quién se atreverá a inferir el to y austero, bordeado, en la lejanía, por las mujer, doña María Ortiz de Yaete, natural sacrilegio de una sospecha a esta fe santificada, confirmada por el arte? suaves ondulaciones de unos alcores r i- de Zalamea, como todos sus ascendientes. sueños. Nos refieren his andanzas de los caballeros J. LÓPEZ P R U D E N C I O- -E n aquel encinar fué la tragedia- -nos de Alcántara. Sus discordias v concordias Zalamea de l a Serena, en la casa de Pedicen nuestros acompañantes, señalando, con con los de Santiago. Los episodios del Befirme convicción, el sitio. cido eu el castillo... Hemos desembocado en dro Crespo, 16 enero, 1930. Hemos deambulado, curiosos, por las ca- una plazoletita reducida y antigua. lles del pueblo. Calles anchas y luminosas. -E s t a es la plaza de la Justicia- -nos d i Calles estrechas y empinadas que conducen ÁNGEL GAN 1 VET cen ccn reverente solemnidad. al ruinoso castillo. -E s t a es la casa de doña Isabel de M o n- ¿P o r qué se llama la plaza de la Justiroy, la hermana del Bezudo y de doña M a- cia? ¿E r a aquí donde se ejecutaba a los reos, (De las memorias de un gaceo es que estaba en alguno de estos edificios ría la Brava. instalado el tribunal? -preguntamos. -E n esta casa- -nos dicen poco después- -tillero) vivió Pedro de Valdivia. -N a d a de eso- -nos responde un viejecito Entre las diferentes desventuras que se- ¿P e r o nació aquí Valdivia? -nos atre- venerable que nos acompaña- Nadie sabe vemos a preguntar tímidamente, recordando por qué ni desde cuándo se llama así esta pla- sufrieron en España durante el año 189 S este ruidoso pleito. za. Yo, señor, tengo ochenta y cuatro años. se registró la temprana muerte de Ángel- -N o no, señor- -nos responde sonriente Conocí siendo casi un niño a mi abuelo, que Ganivet, desaparecido por propia voluntad, muestro amable interlocutor, adivinando nues- murió de ochenta y siete. Y le oí decir mu- después del prólogo de extinguirse la luz tra sospecha de que Zalamea quiera inter- chas veces que desde su infancia había oído de su entendimiento, uno de los más excelvenir en el pleito- Zalamea no se enva- decir a los viejos que siempre se había lla sos del siglo x i x y considerando con ranece más que de lo que puede, con derecho mado así esta plaza. Se decía que el alcalde zón que, hallándose de paso en este mundo, indiscutible. Valdivia habitó aquí, porque de monterilla- -así aluden siempre aquí a P e- no procedían estancias proIongadas. Bastó este era el solar de l a noble familia de su dro Crespo- -mostró, por esta ventana, al el anuncio de su preclara inteligencia para 1 r