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CÓRDOBA. P E R S O X A S O! FIESTA EN LA SIERRA A A F I K S T A C F T F n i m E X I. A Conferencia de Londres se debatirá nuevamente l a tan manoseada cuestión, que responde, en verdad, m á s que a un buen deseo pacifista- -aun concediendo mucha calidad a este factor- -a un imperativo económico. L o s muchos conatos realizados para conciliar la seguridad de todos con el recelo de cada uno hace que se produzca una mundial expectación cada vez que se anuncia el tema. Interesa saber si al fin se a b o r d a r á n sin rocieos los principales motivos que dificultan o hacen imposible todo acuerdo. T a n sólo en la fracasada Conferencia de Ginebra se dejó clarear la razón fundamental, y a la soía enunciación los m á s optimistas se declararon vencidos. N o bastaron aplazamientos y consultas. Cuanto no fuera discutir a un mismo tiempo el desarme naval y el desarme aéreo hacía inútil la continuación de las negociaciones. S o recuerda ahora, para aliento de los legados, el éxito que obtuvo la Conferencia de Washington. Se añora siempre que se renuevan las conversaciones, aunque todos conocen que l a solución allí alcanzada se hubiera logrado de la misma manera en L o n dres o en Ginebra. N o hubo entonces mejor deseo ni mayor habilidad diplomática. Se llegó al acuerdo sobre el capital- ships porque, sobre existir la imposibilidad económica de acrecentarlo, estaba en el convencimiento de todos que el porvenir no reclama grandes unidades navales. Unas sesiones luara acordar la supresión de las diligencias como medio de transporte en todas las naciones de primer orden llegaría a un éxito resonante con la misma facilidad que se avino sobre la cuestión de ios grandes acorazados el concepto de Washington. L o peor del caso es que el factor determinante para que pueda ser discutida sin reservas la cuestión de los cruceros no puede ser tratado todavía. Sería prematuro hablar del desarme aéreo cuando la armada aérea no existe aún sino en potencia. E n e ánimo de todos los gobernantes está que la 1 futura guerra se desarrollará en el aire y gran número los rápidos aviones de caza que en poco servirán todos los armamentos para mantener el entusiasmo de sus pilotos. de mar y tierra ante la potencia destructoSe dijo en la pasada Conferencia de G i ra, a largas distancias, de los aviones y el j nebra que todas las reservas que se opomortífero efecto de les gases. nían, con la sutileza de un rumor, a las proL o que no se ha definido hasta ahora es puestas de incluir en las discusiones el desla verdadera constitución de las flotas a é- arme aéreo, no eran otra cosa sino el esreas del porvenir. Se marcaban anterior- quema embozado de una ambición, porque mente dos tendencias distintas: una- -con- cada pueblo tiene la esperanza de sorprentinuación de la gran guerra- sostener un der a su adversario con una dominante flota gran n ú m e r o de pequeños aeroplanos, que, aérea. Quizá se ha exagerado un poco dánformando verdadero enjambre, arrojaran so- dole categoría de idea preconcebida. L o que bre el país enemigo la gran cantidad de no ponen én duda los técnicos es que el país materias explosivas que sumaran el conjun- que disponga de una masa de aviones de to de sus pequeñas cargas unitarias; la otra, gran bombardeo a largas distancias acalladesarrollar la fabricación metálica hasta rá rápidamente los más belicosos propósitos construir los aviones gigantes que pudieran del enemigo. elevar grandes pesos y muy principalmente De todos modos, l a armada aérea no está extender su vuelo en un gran radio de ac- creada. N o se la ve a ú n como se admiran ción, entrando en el país enemigo por luga- las grandes divisiones navales. Está en las res muy apartados de los frentes de com- f s i q á nada m á s que en ensayo. bate, dando grandes rodeos para burlar las Pero se acerca la fecha de verla cruzar fordefensas terrestres y permaneciendo en el mada por escuadras o navegar en unidades aire todo el tiempo necesario para alcanzar sueltas que se basten a sí propias. alejadas capitales y regresar, sin aterrizaje Ese fantasma es el que impone silencio intermedio, a sus bases. en las Conferencias navales. Mientras no se Los estudios y las maniobras realizadas conozca la potencialidad combativa de esas han ido señalando la supremacía de la se- flotas aéreas, será muy difícil acordar sobre gunda tendencia. Todas las naciones se la supresión de otros armamentos, especialaprestan a cambiar su industria, abando- mente aquellos que, como los cruceros; desnando la antigua construcción en madera, empeñan hoy papel principalísimo. Y si antes inspiraba recelos, en la próxique había llegado al límite de los tamaños ma Conferencia de Londres será algo más de prudente seguridad. S i la evolución no es m á s rápida, hay que i que un temor para quienes recuerden que achacarlo a su enorme carestía. Francia gas- ya han hecho sus primeros vuelos dos pota cuanto puede para transformarla, y hasta tentes aviones, verdaderos navios del aire afronta luchas políticas para mantener su- -uno de ellos aloja sus motores en el inteministerio del A i r e defensor de la nueva rior de las alas- que, situados a mitad de idea; Italia se sacrifica y mantiene su nu- camino entre América y Europa, ejfi el A t merosa flota aérea de pequeños aviones, lántico Norte, pueden elevarse con la segumientras estimula a los constructores y les ridad de llegar hasta las costas de Inglateexige modelos de gran porte; Inglaterra ha rra y regresar, sin aterrizaje intermedio, al dispuesto oficialmente la construcción metá- lugar de partida, después de haber dejado lica y se decide francamente por la avia- caer, en bombas o minas flotantes, hasta ción de gran bombardeo, sin hacer cuentas tres toneladas de explosivo. de lo que costará y sin dejar de producir en JOSÉ M E S P I N O S A 1 cas 0 U z
 // Cambio Nodo4-Sevilla