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rió ííay m á s remedid, a tal objeíd, que atravesar el río- y, pasada Triana, subir a San Juan de Aznalfarache y su castillo, o a Castilleja de la Cuesta. Pero existe un balcón casi desconocido, que nos entrega la mejor Sevilla, junto al primer término misterioso de la tierra más antigua de su contorno. Cerros de inquietante geometría, en uno de los cuales se ha descubierto la famosa sepultura prehistórica, conocida por Cueva de la Pastora. Escalando los primeros estribos del Aljarafe, por un camino de buen piso, y a doce minutos de auto, llegamos a Castilleja de Guzmán, pueblo blanco, insignificante, entre un mar de olivos, por donde el aire se aguza, como destilado de un cielo m á s azul, ponen verdes contribuciones les p i nos del Conde. Poco será encarecida la importancia turística del Aljarafe, verdadero paraíso a las puertas de Sevilla, sembrado de caseríos blancos, haciendas y alquerías de diáfana vida árabe. Decir aljarafe era para los moros como decir altura, mansión real, azotea. Y esto es: la azotea del campo para m i rar Sevilla, la mejor azotea de Sevilla. Pero quedémonos hoy en su primer escalón: Castilleja de Guzmán. Todo el pueblo es una calle, la carretera que sigue a Valencina y Salteras. ¿N o merecen una meditación es N f RK i r A TCI r tos nombres, cuya sola fonética sabe a l a branza, a sol, a feracidad, a júbilo andaluces? E s tan corto este caserío de Castilleja, que en una burla de panoramas puede des- saya en apuntar un centro en el cíeto. L a ello l e van tan bien las pirámides, antorhacer sus cales y esconderse entre las lomas iglesia tiene la fachada- tranquila, sin pre- chas o candelabros estilizados -que le resfáciles, si con curiosidad no nos paramos ocupaciones, como una frente de inocencia. petan, guardan y proporcionan, a contemplar expresamente sus bien enluci- E s amplia, abierta en bien cortada puerta, i- Enamora esta iglesia por su adecuada fisodos muros. Líneas rectas, sin accidentes, en- se enmarca luego para dar la sección de la nomía en medio del campo sevillano, y pone filadas las cubiertas de tejas, se van buscan- cubierta- a dos aguas del edificio, y después conatos de leyendas y recuerdos de milagros do en lo lejos, con la característica atrac- buscará a Dios, transfigurándose, paso a en el borde del camino. Guerrillas, contración de las paralelas. A l final, dos excepcio- paso, en espadaña pura, calada de tres va- bandos, muertes, amores rústicos. S i n emnes llenan y paran la mirada. A un lado, nos justamente calados y alegres de cam- bargo, está virgen de romances y aventuel molino aceitero, con su torre cuadrada panas. Como toda espadaña, ésta tiene un ras, no tiene historia esta fábrica, y tan elegantemente campera. A l otro, la igle- sentido de retablo- -la espadaña es un reta- acabada de ser levantada, que aún no tiene sia, sobre un andén encalado, amplia de- blo consagrado a los santos cuyos nombres culto. Acostumbrados a la destrucción de los lantera terriza, donde un ciprés joven se en- están en los labios de sus bronces- y por rincones m á s propios de Sevilla, la aven-
 // Cambio Nodo4-Sevilla