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MADRID- SEVILLA 22 D E E N E R O D E 1930. NUMERO 10 CTS. CERCANA A T E T U A N SEVILLA pira en él honestidad. Buscamos un rincón y nos instalamos. Las mesas contiguas están ocupadas por varias familias, que han preferido la novedad de lo desconocido en materia de cocina al condumio hogareño. Para Son las once de la noche. A l poner los pies estas buenas gentes, cenar fuera de- casa es en la calle vemos que el tiempo ha cerrado una fiesta. L a fuente de ostras que acaban en lluvia. E l agua cae lenta y minuciosa, de servir a los señores de mi derecha es sacomo si no tuviera prisa por mojarnos. N o ludada con gestos de satisfacción, como si hay, sin embargo, en el cielo aquella unifor- dentro de cada ostra viviese una perla. E l midad gris que tanto nos desespera en la padre, que debe ser comerciante, cuenta las gran ciudad del Sena. E l horizonte rojea, ostras con los ejos. Se ve que es un hombre como si se desprendiese de las nubes oolvo puntual en asuntos de aritmética. L a madre de rubíes E s a niebla escarlata anuncia que las rocía con limón, y dos muchachas, no el temporal no va a persistir. U n auto que mal parecidas, que deben ser los frutos de pasa, a una velocidad que sería el asombro aquel amor ya maduro, sonríen al marisco. de un musulmán, se aviene a recogernos, y a Por una de esas excentricidades de la los pocos minutos nos apeamos frente al imaginación, propias de un cerebro fatigado, teatro Barcelona. E n la acera, recién lavada nos preguntamos de pronto cuál sería nuestro por la lluvia, la luz traza sus cabalísticos estado de ánimo si estuviéramos casados con arabescos, como acertijos propuestos al tran- cualquiera de esas dos muchachas, bonitas y seúnte. adocenadas. ¿Qué forma adoptaría nuestra Entramos en el vestíbulo desierto, pi: es la desesperación sintiéndonos, con la seguridad gente está en la sala recreándose con la co- de lo irrevocable, ligados a esta familia? media de los hermanos Machado, que ha Todo el que ha pasado por ese trance consido uno de los éxitos más humanos de M a- yugal conoce ía estupefacción que causa el ría Palou; abrimos una mampara qu pone saber que Regúlez, extraño a nosotros por en comunicación el guardarropa con el pasi- la sangre, se transforma- en pocas horas, de llo trasero de los palcos, y nos metemos con un indiferente, en nuestro hermano. L a costoda confianza en el escenario. Este ambiente tumbre que establece ese. absurdo es, según de tráfago artístico nocturno, que nos era parece, necesaria para la conservación dejas í a m i ü a r hace algunos años, vuelve a recon- sociedades. quistarnos por lo que tiene de bohemio. A c -nos pregunta el mozo, Oué trices y actores entran y salen con los dis- alargándonos la lista de los comestibles. fraces que exige la obra. E n el umbral del- -Usted dirá, Fernando... cuarto de M a r í a Palou nos esperan los braE l artista, que es, como Sassone, ordenazos fraternales de Felipe Sassone, que está do en las comidas, rehusa. Enciende un piticonversando con Fernando V i z c a i el notable pintor valenciano. ¿H a b r e m o s venido a llo de tabaco de Canarias, y se pone a hainterrumpirles? Al vernos, el rostro intensa- blarme de América, donde probablemente mente expresivo de Sassone se animé, con nos encontraremos pronto. -Para m i unos raviolis, unos sesos friuna sonrisa de contento. tos y un poco de fruta... -Pero, hombre, ¿t ú aquí en una noche- ¿Y para beber? como ésta? -Ü n vino del país, cualquiera... Gomo todo lo que nos sirven es del mejor Y el ilustre dramaturgo se pasa la diestra mano sobre l a cabeza aleonada, que las in- aliño, y no andamos premiosos de apetito, quietudes de una vida tan insegura como la concluida- la cena nos sentimos satisfechos. E l placer de la mesa es uno de los m á s j n t e nuestra han encanecido prematuramente. -S e ñ o r e s Vengo muerto de llamare... ügentes y el que más contribuye a las lícitas E n cuanto bese las manos de María, me mar- expansiones de! amor. S i quieres imponerla cho a cenar al restaurante más próximo. castidad- -viene a decir Shakespeare- decreta el hambre ¿F o r qué no se le da en E s Estáis invitados... -Nosotros somos personas que viven con paña la debida importancia al buen comer? orden y que comen a sus horas- -replica Sas- Los franceses, que han enseñado a vivir al mundo, son grandes cocineros. Es imposible sone. -Fernando tendrá la bondad de acompa- retinar el amor sin preocuparse antes de la cocina. Nadie aprende a besar con arte sin ñarme... conocer otros goces del paladar. Los sobrios- -Pero, ¿y las uvas. D Manuel? -n: c inrara vez son voluptuosos. terpela un actor- Usted no puede fal- ¿Café? -nos pregunta el mozo, lleno de tarnos... -Las uvas se quedan para más farde. deferencia. L a interrogación nos pone perplejos. E l H a y en las inmediaciones del teatro un café sin pretensiones suntuosas, en el que se, pre- recuerdo del líquido negruzco que hemos ocupan más de la cocina que de la. elegancia. visto en la terraza nos hace vacilar. -L e advierto a usted que es igual en toApenas hemos ofrecido nuestros respetos a María, que acaba de entrar en su cuarto das partes- -nos dice Vizcai. -Entonces, venga el café. t r é m u l a todavía de, la ovación recibida del Por suerte nuestra, la presencia de F e l i público, hacernos rumbo al café. E n la terraza, unas cuantas personas de ambos sexos pe Sassone nos substrae a la preocupación apuran despacio unas tazas con un líquido del café. E l ilustre escritor, que no puede negruzco, que sugiere a! consumidor la ilu- ser ingenioso sin desleír 1 a gracia en una sión geográfica de Puerto Rico. E l comedor, onda de cordialidad, nos embarga e! ánimo que está en el fondo, es modesto e íntimo. de tal manera, que el. aroma del café nos ¡Nada menos propicio que este local como hace ver un paisaje de Puerto Rico. -Acabo de saludar por la radio al puepreparación a la aventura amorosa. Se res- DIARIO ILUSTRADO. AÑO VIGÉS 1 MOSEXTO N. 8.447 SUELTO REDACCIÓN: PRADO DE SAN SEBASTIAN. SUSCRIPCIONES Y ANUNCIOS: MUÑOZ OLIVE, EL ADIÓS AL AÑO Nocturno blo barcelonés... ¡E a! Vamonos a comer las uvas... E n el teatro, los artistas arman un alboroto al filo de las doce. Las copas de champaña van de mano en mano y los racimos de uva se columpian en el aire. ¿Cómo desentenderse de aquella alegría, tan desinteresada, pues no tiene otra base que una superstición? Finalizada l a representación, salimos a la calle. L a lluvia ha cesado. E n el cielo, de un tono lívido, asoman algunas estrellas. Fiemos retenido una mesa en un restaurante, que me parecería perfecto sin el sexteto, indispensable para que las familias disuelvan su alegría en el ruido. L a sala está deslumbrante. L a gente come, bebe y baila. Casi todo el mundo se ha puesto un gorro de papel, como en los dancings de P a r í s para hacerse la ilusión de que ha vuelto a l a infancia. Echo de menos los confettis y las serpentinas, invención ingeniosa que acerca a las gentes, haciendo en pocos minutos amigos a los extraños. H a y en el salón algunas mujeres bonitas, que han caldeado su belleza con el champaña y están, en cuanto enloquecen un poco, más atrayentes. E n nuestra mesa, que presiden M a r í a Palou y Felipe Sassone, la música y el vino espumoso enardecen las fantasías y desatan las lenguas. Se habla de todo con esa despreocupación de lo convencional privativa de los artistas. Cada tema suscitados malabarismos del ingenio. D e l amor se pasa al comunismo, y de l a política a las modas del día. E l comentario surge rápido y brillante, como un cohete. Los relampagueos del ingenio dejan ver de cuando en cuando la- calidad de los temperamentos y la orientación de los ideales. Se recitan poesías, y en- pos de Enrique Heine viene con sus estrofas Rubén Darío. Se está muy bien, entre mujeres bonitas, con una copa de champaña al alcance de la mano. L a música, que en algunas personas adormece los recuerdos, en otras los exalta, prestando a las imágenes que quisiéramos olvidar el relieve dé la presencia viva. ¿Cuándo inventará la ciencia un procedimiento para borrar el pasado y, si no todo él, la parte del ayer que nos sigue con dolorosa tenacidad? E l día en que ¡a anatomía localice con exactitud las funciones cerebrales, se podrá influir a voluntad sobre nuestra vida interior. Como se apaga una nota musical cegando una tecla del piano, se podrá obscurecer y borrar una imagen en el cerebro, y, suprimida la imagen, el pensamiento que la alumbra quedará en tinieblas. N o se ha llegado a amortiguar y a abolir la sensación? Los morfinómanos, eterómanos y cocainómanos buscan confusamente la amputación de una serie de imágenes y el eclipse total de una serie de ideas. Quieren evadirse de 1 u presente. Esa pretensión es humana, porque procura la eliminación del dolor. E l champaña es un aledaño de ese paraíso artificial en el que nos hacen penetrar aquellas drogas. Es un vino delicioso, que, cuando procede de una bodega acreditada, no daña a la salud. A la mayoría de, las mujeres las gusta con pasión, y si, luego de beber un per de copas, encuentran un- hombre quejas, dé unas vueltas al compás de la música, se sienten casi felices. Estas señoras de la clase media rica y estas señoritas, educadas- por las monja? que estamos viendo no sienten el menor remordimiento de gozar de la vida, y si la h i-