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A E C. M I É R C O L E S 22 D E E N E R O D E 1930. E D I C I Ó N D E ANDALUCÍA. PAG. T a m b i é n en lo político y social muestra nuestro tiempo su oposición al Romanticismo. E n aquellos días, efectivamente, iban los obreros a las barricadas o a las fronteras a combatir por los derechos del hombre, por la fraternidad de los hombres y por otros ideales o mitos semejantes. Mientras q u é ¿Y ia juventud. P e r o a los jóvenes de actualmente se reúnen los obreros en sus nuestros días un espectáculo. como- el de L a Casas del Pueblo para tratar del aumento de martine pronunciando estrofas, elocuentes los jornales, o, cuando m á s de la nacionajunto a un lago le. parece, en definitiva, o lización de los elementos de trabajo. Todo grotesco o ininteligible. Sabido es, por otra gira en torno a la administración. Aseguparte, que el arte nuevo se precia de negar rar la vida, es decir, hacer confortable y y aborrecer todos los puntos de apoyo del Romanticismo, llegando en esto al ensañavivible la vida. Aspiración completamente miento, y que, se burla de la nostalgia, de I contraria al Romanticismo. P o r eso también la queja, del culto del dolor, de la especie cunde por todas las naciones la marea de la ele voluptuosidad melancólica, del desprecio dictadura. L a dictadura moderna, sustentade la vida, del énfasis sentimental, del pada sobre una base estrictamente civil y detetismo amoroso; de cuanto los románticos mocrática (sin predominio de la religión y utilizaban para su exorbitante literatura. E l la nobleza, ni siquiera de la burguesía) sigarte nuevo, en su enemistad hacia el R o nifica el triunfo de la administración frente manticismo, y para herirlo más decisivamenal sentido idealista, teorizante, doctrinario, ¡Qué distante... Pero la distancia no la rr. arca el tiempo, en realidad, sino el curso diferente y antagónico que las ideas y los modos de vivir han tomado desde entonces. Nuestra época, -en efecto, se halla tan lejos, tan en desacuerdo con el Romanticismo, que puede permitirse la libertad de examinarlo o estudiarlo como a una cosa perfectamente pasada. N i siquiera cuenta con algunos parciales rezagados, porque los mismos reaccionarios puros que quedan en pie, o sea ¡los adeptos de la Acción Francesa, reniegan del Romanticismo por haber venido a desbaratar la clásica arquitectura de la M o narquía tradicional y del buen orden literario implantado, con 1 a ayuda- de todas las Academias, por. L u i s el -Grande. E n cuanto a los otros, los radicales y socialistas que miran hacia Moscú, nó son menos opuestos al Romanticismo; Soviet y romántico son palabras que se excluyen, como se excluyen los conceptos de comunismo e individualismo sentimental, de materialismo racionalista c idealismo patético. te en sus mismas entrañas, exagera su ausencia de énfasis patético hasta llegar al franco culto de la pirueta como sistema. Y al sentido romántico de que la vida ha de ser dolor y la muerte, como para todo suicida, tiene que ser trascendencia, el arte nuevo opone la idea de la vida como diversión, como dinamismo y episodio, para terminar expresando que la vida y la muerte, en el sentido, más profundo y real, carecen de importancia. (Víctoi Hugo dedicó una enorme cantidad de páginas a describir la última noche de un condenado a muerte; hoy se entierra a los heroicos aviadores que se estrellan con unos simples relatos telegráficos, en los periódicos. del Romanticismo. E s el sentido profundamente conservador de la vida llevado al plano político. Primero, vivir. Gobernar es el arte de preparar el suelo y las cosas de la nación en tal forma que todos los ciudadanos puedan aproximarse lo m á s posible a l a felicidad. E n Norteamérica, por ejemplo, ya no existe nada más que- administración. Después, -sin embargo, que hayamos extendido, como quien dice, la cédula de defunción del Romanticismo, acaso nos veamos obligados a reconocer que el Romanticismo no es de aquellas modas o fórmulas; literarias que se pueden, enterrar como se quiera. Pero el Romanticismo ¿es por, ventura una moda literaria, ni una fórmula; 0 una escuela literaria: ¿N o tendremos, que s i tuarlo entre los movimientos, entre los estímulos espirituales, de estirpe profundamente humana y, por lo tanto, eterna? A, -veces el Romanticismo se venga y triunfa de sus propios detractores. T a l ha pasado; con mi amigo el gran escritor argentino A r t u r o Capdevjla, el. cual acaba de publicar un grueso libro, Los románticos, en el cual lo que primero resalta es el... romanticismo, con que se impugna el Romanticismo. E l propio autor lo reconoce, cuando exclama: H e aquí, sin duda, un libro románticamente antirromántico. Hablar con el corazón en la mano es singularidad romántica, aunque se hable, como en el caso mío, contra el Romanticismo E l tema- es largo, la tentación muy grande, y así será mejor que continuemos en seguida en otro artículo. JOSÉ M SALAVERRIA
 // Cambio Nodo4-Sevilla