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ABC. JUEVES 23 P E E N E R O D E 1930. E D I C I Ó N D E ANDALUCÍA. PAG. admiración de mundo civilizado devuelve como un- egalo a nuestro olvido! Pero, ¿hemos saludado en algún periódico la aparición de esta obra que nos honra? N o Pues yo me siento en el deber de hacerlo. ¿Hay en los Museos de Madrid y Barcelona muchos cuadros de Anglada? N o Y o apunto el hecho, y la tristeza de m i gusto comenta burla burlando, sin ahondar. Don Joaquín Sorolla, el inolvidable, lloraba un día en su Valencia natal, donde todavía no se le ha erigido una estatua: ¿N o es una pena que mis discípulos, a quienes yo quería enseñar mi realismo luminoso, a pleno sol, abandonen el aire libre y se refugien en la pintura negra del estudio, para inventar después un fondo que no es verdad ni encuadra sus figuras? N o es el fracaso de toda una vida de artista? Tenía razón el maestro; pero no para llorar. Aquello, por el contrario, era el triunfo de su maestría: los discípulos se estrellaron ante la muralla del genio, que había mejorado y españolizado el impresionismo de Claude Monet. Mejor y con más razón h biera podido llorar porque sus cuadros no se vendían en España; porque su famoso lienzo Triste herencia, premiado con la medalla de honor, hubo de enviarse a Nueva Y o r k porque el Estado no acababa de comprarlo. L a historia suele repetirse. E n 1917, en la Exposición Anglada, en Madrid, llegó un comprador ante Los campesinos de Gandía, y, al ver los famosos caballos amarillos, exclamó: -B i e n sí; pero así no pintaba Velázquez. Anglada preguntó a l rico caballero español ¿H a venido usted a la Exposición en silla de manos? ¡O h n o! en mi automóvil. -Y o también- -cerró el maestro, y se fué de l a sala, y de Madrid, a su Poilensa, a pintar y a triunfar en el mundo. u Casi nadie le mira. Unos mendigos filarmónicos se acercan con sus trebejos musicales. U n vecino de mesa les alarga dos duros, con la súplica expresa de no tocar sus instrumentos. -i Que no toquen! -exclama el maestro Anglada- ¡Muy bien! E s a es la verdadera protección; la que protege a los pobres y al arte. U n pobre sin talento tiene derecho a v i v i r pero no a manchar una pared n i a enrarecer de inarmonías el aire puro. Reímos. Anglada pide otro bock. Y o voy por el segundo chato de manzanilla. P o r un momento, al chocar en un brindis Jos cristales, opongo triunfante a su topacio tudesco mi claro ámbar de España, y luego bebemos, y tornamos a reír! ¿PODEMOS REJUVE- NECER? Hipótesis y métodos Los que llaman escultor al tiempo ennoblecen demasiado su obra; es un caricaturista malévolo, que inventa a diario una manera de ridiculizarnos. ¡H a y que ver lo que hace de nosotros! E l que vive fuera de su país y vuelve a él de tarde en tarde experimenta, al encontrarse personas conocidas, las sorpresas más desconcertantes. U n edificio recién construido no nos plantea ningún enigma para lo por venir. Todos podemos prever lo que será andando los años; FELIPE S A S S O N E el sol y las lluvias deslucirán la fachada, enmohecerán el herraje de los balcones, pandearán el maderamen de puertas y ventanas y los materiales que. lo integran irán perdiendo al desagregarse su fuerza cohesiva. E l aire y el humo lo degradarán por fuera, apagando la gracia de sus paramentos, y u n Bodegas M Antonio de la R i v a y C í a Jerez. día, al pasar el transeúnte por delante de la casa la mirará con el gesto distraído que nos inspira todo lo que, al envejecer, no T a e s t á n a la venta los billetes del conserva el menor atractivo. Oloroso LA RIVA a beneficio de la CONCURSO P 9 B 1 K I TARIO a passer by en la Exposición de Barcelona, esparce al aire su tedio, ajeno a toda intriga de campanario, cenáculo y camarilla, bajo el ldo de un café, en la plaza de Cataluña. B 1 R K A S. A a b r e u n c o n c u r s o p a r a p r e m i a r los c u a t r o m e j o r e s a n u n c i o s de s u Inhalante B i r k a del D r Asuero con a r r e g l o a l a s s i g u i e n t e s bases: 1. L o s a n u n c i o s o c u p a r á n u n espacio de 195 m i l í m e t r o s de a n c h o p o r 130 m i l í m e t r o s de a l t o 2. a A l r e d a c t a r los textos debe tenerse en c u e n t a que los a n u n c i o s no l l e v a r á n n i n N o hablemos de protecciones oficiales. E l g ú n d i b u j o s e r á n s i m p l e m e n t e a n u n c i o s de mecenismo honra a quien hace la dádiva y texto y se d e s t i n a n a l a p u b l i c a c i ó n en t o d a no humilla a quien la recibe; pero no siem- la P r e n s a d i a r i a A c a d a texto debe a c o m pre ha de ser el Estado el Mecenas. Para p a ñ a r s e u n boceto que d é i d e a de l a d i s t r i bución tipográfica del mismo, s e g ú n el crilos artistas, Felipe I V fué un gran Rey, terio d e l c o n c u r s a n t e porque ofreció su paciencia admirada a 3. a L o s textos d e b e n e n v i a r s e s e ñ a l a d o s D Diego Velázquez, sirviéndole de modelo c o n u n l e m a a c o m p a ñ a d o s de sobre c e r r a una, y otra, y otra vez. Pero no todos los d o- -c o n i g u a l l e m a- c o n t e n i e n d o el n o m protegidos son el pintor de Las Meninas, b r e y d i r e c c i ó n d e l a u t o r a B i r k a S. A n i todos los protectores el conde- duque de R o n d a 4, ¡San S e b a s t i á n antes d e l d í a 2 7 de Olivares. L a protección oficial no siempre enero a c t u a l 4. a E l fallo se p u b l i c a r á e n A B C de ve claro, cegada por la nube de súplicas y 10 f por la piedad de sus favoritismos. P o r eso Sfrsdrld. N de! se 7 a! e v u ede e n e b r e r o r i g i n a l e s p r e 5. a o d lv los o hay en el mundo mucho sitio lleno de malos sentados a l c o n c u r s o monumentos, que los buenos ya no podrán 6. a S é c o n c e d e r á n c u a t r o p r e m i o s e l p r i ocupar, y así, por caridad mal entendida, m e r o de M I L pesetas, de Q U I N I E N T A S el que en el arte no- cabe, cada. pared que or- segundo, de D O S C I E N T A S C I N C U E N T A el namenta y decora el inepto oficialmente tercero, y de C I E N pesetas el c u a r t o 7. a E l J u r a d o e s t a r á i n t e g r a d o p o r e l protegido es u n ultraje a la cultura y un despojo a otro artista verdadero. E l Estado, C o n s e j e r o- D e l e g a d o de B i r k a S. A c o m o presidente, y D R a f a e l B o r i L l o v e t t é c n i c o no. Pero... ¿y los ricos? ¿Qué hace el pa- de P u b l i c i d a d de B a r c e l o n a y D E n r i q u e triotismo de los ricos que deja salir de E s- Y u s t e d i r e c t o r d e l E s t u d i o t é c n i c o de R O L paña las joyas de los pintores españoles? D O S- T I R O L E S E S S. A de M a d r i d ¿Se limitan sólo a comprar libras esterli 8. P a r a o r i e n t a c i ó n de los s e ñ o r e s que deseen a s i s t i r a l c o n c u r s o se h a c e s a b e r que nas y a rogar por que baje la peseta? el Inhalante B i r k a d e l doctor Asuero, es u n l í q u i d o que, a l m e z c l a r s e c o n a g u a h i r v i e n d o p r o d u c e u n o s v a p o r e s de g r a n Entre tanto pintor glorioso como tiene E s- eficacia p r e v e n t i v a y c u r a t i v a en los s i g u i e n paña, alguno síntesis de toda su tradición tes c a s o s y su historia, Anglada representa la pintura 1. A f e c c i o n e s de n a r i z y g a r g a n t a (c a u por venir, algo suyo, y ya nuestro, el orien- sas no q u i r ú r g i c a s) 2. C a t a r r o s de n a r i z y g a r g a n t a talismo español, lo decorativo nuevo junto 3. E p i d e m i a s t r a n s m i s i b l e s p o r e l a i r e al realismo tradicional, y el sueño de sus 4. A s m a y en g e n e r a l r e s p i r a c i ó n defiojos enloquecidos de color, y el milagro ie ciente. su mano, son el orgullo de nuestro A r t e L o s frascos d e l I n h a l a n t e B i r k a se v e n Pero sus cuadros no se venden en España. den en l a s f a r m a c i a s y d r o g u e r í a s de t o d a M u y inglés, extranjero en su propia tierra, E s p a ñ a a l p r e c i o de pesetas 6,20: Francisco Alvarez. Consíantina, Con las personas esa previsión es casi i m posible. U n a fisonomía juvenil no nos deja ver lo que será en las fases sucesivas. de l a vida. ¿Por dónde empezará el tiempo su. obra corrosiva y demoledora? Unos se arrugan temprano y otros encanecen prematuramente. E n algunos el rostro se altera porque la nariz se ha deformado; la boca, desguarnecida de los dientes y muelas, se ha hundido, y los ojos, fatigados tal vez de ver los mismos espectáculos, se han escondido detrás de las mamparas adiposas que son los párpados. L a vejez engorda a veces a los flacos que heredaron un fondo artrítico de sus ante- pasados y enflaquece a los gordos que no supieron cuidar de su estómago. L a dama que nos deslumhraba hace veinte años y el amigo a quien envidiábamos la gallardía nos cuestan, al verlos de nuevo, dos decepciones. Apenas si logramos reedificar con el recuerdo lo que fueron. E l l a nos hacía volver la cabeza en l a calle, y, al perderla de vista, nuestro deseo seguía la ruta de sus pasos. E l ños hacía presentir las aventuras de Don Juan. S i entrábamos con él en algún sitio, las miradas femeninas no eran para nosotros. ¿P o r qué, al encontrarnos ayer, hemos vacilado antes de reconocerlos? L a responsabilidad de nuestra sorpresa es del tiempo, implacable caricaturista, que, con diabólica genialidad, nos reforma sin consultarnos. L a dama se esfuerza en corregir las chafaduras de su arruinada belleza con masajes y pinturas, y el hombre ha pedido al tinte y al cinturón la reposición de su propia estampa de la mocedad. Los dos se engañan. E l rejuvenecimiento exterior es tan frágil y somero, que no resiste la prueba funcional. N i esa mujer ni ese hombre pueden darse a la vida con la plenitud con que la afrontaban hace veinte años. Ella, que hace todavía buen papel de noche v con l u z artificial, exhibiéndose al sol pasa inadvertida. E l que tiene a distancia un perfil arrogante, metido en aprietos de amor se defiende más con palabras que con actos, y como las mujeres de ahora prefieren la acción al verbo, el D o n Juan con canas suele pasar muy malos ratos. Pero, es que se puede rejuvenecer, interiormente? L a mocedad, ¿es prorrogable, como un contrato cualquiera? í Se prestará el tiempo a moderar su inclemencia destructora? E l tiempo es lo de menos nos, dice el doctor Jean Frumusan en un libro, que debiera correr de maro en mano, para, alivio de desesperados y correctivo de pesimistas. H a y quien es viejo a los; cuarenta años y quien no lo es a los sesenta- -añade el ilustre clínico- E s o depende, 1