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MADRID- SEVILLA 24 D E E N E R O D E 1 930 SUELTO UMERO 10 C T S CERCANA A T E T U A N SEVILLA DIARIO DO. S 1 N. ILUSTRA A Ñ O VI G É O S EXT O 8.449 ig REDACCIÓN: PEADO DE SAN SEBASTIAN. SUSCRIPCIONES Y ANUNCIOS: MUÑOZ OLIVE, -Esperan desde que yo estuve aquí con- ¿T e parese que no he cresío, Sunsión? don Jacobito. ¿Se recuerda usted? -Como cresé, crese, lo que se dise crese, -M e acuerdo como si fuese ahora mis- ha cresío usté un poquiyo. Y a no es usté mo. ¡Cuántas cosas han pasao! A soñá que er tapín de arberca que era ante... se eche uno y no lo cree... ¡Oh! ¿Q u é es, qué es el tapín? Y o no -L e esperaban entonse. Por una carta que sé nunca qué es tapín- -inquirió Ravenez. La Virgen del Rocío ya entró enTriana remetí yo a usted, resultado de lo que nos- -M i r a Julio, m á s vale que no te enteres, Ofrecemos a continuación a otros habíamos hablado. porque me vas a ahórrese- -dijo graciosa- ¿U n a carta? Sería l a que me dieron mente María jesús. nuestros lectores- -habiéndolo elegido al azar entre las suge- cuando estayó er insendio. ¡N i la leí s i- José Antonio estaba unos pasos más allá, re. ntes páginas del recién publi- quiera! ¡P a cartas estaba u n o! junto a Esperanza; y por no tener qué decado libro- -un fragmento de- ¡A h! Pues era de mucho contento para cirle a ésta, que tampoco echaba palabra del lino de los. encantadores capítu- usted. cuerpo, intervino en la conversación del los de La Virgen del Rocío ya- ¿Q u é desía? grupo formado por M a r í a Jesús, tiíta P a entró en Triana bellísima. no- -Desía que el camino, desde aquí a la sión, Asunción y Ravenez. vela, que el numen de D. Ale- calle de la Puresa, de Triana, no tenía- -No ha cresío usté mucb o, señorita M a jandro Peres Lugín concibiera moros; que lo que había que hasé tenía ante el hechizo de una de las no- usted que haserlo personalmente, y que yo ría Jesú- -dijo- pero un trajesito que está en la percha de l a salita, er que se ponía tas más subyugadoras del cos- le avisaba al cura... usté cuando se subía en l a burra, me párese tumbrismo popular andaluz, ¿D e s í a eso? ¿D e verdá? cual es la incomparable Rome- -É s o yo no miento nunca. Estoy tria- que ya no le va a está bueno... -Y ¿a t i quién te manda meterte en ría del Rocío- -y cuya bien en- nero honorario, pero no miento... caminada traducción a la reali- -Pos miusté, Ravenez, m á s vale no ha- nuestra conversación? T ú con esa, con P e dad literaria por la mano del berla leído, porque si la leo, si l a leo no hu- ransa, e con quien ti en que habla. E y a e la gran escritor, quedó truncada biera cumplió con m i debe... P o r estas que mayor y a eya tiene t ú que darle cuenta de por la cruel veleidad de la son cruses le juro a usté que se quea ahí cómo está l a b asienda, que pa eso venimo, Muerte. er fuego con toas sus consecuensias y voy pa enterarno de esto... -Naturalmente- -corroboró l a tiíta P a Otro escritor ilustre, José a Triana, por ver a Peransa. Pero, dígaAndrés Vázquez, tomó sobre me u s t é ¿no habrán variao las cosas de sión. -Y vámono nosotro: tú, Julio, tú, tita sí la tarea de proseguir la obra entonse a c á? -H a n cambiado lo suyo, es verdad- -ex- Pasión, tú, Sunsión; vámono nosotro pa allá de D. Alejandro. Ardua em. presa, en verdad, pues era mu- presó Ravenez, intercalando ya en su ha- dentro, porque si no dejamo solos a la l a cho- lo que faltaba a la total bitúa jerga hispanobéticosuiza, modismos bradora y al arrendatario no se arregla realización del designio del no- de Triana- pero yo le sigo disiendo a us- esto... ¿N o te párese, Julio? Ravenez cambió con M a r í a Jesús una m i velista... El montón de notas ted que en el camino no hay moros... Antes que José Antonio dispusiera las rada de inteligencia. L a ele él tenía además y de fichas, cartas y documentos apenas catalogados, a las cosas para ir a Sevilla- -y las iba entrete- un destello de admiración dedicado al modo claras indicaban cuan lejos se niendo cuanto le era posible, porque no aca- ingenioso de que se valía su novia para deestaba del fin. Pero eran idó- baba de decidirse en su interior la lucha en- jar solos a Esperanza y a José Antonio. A neas las manos a que se con- tre el deseo de ver a Esperanza y el temor él no se le hubiese ocurrido nunca. Y los dejaron solos. Solos frente al crefió el precioso legado. En la de no saber qué decirle al verla- se preexquisitez de su corazón de ar- sentaron una tarde en el cortijo las dos púsculo mágico del atardecer. tista, José Andrés halló, como huérfanas, tiíta Pasión y Ravenez. -T ú José Antonio, no hagas caso de esa- ¡Grasia a D i o que te vemo! -le dijo loca de María Jesú... Y o no tengo que toliterato, fervorosa reverencia para el recuerdo del maestro, María Jesús- ¡Jesú, hijo, que se necesita marte cuenta de ná. Porque yo, ¿qué entieny como andaluz por la estirar pa verte tanto como pa er R e y! do de esto? S i a ti te hubiera pasao la des- -i José Antonio -profirió Esperanza, ex- grasia que ya teniamo descontá, pues huy el espíritu, enamorada unción para el tema interrumpi- tendiendo su mano y reteniendo en ella la biéramo tenido que vendé Los Grajalillo al do. Así, le fué dado dar cima manaza del muchacho. resibirlo. ¿E n quién íbamo a pone nuestra- ¡Señorita Peransa... y remate a la obra de Peres confiansa? Lugín, de- manera míe, acordes- -i Señorita Esperansa! ¡Señorita Espe- -Grasia, señorita Peransa... las dos sensibilidades, todo el ransa! ¿Pero, todavía estamo ahí? ¡M i r a- ¡Y dale! ¿Quiés hasé er favo de no libro es hoy una sola vibra- que eres pesao! ¡Con las vese que te he tratarme así? ¡Q u é pesao! ción. dicb o que nos trates con yanesa! -Pero, ¡si es que no me acabo de acos- ¡B u e n o! ¡N o se enfade u s t é tumbra! ¿Cómo? E n días sucesivos examinó José Antonio- -Pues, ¡se acabó! ¡E a! 3 a labor realizada en el campo durante- -Que no se enfadéi ustede... N o te enHubo un silencio, que interrumpió Espesu ausencia, y, a! final, cuando se cercio- fades t ú ¡Q u e no me acostumbro, ea! ranza, cuando le pareció que se prolongaba ró de que todo estaba en orden perfecto, y- -José Antonio hase bien- -intervino tita demasiado sin que tomase José Antonio la en magnífica promesa l a sementera de trigo, Pasión- dejarlo ustede. E l muchacho está iniciativa. reunió a los trabajadores en el llanete de educao así y no lo puede remedia. Sabe res- -Oye... ¿P o r qué iao fué er fuego? entrada al caserío para decirles: peta a las persona... ¿V a i a volverlo ahora- -Por aya arriba, serca de los linderos- ¡E s a es de ustede! A y a veremo como con l a fasilidá que se le da vuerta a un car- de Poniente. la repartimo cuando se arrecoja... ¡Cuando setín? -i Y pensá que te pudiste queda ayí, achiD i o dá en er campo, dá pa t ó o s! -Usté, fita, se caya- -dijo M a r í a Jesús U n a tarde se presentó Ravenez en su haciéndole un gracioso mohín a su tía. Y charra íto! -Es verdá que estuvo la cosa apretaíya. automóvil- -un automóvil que, como su due- continuó: -Usté se caya y viene ahora mis- ¡L a s penitas negra que he pasao... ño, era ya popular en todo el Aljarafe y mo con Julio y conmigo a recorre la ca a. ¡Digo, que hemo pasao mi hermana y yo... parte del Condado- -y a poco trabó conver ¡Con er tiempo que hase que yo no vengo ¡Como que nos paresía que era algo nuestro, sación con José Antonio. de nuestra familia! Y a tú sabe cómo te- -Las señoguitas quieren venir a ver a a q u í! -Pos ahí dentro, en las salitas, están queremo en casr. T e queremo, aunque alguusted, José Antonio. toavía las cosas tal y como ustede las deja- na rabietiya te habremo hecho pasa, ¿v e r d á? ¿Q u e van a venir? -N o tiene importansia. -Sí. Tienen mucho bastante deseo de ron la úrtima ve- -declaró la casera, Asunción, que no cabía en el cuerpo de gozo con- ¡Sí, s í! L a úrtima mía fué muy pesa. ver a usted. tener allí otra vez a las señoritas. ¡Si vieras lo arrepentía que estoy... F u é -i Qué buena? son! ¡T e n g o ganiyas ra- ¡C o n lo chiquitiya que era yo entonse! cuando yo me enfadé contigo porque no me biosas de verlas! S i no hubiera sío por tené que arregla r. qui estos asuntiyo cjer campo, -Po no se vaya usté a creé que ha cre- creía nada de lo del pleito que t ú me desías, ya hubiera ido yo a Seviya, sío usté mucho mk, señorita M a r í a Jesú. ¡Y me estaba disiendo la verdá! E L LIBRO POSTUMO D E PÉREZ LUGÍN r r