Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC. V I E R N E S 24 D E E N E R O D E 1930. EDICIÓN D E ANDALUCÍA. P A G 7 tador, los días febriles del gran Consejo en el K r e m l i n las sesiones del Comité central del partido comunista, del que fueron los sensacionales momentos destituir de su cargo político a Bucharin y dirigir al encumbrado Rykoff, nada menos que jefe de los comisarios del pueblo- -presidente del Consejo de ministros diríamos los burgueses- la advertencia de que seguirá la suerte del eamarada Bucharin si continúa simpatizando con los que no aprueban, entusiasmados, las reformas dictatoriales. B u charin, prestigiosísimo, fuerte, jefe de la comunista internacional, no ha de F meterse dulcemente a las arbitrariedades del tirano... E s igual uno u otro modo de reaccionar de los disidentes. Stalin ha declarado que en el curso de dos años realizará la reforma agraria estrictamente comunista, hasta en Ucrania y en el Norte caucásico. Y sólo frente a la masa iural que constituye el. 78 por 100 de población rusa, desoye el dictador el clamoreo de los avisados, que creen va al abismo el sistema soviético, y que se perderán los opimos frutos de l a revolución en l a lucha del comunismo con el campesino intolerante. SOFÍA C Á S A N O V A indomable rebeldía asiática, de l a realidad. Este dictador a sangre y fuego va gobernando Rusia roja, y a él convergen todos los problemas de una República con 145 millones de seres más o menos conscientes, y al déspota bolchevique convergen también miradas, ambiciones y aspiraciones de muchos Estados internacionales. Stalin, en la fortaleza moscovita del Kremlin, da motivos al historiador y al dramaturgo de comparación con los Zares, que, opresores de sus subditos, reinaron en el murado recinto del Kremlin, sobre cuyas almenas ondea el estandarte de la sangre, el de la revolución implacable. E l dictador ruso tiene miedo. Si no siente el miedo personal que agobiaba a la última dinastía zaresca, pues es bravo y fiero el hijo de Georgia, desconfía de todo el mundo que le sigue y le sirve, sospecha de sus correligionarios, del influjo que en puestos de acción adquieren sus amigos, y los destituye; deja que l a falange de agentes y ejecutores de la Cheka llene las prisiones y deporten a las mortíferas del mar de hielo multitud de gentes sin culpa. E l terror sigue siendo arma gubernamental del sovietismo; pero no la esgrime personalmente Stalin, como no la esgrimieron los Zares, que encargaban a los asalariados el v i l oficio de matar. Stalin destácase sólo en el trono de su Poder, y su empeño de transformar Rusia en un granero nacional, es decir, intervenido por el Poder central de los Soviets, lo ha puesto desafiador y terrible ante el iracundo paisanaje, que acusa de injusticia y de expoliación al Gobierno... Y en este terreno de la dictadura comunista, en en esa actitud de Stalin, incorporando, por ¡fuerza, al pueblo l a m á s dura utopía comunista, la abolición de la propiedad, es donde ese hombre resulta con un relieve único de fuerza y de tragedia. E n el plano político venció Stalin. Todos los trotzkistas, aquellos paladines de Lenin que con Trotzky se adueñaron de Rusia, JRadek, Zinowiew, Smirnoff y el asesino de Nicolás II, Biegoborodoff, y otras eminencias cíe la revolución, se han entregado a Stalin e integrado a las funciones que éste les confiere, habiendo todos declarado sus errores y renegado de ellos... Trotzky se ha quedado sólo en el destierro, y Buchar i n verbo y espada de l a Internacional, si no se somete a su vez i r á lejos. L a lucha propiamente política ya no preocupa a dictador, que se entrega a su programa agrario cual generalísimo al frente de Ejércitos en guerra, y al terminar el año y comenzar el nuevo Rusia prosigue su existencia caótica, volcánica y atractiva, cual todos los fenómenos sociales. L a agitación del proletariado, que en el otoño alarmó a los gobernantes, se encargó de reprimirla en el distrito de Petersburgo (Leningrado) el gran Zinowiew, el resucitado como le denominan sus enemigos. Vuelto del destierro y prosternado a la autoridad stalinesca, se encargó de limpiar talleres, minas y agrupaciones soviéticas del fermento acusado en actos de clara insubordinación, de secreta conjura. L a celebración del duodécimo aniversario del triunfo bolchevique se verificó con pompa oficial extraordinaria. E l Ejército, la burocracia, el populacho exaltaron en paradas militares, espectáculos p ú blicos y ante la tumba de Lenín. la gloriosa fecha; per- Stalin, rodeado de su Estado Mayor, hierático ante la muchedumbre en fiesta, callaba, mirándola fríamente y acaso recordando la frase de Boris Gudonow en el poema de P u s z k i n 1 K i c z y n enero, 1930. ft? i BROCHAZOS TEMPLE AL ¡Bullí, zarabullí; cuz cuz de la Veracruz! Una tarde del año 1869 tuvo el Gobierno provisional que reprimir una manifestación callejera de madres dé familia contra las quintas. L a Revolución del óS seguía aplíc ando las leyes de reclutamiento de la antigua Monarquía, pasada por ojo sobre los ojos del puente de Alco! ea. Alguien, insolente, relapso, agrio de carácter, sin oficio, menester ni menesteres, demostró al pueblo o al vulgo que los ofrecimientos de la Gloriosa quedaban burlados con esta inicua conducta. Nació y creció, entre la muchedumbre rebosante, hervor de protesta airada; hubo políticos desaprensivos que soplaron en el rescoldo; cruzáronse ocultamente órdenes v consignas; sembróse el odio en la turbamulta; total matemático sin saberse cómo ni por aué, a las cinco de la tarde la plaza de las Cortes se llenó de pelandruscas y pelandrinas, peladas y sin pelar, sin cascara y con cascaras, mozas e partido, vírgenes locas, honras marchitas, mustios azahares, mujerzuelas sobadas y resobadas, tocadas y retocadas, tumbadas y retumbadas, m á s que corambre de taberna en día de santo milagrero. Todas ellas, sentidas o sin sentido, se echaron a la calle para exigir tumultuariamente ¡a abolición de las quintas. Precedía a la plana mayor de las advenedizas turbulentas cierto mozo fornido, con barbas hirsutas, m á s luengas que las de P a blo el A p ó s t o l amplio de hombros, curvo de piernas, menguado de calzones, pródigo en blusa y alpargatas, manos disformes y ojos enconados de sangriento ribete, tan menudos y escondidos bajo las abundantes cejas caedizas, que no los encontrara en el rostro el m á s diestro rebuscador de oquedades y relieves, sin encender buen manojo de esparto para orientarse. Este jastialón apoyaba sobre fuerte suncho de cuero el regatón del asta de una bandera roja. E n el lienzo de la enseña retadora, hábil artista había pintado un león furioso, abierta l a boca, alerta las zarpas, arqueado el lomo, suelto al aire el negro borlón del rabo, en actitud de comerse una corona real, rematada por l a cruz de los cristianos, cuya corona, abandonada de todos, iba rodando por los suelos. ¡H o r r i pilante alegoría revolucionaria! 1 Las PASTILLAS CRISPO C A L M A N E N E L A C T O L A TOS E L ETEI CIGARRILLO es vuestro fiel compañero en cualquier momento de la jornada laboriosa. E l os distrae de mil pequeños enojos, os retiene las ideas y conciiia las. fantasías... Pero, en compensación, os irrita la boca y la garganta y disminuye vuestra resistencia contra las afecciones de las vías respiratorias. Para poneros a cubierto de este peligro, mantened en la boca un ambiente contrario al desarrollo de los gérmenes morbosos que pudieran penetrar. Esto se obtiene infaliblemente y con placer dejando disolver lentamente en la boca una pastilla de F O R MITROL. Se venden en todas las farmacias, y droguerías de España. Fabricantes: D r A W a n d e r S A Berna (Suiza) Agua de mesa a n t i d i a b é t i c a e insubstituible en las afecciones del tubo digestivo. D e p ó s i t o Cruz, 30. Madrid. VALDELAZURA MIS SAI ISIDRO Francisoo Constantina. M i alma no halla la ventura en estos años que soy Z a r Apagadas las bengalas del aniversario i en soledad el mausoleo del maestro, y en vela de conspiración o en sueño alcohólico la (feliz muchedumbre, vinieron, para el dic CURA EL REUMA Sobre el león, rampante, devorante y asustante, campeaba esta irreverente leyenda: Muera el Gobierno! ¡Abajo las quintas! V i v a n las madres de familia! Nadie se explicaba el nefando consorcio del rótulo con el león y las bigardas. Empresa y ejército beligerante eran dos incógnitas para los discretos espectadores. Por- las calles afluentes, a la plazuela de las Cortes llegaban a todo correr grupos de desocupadas, dando gritos de ¡Muera el Gobierno! ¡Abajo las quintas! ¡Vivan las madres de familia! Debió de ser calculado y decidido punto de reunión la dicha plazuela, porque los pelotones de tunantas, golfas, buscas j mangantes que subían del Prado, -cacao las turbas de igual laya que descendían por la Carrera de San Jerónimo y calle del Prado, se detenían en los jardinillos o se agrupaban alrededor del ridículo monumento erigido por. la Patria al inmortal manco de Lepanto. E l del suncho y bandera, seguro de si mismo y del pregón escandaloso que mantenía en alto, fondeó entre aquellos dos eucaliptos fronteros al pórtico del Congreso, que muchos años después derribó un ciclón devastador, el cual por poco deja a Madrid sin casas; terrible huracán del que todos los viejos nos acordamos con espanto. ¡H u b o que reponer tantos cristales! Hallábase el Congreso constituido en sesión, según atestiguaba la señera nacional, izada sobre el remate del tímpano griego. A l ver frente a l a columnata del pórtico aqv. Ha formidable manifestación tumultuosa, no se sabe a punto fijo (no se supo nunca) si