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A B C. V I E R N E S 24 D E E N E R O D E 1930. EDICIÓN D E ANDALUCÍA. P A G SOBRE LA CONFERENCIA NAVAL E l prestigioso jefe de l a M a r i n a inglesa y miembro del P a r lamento británico J M K e n w o r t h y es el a u t o r d e l presente a r t í c u l o a c e r c a de l a C o n f e r e n c i a N a v a l que estos días se cel e b r a en L o n d r e s en u n a m b i e n te de u n i v e r s a l e x p e c t a c i ó n L a autoridad del articulista, colab o r a d o r de G e o r g e T o u n g en L a L i b e r t a d de l.o s M a r e s s u e m i n e n c i a en el estudio de est a s cuestiones, a t r i b u y e n a l t r a bajo que h o y p u b l i c a m o s las m á x i m a s g a r a n t í a s de s o l v e n c i a y de interés. L a Conferencia N a v a l de las cinco potencias, que se celebra en Londres, tiene varios objetos, que, aunque no se oponen necesariamente unos a otros, deben ser. considerados como distintos. Los que más llaman la atención del público de todos los países interesados, directa e indirectamente- -es decir, los que están representados en la Conferencia, como los que no lo están- es el poryecto de reducir los armamentos por acuerdo mutuo, y sin que ninguno de los Estados firmantes se exponga a riesgos i n necesarios. L a Conferencia de Londres es, pues, el preliminar de otras Conferencias, de alcance mayor respecto a todos lor armamentos, terrestres, marítimos y aeronáuticos, y en las que serán invitadas a participar todas las naciones. E n estas Conferencias no podremos dudar de la buena fe de ninguno de los delegados; los armamentos modernos son excesivamente costosos, y los impuestos que exige su mantenimiento no gustan a nadie. Pero la Conferencia de Londres tiene otros objetivos también. Existe, en Inglaterra lo mismo que en los Estados Unidos, una mayoría muy influyente, que manifiesta un vehemente deseo de refrenar en sus comienzos toda rivalidad entre las dos más grandes potencias marítimas. U n a parte mucho menos considerable del público norteamericano vería con gusto esta rivalidad, creyendo que los Estados Unidos, por tener a su disposición más recursos, llegaría al fin a eclipsar al Imperio británico en la lucha de la construcción Y existe un partido correspondiente en Inglaterra, poco numeroso también, pero que posee cierta i n fluencia, que aceptaría este desafío, y que cree que, ayudada por su experiencia naval de varios siglos, por las reservas de hombres y material de su Marina mercante y por las bases navales esparcidas en puntos estratégicos por todo el mundo, l a G r a n Bretaña no sería vencida. S i n embargo, estas dos- minorías, por influyentes que puedan ser en cada lado del Atlántico, no han sido tenidas en cuenta, y esto desde hace ya bastante tiempo, cuando en la gran: Conferencia anterior, celebrada en Washington en 1921, se comprometieron Inglaterra y los Estados Unidos a la paridad, por lo menos en lo concerniente a las clases de navios de guerra más grandes y costosos: los battle- ships y battle- cruisers. Pero, por desgracia, ningún acuerdo sobre los cruceros resultó de la Conferencia de Washington. P a r a el Imperio británico (las Islas Británicas, especialmente) la cuestión de las vías marítimas comerciales es de un interés vital, y ésta es la causa de que el Almirantazgo y sus partidarios han llevado a cabo su pretensión de construir sin restricciones, con motivo de proteger el comercio, buques de la categoría de cruceros. Se ha podido comprobar, algunos años después de la Conferencia de Washington, que si ella había hecho desaparecer la rivalidad de construcción para las grandes unidades, había aumentado la rivalidad en la construcción de los cruceros. ENTRE -TE CAS UNA ASI, LO DIGO FRANCAMENTE, CALIDAD YO, DE QUE COLEGAS CONOZCO YO NO EL NEGOCIO: UNA CON CUARENTA ¡YO VA- DANDO ESTA LECHE, LA DE PONGO VAQUERÍA. PONGO FUENTE LUMINOSA, QUE ACHICA SEVILLA í Los delegados de la Conferencia naval de Ginebra, en 1927 trataron de ponerse de acuerdo sobre la igualdad del número de cruceros y de la paridad de buques menores (submarinos y torpederos) Perc estas tentativas se frustraron, y las relaciones entre ios pueblos británico y norteamericano se hacían menos cordiales. T a l era la situación en la que se halló el Sr. M a c D o nald al formar su segundo Ministerio en el verano pasado. MacDonald comprende la necesidad de ponerse de acuerdo con los Estados Unidos sobre la paridad de cruceros. P a r a ello, casi su primer acto de gobierno es emprender negociaciones con este fin en Londres, que más tarde han de seguirse en Washington. Pero, habiendo logrado lo que era virtualmente un acuerdo, se halló frente a dos nuevas dificultades. Primeramente, por muy deseable que fuese un pacto bilateral entre Inglaterra y los Estados Unidos no había que olvidar a la M a r i n a francesa, que es un arma formidable y posee una flota de submarinos sumamente numerosa y eficaz. Y aunque Inglaterra y Francia son dos naciones amigas, y representadas ambas como miembros permanentes en el Consejo de la Sociedad de Naciones, la opinión pública inglesa se preocupa fácilmente de toda amenaza naval, de donde- quiera que venga. L a segunda dificultad la constituía la actitud de ciertos Dominios británicos, y especialmente Australia y Nueva Zelanda, con respecto al Pacífico. L o mismo que en ciertos círculos ingleses se miraba con recelo el desarrollo de la Marina francesa, igualmente en los antípodas los australianos y los zelandeses presenciaban con cierta inquietud el crecimiento de la M a r i n a japonesa. De eso resulta que un nuevo pacto con los Estados Unidos para delimitar las fuerzas navales (y satisfacer así a la opinión pública tanto en Inglaterra como en los Dominios) debe estar acompañado por acuerdos simultáneos contratados por las otras principales potencias marítimas. A f o r tunadamente, el Japón, durante todas las negociaciones, y desde una fecha mucho anterior a la Conferencia de Wáshigton de 1921, ha adoptado una actitud muy conciliadora. Pero también el factor m a r es esencialísimo para el Japón, y en proporciones progresivas de día en día, para el aprovisionamiento de alimentos y materias p r i mas. N o obstante, con tal que obtenga un porcentaje suficiente de cruceros y buques menores, el Japón está dispuesto a dar su adhesión en vista de reducciones rigurosas fundadas en un arreglo mutuo. r Anuncios en huecograbado Los precios de los anuncios en huecograbado para Ja edición sevillana de A B C son los s i guientes: Página segunda Ultima página Intercalada en el texto. (tarifa especial) M e d i a página. 600 pías. 1000 700 Varias páginas del mismo asunto 45o pías. Hasta aquí, no encontramos una dificultad insuperable. Pero hay más; no debemos olvidar otra rivalidad que se asoma hoy día, la de las dos grandes potencias latinas: Francia e Italia. A h o r a b i e n parece evidente que, para proceder por medios regulares a una reducción de armamentos conforme a un acuerdo mutuo, se deben hacer grandes esfuerzos para persuadir a Francia e Italia de la necesidad de entenderse mutuamente. E n ciertos círculos se ha tratado de un Locarno naval conforme a lo cual Inglaterra, en caso de que hubiera conflicto entre Francia e Italia, garantizaría la paz en el Mediterráneo contra el agresor, como ya lo hace sobre la frontera francoalemana. Pero hay que reconocer que la opinión del público inglés, a la hora actual, no favorecería tal iniciativa, y que sería casi imposible que la propuesta fuese aceptada. Suponiendo que Francia e Italia no lleguen a entenderse, ¿ha de malograrse por
 // Cambio Nodo4-Sevilla