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N U M E R O EXTRAORDINARIO 20 C E N T S AÑO VIGÉSIMOS i Bélgica y sus recuerdos. SEXTO. N U M E R O EXTRAORDINARIO 20 C E N T S AÑO VIGÉSIMOSEXTO. badas que no tienen valor m á s que en los labios de los que se gustan o se quieren. Frente a nosotros está un matrimonio holandés. Los cónyuges rivalizan por lo comunes; son altos y gordos. Sus rostros no expresan más que la alegría animal de una digestión sin perturbaciones. A la dama la deben estorbar los zapatos, pues, al arrancar el auto, se los quita y pone los pies, enormes y juanetudos, sobre la banqueta. E l marido aprueba con. una sonrisa de buey satisfecho aquel alarde de comodidad. Vamos de una calle a otra recogiendo excursionistas de diferentes pelajes, hasta que, ya enteramente ocupado el autocar, partimos a moderada velocidad. E l tiempo es delicioso. En el cielo, de un azul transparenté, algunas nubes blanquecinas trazan las siluetas de diversos animales. Dejamos atrás el bulevar de María Luisa, nos metemos en el parque, vestido con todas las opulencias de la vegetación estival; cruzamos las tupidas arboledas de Sóignes, y un- cuarto de hora después el auto se detiene delante de la granja de la Bella Alianza, transformada por la civilización en merendero, con habi- L turista que se interna por cualquier vía en tierras de Flandes, sobre todo si es i n glés, no repasa la frontera de retomo a su país sin haber visitado los campos de Waterlóo. L a Historia, como el firmamento, tiene sus constelaciones, y la que forman Napoleón, Wellington y Blucher es de las que desafían, por su fulgor, las infidelidades del tiempo. Por poco viva que sea nuestra acústica espiritual, hay palabras que la arrancan prolongados ecos de melancolía, ¡Waterlóo! ¿Quién de nosotroSj habituado á meditar sobre el destino de los hombres y de los pueblos, puede pronunciar ese nombre sin que se abran ante su imaginación anchas perspectivas heroicas? Todo lugar en el que han chocado armadas dos poderosas corrientes históricas adquiere un prestigio especial. Geográficamente, Maratón, Trasiméno, Lepante, W a terlóo y el. Mame tienen poca importancia, pero lo que vieron sus llanos y sus orillas fué tan grande, que las ha preservado del olvido de los hombres. ...Hemos venido a Waterlóo en tres Ocasiones, muy espaciadas entre sí; dos veces, E WATERLÓO antes de la guerra, y hoy. Estar en Bruselas y no sentir la tentación de volver a ver el burgo en que fué vencido el gran capitán es como ir a Colonia y no sentirse atraído por la Catedral. Es una excursión inexcusable. E l autocar, apostado a pocos pasos del hotel, en el bulevar Alpach, se dispone a partir dentro de unos minutos. Su conductor nos mira con expresión de impaciencia. ¿Qué? ¿Suben ustedes o no? Somos, por el momento, pocos; una pareja de enamorados; él es un mocetón vulgarote, tipo de la América proletaria, que va adquiriendo alguna distinción en los viajes; ella, igualmente robusta, le aventaja en finura de modales. Debe ser modista, por el cuidado con que va vestida. Los dos están ojerosos y contentos, lo que me hace suponer que se han conocido el día anterior. Indiferentes a la curiosidad ajena, van abrazados en sus asientos y diciéndose esas mil deliciosas bo- MONTE SAN JUAN, TOMADO Y PERDIDO VARIAS VECES POR LOS DOS BANDOS
 // Cambio Nodo4-Sevilla