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do siempre por las combinaciones estratégicas de Napoleón, que lo viene acorralando desde Signy. ¿Por qué es suya la victoria? Las dos causas del desastre del Emperador fueron: la obstinación del mariscal Gronchy de permanecer en Warre- cuando todo le exhortaba a unirse al grueso del ejército en el terreno de la acción, y la prematura carga de Caballería del mariscal Ney. Ninguno de esos dos capitales episodios dependió de la imprevisión del gran capitán. No se pudo, pues, atribuir el desastre a un eclipse de su genio ni a desfallecimiento del entusiasmo de sus tropas. L o derribó la fatalidad, que es, en ocasiones, un designio del cielo disfrazado de apariencias materiales. Todo poder humano encuentra un límite y un correctivo en sus propios excesos, y el poder de Napoleón no podía substraerse a las consecuencias de ese principio. E l águila misma encuentra un límite en la atmósfera para su vuelo. Se lo ponen la temperatura y el grado de densidad del aire... Un hombre no puede ser el amo de todo un continente ni le es lícito distribuir ios tronos como joyas entre los miembros de su familia. Y o no creo que. a vivir largos años, presupuesta la victoria de Waterlóo, se hubiera acreditado Napoleón como estadista. Los temperamentos poderosos y ejecutivos, como el suyo, que lian sentido la embriaguez de Ja acción, río consideran la normalidad legal el clima más favorable a la salud de su espíritu. Necesitan reformar a diario esa legalidad para sentir la emoción voluptuosa del poder personal. Y esa megalomanía es tan inmoral, que acaba por irritar a los más resignados. Toleramos la servidumbre a condición de no ver ai amo... Regresamos a Bruselas al anochecer. M i bella amiga parece contenta. Se ha terciado un rato con dos franceses, cinco americanos y un belga. (Ha triunfado en Waterlóo como Wellington... 1 MANUEL B U E N O MONUMENTO CONMEMORATIVO D E LOS INGLESES ISTA P I IvI ü I M J 1 S. T