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La llamada del bosque. CÓMO C A Z A N A L M A R G E N D E L A L E Y LOS PERREROS LACEROS Y ESPEREROS ¿Quiere usted convencerse? -nos han preguntado, entre retadores y burlones, tres famosos entusiastas por nosotros buscados de intento, de los conejos del cercado ajeno. -i Oh, no! Formamos en las cordiales huestes de Manolo Aleixandre, que cazar, sin peligro, y de sahumerio reciben amable y exquisito trato allá en su pabellón ERMINANTE el precepto, tal que otro de la Angorrilla... ¿Para qué correr un que prohibe en todo tiempo la caza riesgo tontamente? Los guardas llevan arcon hurón, lazos, perchas o redes, pongo por artificio, ¡váyanles, sin embargo, mas de mucha precisión, y la verdad... Los furtivos sonríen, despectivos. a los profesionales de las malas artes con- Bah! ¡No pasaría nada! ¿Conoce ustales restricciones! ¡Y cuidado que son visibles las tapias de ted delito en el que más se reincida? -Cierta la observación que envuelve la algunos Vedados! ¡Y los tricornios de la pregunta; pero yo, por mi parte, prefiero Guardia civil! Mas la afición del cazador furtivo no se una lección sin los peligros de un ejercicio práctico... Teoría, sólo teoría... detiene ante tales obstáculos -Lástima, porque el cazadero se halla A los civiles se les huye, que nunca es próximo- -exclama con sincero sentimiento grato su encuentro para los dañadores... uno de nuestros interlocutores. La tapia- -el otro obstáculo- -se salta o Y mientras, con avidez, recorre su mira- t se perfora sin dificultad... En los terrenos que estén visiblemente cerrados o acotados sólo podrán cazar los dueños o arrendatarios, o las personas a quienes aquéllos autoricen precisamente por escrito. (Párrafo segundo del artículo 9. de la ley de Caza. T da el pedregoso arroyo de Tejada, que desde los altozanos colmenareños, donde nos encontramos, va atravesando tierras de labor, a entrar en el monte de E l Pardo, por el Prado del Gamo, separando barrancos y laderas de cuarteles tan espléndidos como San Jorge y E l Águila, Torrelaparada y la Angorrilla, para unirse al Manzanares, casi frente al Torneo, comienza solícito a explicarnos... LA CAZA MAS TRANQUILA EL ESPERO -Sí, señor reincidimos todos: pero, ¿no considera que la proximidad de ese monte- r- paraíso del cazador en otros tiempos- -es para nosotros, aficionados de nacimiento, irresistible tentación... ¡Nuestros padres, nuestros abuelos... todos hicieron lo mismo! Después, el paso constante por la finca, los ojeos, en los que nuestra presencia es necesaria... Sin darnos cuenta, nace la afición, y ¡lega un día en que el monte tira de nosotros... ¿Y es entonces- -preguntamos- -cuando, provistos de hurón y de capilla... Los furtivos vuelven a sonreír. -Ese procedimiento, señor, es ya muy viejo... Claro que era productivo, pero su eficacia resultaba a veces peligrosa... Luego, ¡tan sonado el bicho! Nadie en el pueblo ignoraba, la casa donde poseían un hurón. Hoy existen métodos, no exentos ciertamente de dificultades, pero quizá por esto menguan la competencia. Entre los perreros por ejemplo, hay verdaderos artistas... -Que sólo cazan con perro, ¿no es así? -Sí, señor: en el vedado entran con cuatro, uno de ellos el Busca, perfectamente amaestrado. Antes de soltar los animales, elígese el vivar, y, como primera providencia, se extiende en el suelo una manta, mejor cuanto más grande... Hay que evitar las huellas qué forzosamente se producirían al acodar los caños... ¿Tía dicho usted acodar... -Sí; la operación- de rellenar los cajos de jaras y tomillos, dejando en ellos espacio suficiente para que entre hasta el codo un brazo humano... Hecho el taponamiento, retírase el operador, y poco después se da suelta a los perros, que mueven codiciosos el terreno, registrando repliegues, matorrales y zar- zas con inteligente minuciosidad... Y a están los conejos en el cado. Pero hay que comprobarlo... Y de esto, precisamente, se encarga el maestro, el sabio, el Busca, tina vez que su amo se lo ordena. ¿Ha quedado algún conejo entre las matas? E l Busca lo traerá, seguramente... ¿Están, por el contrario, agazapados en las recién acodadas madrigueras... -Pues no hay más que meter el brazo en elías y apoderarse de las piéza La operación, como se ve, no puede ser más simple. Nada de hurones, ni de redes, ni de escopetas, que comprometen siempre... i E l perro, sólo el perro! -En efecto; pero, como usted dice- -interrumpimos- hay que ser un artista para cazar por este método... -Otros sistemas existen de mayor sencillez... ¿N o ha oído usted nunca hablar de los laceros -Pues los hay por estos contornos; vaya. si los hay- -ha subrayado un furtivo, con socarronería. Los laceros van al monte a la caída de la tarde, y previamente otean e. l terreno para elegir lo que pudiéramos llamar vía coneji! La calle más concurrida, porc